Reflejos de la pantalla
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4 de diciembre de 1895
Santiago, Chile

EL TRIUNFO DE JORGE DELANO

Jorge Délano acaba de enorgullecernos. Ha compuesto una película intensa y armoniosa, que marca una nueva etapa de la cinemaotgrafía nacional.

Una acertadísima rapidez en el desenvolvimiento de intriga, bastante fuerza dramática, un envidiable buen gusto en la selección de los detalles, muchos caracteres bien sostenidos y la labor meritísima de cuatro o cienco de los intérpretes, hacen de “Luz y sombra” una obra de arte.

Para examinar esta obra con el detenimiento que ella merece, dividiremos esta crítica en varios artículos. No queremos que la falta de espacio o la premura de tiempo, nos trunquen este aplauso que es deuda.

La labor de Délano como director es una revelación. Con maestría presentó cada uno de los ambientes, el del palacio, el de la pobre casita de Quiroga en la calle Huemul, el de la cárcel, el de la guarida de los revolucionarios. En cada uno hay honradez y vigor.

En enredo novelesco posee verdadero interés, y el desenlace no es hace adivinar como en la mayoría de las películas. Las escenas se suceden con admirable velocidad. Nada más que el tiempo justo para transmitir a los espectadores aquello que el autor quiso transmitir.

Ajustado el encuadre y sobrio el desarrollo. La fotografía es clarísima durante los ocho actos, y justifica plenamente la intensa propaganda que se ha hecho al respecto. Muy bien elegidos los intérpretes. Hasta los papeles más insignificantes han tenido un actor hábil que los encienda y los eche a andar.

Para otra crónica nos reservamos el franco aplauso que nos merece Coke como actor.

El argumento es otro triunfo de Délano. “Luz y sombra” es una novela simple y nerviosa, que está llamada a obtener sonoros triunfos en los más diversos ambientes. El asunto de los revolucionarios está tocado con un acierto magistral. El autor, libre de enconos, de apasionamientos y de perjurios, se ha sabido situar en el término medio y pasa sobre el enredado problema social con desenvoltura inimitable. Ni quiere ganar las aclamaciones fáciles de las masas, ni adular a los capitalistas. Como se trata de una obra de arte, la ha sabido colocar por encima de los abanderamientos.

El teatro central y las salas populares están, pues, en vísperas de ofrecer a sus públicos una película chilena que es un orgullo para todos.

Artículo publicado originalmente en:
El Mercurio, Santiago, Sábado 15 de mayo de 1926.