CONTROL DE ESTRENOS: “El amor que pasa”
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3 de septiembre de 1901
Bonn, Alemania

Se buscó hacer una película sin pretensiones, de ahí que no se la pueda censurar por la pobreza de los elementos. Está rodada casi toda en exteriores. Hay una buena fotografía para señalar bellos aspectos del paisaje chileno, iniciativa que siempre resulta laudable.

Sus méritos se encuentran muy por debajo de “Flor del Carmen”, el otro film de ambiente campero que también dirigiera José Bohr. Aquella cinta mostraba mayor simpatía, gracia y buen gusto, aunque tampoco se destacara por la riqueza de los recursos ni por un argumento profundo o elaborado. El tema de este nuevo film responde a su título. Un muchacho ha quedado a cargo del fundo, propiedad de la familia, a la muerte de su padre. Ha de afrontar la responsabilidad de vigilar y hacer prosperar la hacienda (Jorge Reynó). Está de novio, con la aprobación de todo el mundo, con una jovencita linda y sencilla (Lucy Lanny). Pero bruscamente aparecen en las vecindades una cantante famosa, cuyo pasado azaroso es conocido y condenado. El joven hacendado concibe una pasión devastadora por la atrayente recién llegada, abandonando el cariño puro de la otra niña, obligaciones y tradición familiar. El amor pasa gracias al sacrificio de la cantante y todas las cosas vuelven a su sitio.

El film no se levanta de la medianía. Se destacan bonitas canciones de Esther Soré, Los Provincianos y los Hermanos Barrientos. Reynó está en papel y actúa sobriamente. Los otros actores nos parecen sumamente mal aprovechados. Esther Soré desmejora por un vestuario y un maquillaje poco apropiados (la vemos luciendo más de una vez un pesado traje negro, de noche, en aquella solitaria casa de campo). Cómicos de actuación tan efectiva como Sallorenzo y Caicedo resultan desteñidos. Pero, por sobre eso, molesta la “empalagosería” de llamar con diminutivo a todos los personajes, hasta el punto de que a la propia empleada le dicen Moniquita. Fuera del sabor a chilenidad que encierra, no se le puede señalar mayores virtudes. Seguimos esperando de José Bohr una película mejor. Es capaz de remontarse mucho más alto que el nivel señalado en sus dos últimas producciones.

 

Artículo publicado originalmente en:
Revista Ecran, nº843, 18 de marzo de 1947.