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Comentarios sobre cine: "El gran Circo Chamorro"
Por Renato Valenzuela
Publicado en La Nación, Santiago, 16 de noviembre de 1955.

Antenoche se realizó en el Teatro Central la función “premiere” de la película nacional, dirigida por José Bohr, “El Gran Circo Chamorro”. La velada proporcionó a la concurrencia que llenaba la sala, una nota bastante original, como puede considerarse el desarrollo simultáneo de dos espectáculos: uno, en la pantalla, y otro, en la platea.

El primero, como es fácil de comprender, lo ofrecía la proyección de la cinta. El segundo, los aplausos y eufóricas manifestaciones de júbilo en que irrumpía un buen número de espectadores amigos de los intérpretes, en el momento en que cada uno de éstos hacía su primera aparición en el lienzo.

Cuando hubo terminado el film, se procedió, con justiciero criterio, a pedir a los principales artistas que intervinieron en la película, subir al escenario a recibir unas palmadas de congratulación y estímulo a su eficiente labor. Nada más justo y merecido. Fue una ocurrencia simpática y de tonificante alcance pero nuestra esforzada y entusiasta gente del teatro y de los “seta”, al mismo tiempo que añadió a la función un toque de colorido, a la uranta de las “premiéres” de los Estados Unidos y Europa.

Y finalmente José Bohr improvisó una arenga en favor del desenvolvimiento y apoyo al cine chileno; arenfa que, por su exaltado topo, hizo recordar a algunos asistentes los discursos del líder del justicialismo. A impulsos del arrebato oratorio, Bohr llegó a decor “Mi amor al cine será eterno, porque aún después de muero seguiré manoteando adentro del cajón, (aquí se golpeó el pecho con el puño, para sincronizar aquellos golpes de ultratumba), y exclamaré: mis amigos, sigan haciendo cine…”

Antes de terminar su elocución, el director de “El Gran Circo Chamorro” pidió a la concurrencia que cooperara al éxito de la película recomendándola entre sus amistades y solicitándole, asimismo, que callara los defectos advertidos y elogiara sus méritos.

“A tous seigneur, tout honneur” dice el proverbio francésde manera que nos limitaremos, siguiendo el pedido del laborioso, a destacar tan sólo los merecimientos de su película. La nota óptima la tiene, incuestionablemente, la labor general de los intérpretes. Eugenio Retes vuelve a mostrar que es un valiosísimo actor de cine. No imita a ningún cómico de la pantalla. Es personal, y sus recursos histriónicos son eficaces y cautivan al público.

José Guixé-el galán de la cinta-se desenvuelve con aplomo y agilidad en las dos fases del personaje. Aunque muy mal maquillado, su tipo enosja en la personalidad del muchacho tarambene, a dos papeles, se destacan en primer término Rafael Frontaura, y luego Eduardo Gamboa, magnífico de naturalidad y gracia:Rolando Caicedo y Juan Leal.

En el reparto de los papeles femeninos se revelan como figuras muy provocatorias. Darío Guerrero y Elsa Vitta. La primera, en papeles de fibra sentimental.

Malú Gatica muestra, una vez más, su elegancia en el papel cortado a su medida de carga del gran mundo.

El argumento de la película, aunque carente de todo valor, es simpático y conseguirá un éxito extraordinario en los cine de barrio, por su directo lenguaje a la modalidad del pueblo.

El mismo tema, dialogado con mayor calidad, habría robustecido considerablemente la cinta. El guión hablado de “El Gran Circo Chamorro”, es, a nuestro juicio, el punto vulnerable de la cinta, o, mejor dicho, parafraseando el título de una antigua canción de José Bohr, el sitio donde la película ha tenido un lunar…

R.V.

Articulo publicado originalmente en
La Nación, Santiago, 16 de noviembre de 1955.
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