Uno que ha sido marino (Ercilla)
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Es una de las películas chilenas realizadas con menos pretensiones, y que, empero, más entretiene. Su trama tiene continuidad e interesa lo que va a venir. Para proclamar su chilenidad no recurre ni a una cueca o rodeo, que perseguían todas sus colegas. Bohr coge una veta abandonada por Petrowitsch hace diez años: Verdejo. Sus personajes son dos lustrabotas (que después son basureros, peluqueros y dueños de boite), y una suplementera (luego cantante de boite). No obstante transcurrir a orillas del Mapocho, no hay borracheras ni incidentes sórdidos. Bohr da un “roto” que puede mostrarse con dignidad en el extranjero. La cámara muestra panorámicas de Santiago y la cinta se matiza con agradables canciones. El argumento recurre a algunas anécdotas ya explotadas, pero todo pase, porque tiene el mérito de realizarlas bien y agregar incidentes ingeniosos. El film acentúa que la vena de Bohr está en lo cómico, en algunos pasajes dramáticos los personajes pierden su sinceridad. Eva González, por ejemplo, que debe actuar serie, está en inferioridad de condiciones a Retes y Gatica, especialmente el primero que mantiene la gracia del film. Caicedo renueva su detective de “Verdejo”, con acierto cómico. Hilda Sour y Eduardo Naveda fueron bien aprovechados. En resumen: Una película chilena que puede verse, e incluso recomendarse.

Artículo publicado originalmente en:
Revista Ercilla, Santiago, 25 de septiembre de 1951.