El Poder de la Palabra
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Ver la narración de una historia, es parte de lo que se espera al seguir un relato cinematográfico. Pero cuando este relato formal se está refiriendo a muchas otras cosas, el acto de contar y de ver se vuelve mágico, expande el tiempo y el espacio, tiene sentido contar lo que se cuenta y ver lo que se ve.

En el documental El Poder de la Palabra (2009) de Francisco Hervé, seguimos todo el proceso de cambio de micros que vivió Santiago de Chile con la imposición del modelo de transportes llamado Transantiago.  Este seguimiento se hace a través de la figura de los vendedores ambulantes, quienes se ven desplazados y por supuesto, jamás contemplados con el posicionamiento de esta gran empresa. 

Desde esta premisa en adelante, toda la narración es un ejemplo, con mucha astucia audiovisual, de grandes y urgentes temáticas; el pisoteo de los monopolios económicos sobre las pequeñas empresas, la modernidad forzada y ajena impuesta en los países latinoamericanos, la instauración de los discursos del capitalismo dentro y sobre las personas y la resistencia cultural.  

Una de las cosas más destacables y singulares de este documental, es que nos recuerda y evidencia que Chile es un país sudamericano, donde todo este afán de modernidad aparece como un absurdo disfraz impuesto en su gente y sus calles. 

Sencillo en su tratamiento, divertido y lúdico. Contingente en su temática, cercano y respetuoso del pueblo. Me atrevería a decir que es una obra audiovisual necesaria. Una película para Chile, desde su centro mismo, que lo muestra tal cual quiere ser y lo dignifica en su esencia.

Artículo publicado originalmente en:
Filmonauta, número 1, octubre de 2009