Deficiente: SUEÑA, MI AMOR (Sudamérica Films).
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1897
Napoles, Italia

He aquí una manifestación de cine mercantilista, el que luera con los afanes del arte.

Aprovechándose de la fama de un cantante excelente, Leo Marini, se logró un film y se consiguió un despropósito. El fin logrado consiste en el atractivo que despierta la película y en los pesos que caen a montones en la boletería; el despropósito equivale a desilusión y engaño para el público. Desilusión por el desmerecimiento que significa para un favorito ubicarlo en una trama simple y banal, dándole condiciones de actor que no tiene; engaño, porque “Sueña, mi amor” no es un salto, sino un kilométrico brinco hacia atrás de la cinematografía nacional. Decorados que se cimbran, maquillaje de circo, sonido con estridencias e intérpretes que hacen el ridículo, sin excepciones, son algunos de los arrebatos de este sueño que es toda una pesadilla.

Cuesta creer cómo un director de la experiencia de Eugenio de Liguoro prestigie con su nombre un deaguisado semejante. Y cuesta creerlo, mucho más, porque él es un a ojos vista el único culpable de este engendro cinematográfico.

Artículo publicado originalmente en:
Revista Vea, Santiago, nº400, 11 de diciembre de 1946.