CRÍTICAS Y ESTUDIOS
Nelson Villagra, el actor
Por Vera-Meiggs
24 de septiembre de 2010

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Chile ha tenido los actores que se merece. Los ha habido grandes, pero la mayoría han dejado su huella en el recuerdo efímero de quienes los vieron en su paso por los escenarios. Justo Ugarte, Jorge Lillo, Agustín Siré, Américo Vargas, Ramón Núñez han sido notables en el teatro, pero poco o nada de sus cualidades podrán ser estudiadas a futuro. Del teatro no queda más que en la emoción de un momento único que el tiempo fatalmente desvanece. Como la danza, madre de todas las artes.

Nelson Villagra, también grande en el teatro, quedará en vez para siempre ligado a sus actuaciones cinematográficas y podrá ser estudiado a futuro como la expresión de una cumbre actoral que aun está lejos de tener competidores. En ese sentido puede considerarse un privilegiado entre sus pares, pero los más afortunados serán los que puedan comprobar en el futuro el alcance verdadero de sus cualidades, que han sido superlativas.

Chillanejo (1937), de marcado origen campesino. Provenía de una zona cercana al origen de otros dos notables: Víctor Jara y José del Carmen Valenzuela, el Chacal. Prematuramente se sintió inclinado a subirse al escenario y cuando decidió estudiar la profesión en Santiago su familia se opuso inútilmente. Peor aun, su hermano Pedro le siguió los pasos.

Durante su formación en la Universidad de Chile conoció a Shenda Román, estupenda actriz con la que contraería un matrimonio que daría tres hijos y una fructífera labor escénica que lo llevaría a Concepción.

Del 1967 es su debut en el cine en Regreso al silencio de Naum Kramarenco, una película olvidable, excepto por su participación en ella. Aunque era un personaje secundario quedó inmediatamente claro que Villagra comprendía intuitivamente la lógica de la cámara. Dotado de una agraciada fotogenia y de una natural expresividad interior, Nelson Villagra demostró encarnar a la perfección lo que más se necesitaba de un actor latinoamericano de la época: ser un ejemplo de la génesis mestiza del continente. Raúl Ruiz lo entendió también y le dio el papel protagónico en Tres tristes tigres, junto a Shenda Román, Luis Alarcón y Jaime Vadell. Aquí podría marcarse el inicio de lo mejor de Villagra para el cine. Su protagonista es tan repulsivo como entrañable, cuyo comportamiento anodino incuba resentimientos y violencias sordas. Una cuerda difícil como pocas y que será la marca de sus mayores trabajos.

El Chacal de Nahueltoro parecía que era un rol al que el destino lo empujaba. Todo coincidía para que Villagra se posesionara del personaje hasta el punto de borrar la idea misma de la interpretación. El resultado fue deslumbrante desde su estreno. La fama le llegaría paulatinamente, pero no ha disminuido su efecto con el tiempo. Y no podía ser de otro modo. Actuaciones así se dan una en cada generación. Y en el cine chileno no se ha vuelto a ver nada igual.

En cierta ocasión se le acercó un admirador a pedirle un autógrafo, diciéndole en inglés que la suya era la mejor actuación que había visto nunca en cine. ¡Era nada menos que Robert de Niro!

Ya en el exilio filmó en Cuba y México. Por El recurso del método estuvo a punto de ganar el premio al mejor actor del Festival de Cannes y luego hizo otro de sus trabajos mayores: La última cena dirigido por Tomás Gutiérrez Alea. Aquí demostró una camaleóntica habilidad para transformarse y fue un conde cubano del siglo XVIII que organiza una sacra representación que se le escapa de las manos. Villagra logra construir su odioso personaje con la misma precisión realista de sus trabajos anteriores, pero añadiendo un tono distanciado que se amalgama perfectamente con la puesta en escena. Piadoso y cruel, calculador y emotivo, su conde es otra de sus grandes creaciones para el cine.

A su regreso del exilio ha realizado algunas películas, incluso una con Miguel Littin, pero no han tenido la repercusión de la etapa anterior. En parte porque no eran buenas películas y especialmente porque no parecían corresponder a la expresión de las mejores habilidades del actor. Quizás El regalo de Cristián Galaz sea el fruto más destacable de esta tercera etapa.

Más dotado para el drama que para la comedia, (aun cuando en teatro ha obtenido también buenos resultados) y poseedor de un magnetismo visual que no se ha marchitado, Villagra puede ser un intérprete soberbio en personajes realistas y moralmente objetables, a medio camino entre la abyección y el arrepentimiento, pero cuyas marejadas interiores se expresan con la vulnerabilidad emocional más sincera.

Quizás tal complejidad no sea la tónica de nuestro cine actual y es así como nuestro más famoso actor vive en el anonimato de Montreal, donde volvió después de declarar que no estaba dispuesto a ser un actor de teleseries.

Hace algunos años una encuesta de un periódico lo declaró el más grande actor que ha tenido Chile.

¿Y el Premio Nacional, cuándo?