Una película más que regular: “DOS CAIDOS DE LA LUNA”. (Estudios VDB).
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1897
Napoles, Italia

El dinamismo y la movilidad son las características del género cómico.

Eugenio de Liguoro se ha especializado en esto dentro de nuestro medio; el público le sigue y el éxito le sonríe.

Una prueba más son estos “Dos Caídos de la Luna”, Ana González (La Desideria) y Eugenio Retes, el astro de los “Verdejos”, reunidos por primera vez en la pantalla, en lo que puede definirse claramente como una iniciación feliz.

Lo gracioso no debe estar siempre en el dicho, sino en las situaciones. Lo primero es teatro; lo último, cine. De Liguoro no distingue; amalgama las dos cosas y logra su empeño: hacer reír.

Ana González y Eugenio Retes tienen una gracia innata en el dicho y en el gesto. Saben cubrir la escena; hay aplomo en sus intervenciones. Poco importa, en consecuencia, la banalidad del libreto o más de alguna exageración propia del sainete. Si el fin es hacer reír, y hay honestidad en el procedimiento, el arte puede quedar en la ventana.

Muy gracioso el sketch de la ópera, aunque a La Desideria se le entiende poco. Bien la escena del gabinete de la modista, y sobresaliente interpretación de Gerardo Grez. Al principio, graciosa, aunque su parlamento es muy largo, Elena Puelma. Un tanto exagerado vimos a Ricardo Moller, y correcto, con mucha chispa, el breve papel que hace Rodolfo Martínez.

Defectos que atribuimos a precipitación en la realización, como el del transeunte que resbala sin pisar una cáscara de plátano dejada caer ex profeso, malogran rudimentariamente el conjunto.

Artículo publicado originalmente en:
Revista Vea, nº339, 10 de octubre de 1945.