Brújula Cinematográfica. “Memorias de un Chófer de Taxi” (VDB).
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ESA aceitera cuyo líquido salta a la cara del que la aprieta y mancha a los peatones subsiste todavía como rémora de “cómo solían ser” las películas cómicas de “Los Tres Chiflados”; y esa rueda de automóvil que se desprende y que camina sola fue un recurso ya pasado de moda en las películas de Agapito… En fin: cuando parte el taxi que había quedado en “panne” en el camino a Valparaíso, se ven los pies, junto a las ruedas traseras, del incógnito que lo empuja.

Hubo precipitación o descuido, evidentemente, en la realización de este sainete destinado a hacer reír a costa de cualquier medio. El trabajo, en general, solo merece esta definición: sainete. No hay ritmo en la secuencia; se diría que los motivos surgen por generación espontánea, como ocurre en el remedo de “La Tía de Carlos”; los diálogos carecen de interés; el asunto se repite.

Una espléndida fotografía es el mayor acierto de “Memorias de un Chófer de Taxi”. Fue eficaz la iluminación y se lograron bonitos panoramas en el Santa Lucía.

De la mímica y gracia innata de Lucho Córdoba solo quedan la esperanza por un trabajo limado en todas sus aristas.

Edmundo del Solar revela un temperamento sobrio y distinguido. Kika está más bonita. Lucy Lanny puede ser una promesa. Rubén Darío Guevara se ve más desenvuelto.

Muy bien, particularmente, la escena de conjunto representativa del carnaval.

Artículo publicado originalmente en:
Revista Vea, nº367, 24 de abril de 1946.