CRÍTICAS Y ESTUDIOS
La Quemadura: Tras las Heridas del Auto-Olvido
Por Lisette Sobarzo
La Quemadura, más que presentarse formalmente como un documental tanto por sus lineamientos visuales como narrativos, es un relato singular, íntimo, un discurso autobiográfico que conecta una herida familiar con las fracturas de una historia política averiada de recuerdos personales y cargada fábulas corales. Una puesta en escena sobre la fragilidad de la memoria en el testimonio de René y Karin, dos hermanos que emprenden un viaje hacia su infancia buscando definir parte de un pasado difuso y clausurado que siempre les negó certezas sobre las verdaderas razones del abandono y autoexilio (no político) de su madre a Venezuela en plena dictadura.

El ejercicio presente en La Quemadura, nos propone reconsiderar la auto imposición del “olvido” como camino forzado de reparación de una emocionalidad dañada, fisura del plano afectivo de toda una familia que por años borró a Margarita como figura materna del hogar tras su planificada desaparición. El bloqueo, el shock y la incapacidad común de “hacer memoria” definen la exploración subjetiva que intenta hacer esta obra, la que desde el registro de la experiencia personal intenta reconstruir un pasado que quizás nunca podrá ser representado más que desde sus propias omisiones.

René y Karin, creadores y a su vez protagonistas de la historia, van indagando en los testimonios de su padre y su abuela, principales involucrados en la partida de su madre, mientras en paralelo, investigan los sucesos que rodean la destrucción de la Editorial Quimantú, creada en el gobierno de Salvador Allende con el fin de expandir la lectura y la obra escrita “de bolsillo” a todos los sectores sociales. Karin, en su rol de bibliotecaria e investigadora en desarrollo de su tesis, aporta al relato esa mirada histórica sobre la quemadura y desaparición de un centenar de estos libros en dictadura, lo que se conecta directamente con su historia familiar pues sus padres coleccionaron varios ejemplares de esta editorial timbrándolos con un símbolo de su biblioteca propia. Tras la desaparición de la madre, su nombre aparece tachado de la mayoría de las obras por causas que también desconocen.

Las operaciones que realiza Ballesteros en la reconstrucción de su historia íntimamente ligada a un momento histórico, parecen tomar un camino distinto de las estrategias del documental del periodo. No hay material de archivo, entrevistas ni reapropiaciones del discurso popular que impera en los registros sobre esta época. Tampoco hay confrontación con los espectros de un sistema opresor, pues el territorio que se explora es el del vacío de la memoria, un espacio que los hermanos recorren a tientas, sin manipulaciones, sólo con el afán de poner en acto una experiencia personal y otorgarle una posición de valor en la representación del trauma de la dictadura. Así, vemos conversaciones con la abuela quien confunde el año de partida de su hija y no recuerda con exactitud los motivos de la desaparición; vemos a un padre incómodo ante la posibilidad de desnudar su pasado frente a la cámara y a una madre en off al otro lado del teléfono, afirmando que ni siquiera se acuerda de los platos típicos chilenos ni de su colección de libros.

A pesar de ser un relato autobiográfico, hay un buen complemento visual que otorga cierto aire en el encadenado de secuencias. Campos del sur de Chile mientras René habla al fono con su madre en Venezuela, el mismo René aprendiendo a nadar moviéndose con torpeza entre el azul intenso del agua, la conversación con dos ex empleados de Quimantú que tampoco recuerdan muy bien que pasó con sus libros después de la quemadura (“la gente los tiraba por los respiraderos de los edificios”) y vemos a los dos hermanos mirando  fotos de su infancia en donde Karin acota “tengo la impresión de que estas fotos mientras más las miro más se diluyen por la luz”, suerte de analogía con un pasado que en su redención, más se desvanece. En un encuentro que René y Karin sostienen con su madre en Venezuela, no incluido en el documental, ésta les regala las fotos que tenía guardadas en una maleta que recién vuelve a abrir y René piensa que hacer el viaje ha sido una forma de despedirse de ella. A veces no hay forma de recuperar el pasado, pero siempre podemos recuperar la ausencia y el olvido.