Cine chileno: «Nada más que amor»
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8 de abril de 1921
Santiago, Chile

Cine chileno

“Nada más que amor”


“Nada más que amor”, película del productor Panayotti, puede considerarse como un intento bien inspirado, pero que fracasó. Padece de raquitismo de argumento, de raquitismo de fotografía, de raquitismo de sonido, de raquitismo de intérpretes y , lo que es más importante, de raquitismo de dirección.

El argumento, de Gabriel Sanhueza y Santiago del Campo, tal vez sea lo mejor de la cinta. Trataron de pintar un personaje de oscila en la vida entre los sueños de grandea y de amor y la cruda realidad entre los sueños de grandeza y de amor y la cruda realidad de su empleo en una sastrería y su cuarto del tercer piso de una pobre casa de pensión. El diálogo, pormomentos, tiene atisbos de calidad; pero tan fugaces que se malogran junto a la sucesión de otros demasiado lentos, demasiado cursis o demasiado falsos. La fotografía corre surte parecida. Hay fotografía bien logradas en el intrior de la sastrería, en casa del amigo rico; en cambio, otras, especialmente las de exteriores, en que son obscuras o en que las escenas están mal encuadradas. No se divisa en ellas un estilo y parecen enfoques de distintos fotógraos y encuandres de diversos directores.

El sonido bueno, en general, tiene de pronto opacidades inexplicables. Uno se inclina a creer que gran parte del defecto se debe a los actores, porque hay escenas completas de la cinta que casi no se entieden.

Los intérpretes se dividen en este film, claramente, en dos grupos: el de los actores profesionales  y el de lo aficionados. Entre los primeros sobresalen Paco Pereda y Jorge Quevedo.Son sobrios, dicen bien y logran llegar al público. De los segundos destacan Andrés Silva Humeres( que pudiera considerarse en el primer grupo, porque no es un novato en el cine ni en el teatro y tiene seguridad, aplomo y naturalidad); Alberto Closas, que promete muchísimo, porque posee condiciones de figura, de mímica sobria, de dicción y de voz y Purita Souza, que también puede llegar, si es sometida a una dirección inteligente.

Mario Gaete, el protagonista, posee simpatía, pero carece de condiciones indispensables, como saber decir bien y moverse con naturalidad. Es un muñeco que habla lo que aprendió del libreto y hace los gestos que le indica el director, y no logra transmitir naa porque no tiene nada personal que transmitir. Pero el fracaso más sensible es el de la dirección.

Esta cinta nos convence de que es inútil hacr algo en arte sin estudios serios, sin base de experiencias largas, sin criterio formado. Con veintidós años de vida se pude tener todo el entusiasmo de la juventud, pero genios de esas edad se producen muy pocos cada siglo en el mundo.

El señor Kaulen debe comenzar, como se dice, por el principio. Estudiar a fondo cada aspecto de la cinematografía, que es tan compleja, ver mucho cine, estudiar mucho teatro, observar mucho la vida, especializarse en cada detalle de carácter técnico y formarse un bagaje que le será de utilidad si lo sincroniza con su temperamento de artista, que, indudablemente posee.

“Nada mas que amor” es un esfuerzo más, de esos que no reportan utilidad alguna, por ser aislados, a la cinematografía nacional.

El ideal sería que todo lo útil, todo lo de calidad que contienen, se aprovechara para cosas más serias.

EL TRASPUNTE INDISCRETO.

 

 

 

Artículo publicado originalmente en:
El Diario Ilustrado, 27 de Agosto de 1942.