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Coke filma la película más corta del mundo
Por Revista Ecran
Publicado en Revista Ecran, Santiago, Nº1066, 26 de junio de 1951.

UNA CINTA MUY SINGULAR QUE APENAS DURA CINCUENTA SEGUNDOS.

ERA UN DIA gris. Una suave lluvia caía persistentemente. El reloj de la Iglesia más cercana anunciaba las cuatro de la tarde. Los colegiales regresaban a sus casas, luego de su diaria jornada de estudios. Las hojas de los árboles tapizaban las calzadas. El día invitaba a las sopaipillas, a la reunión familiar alrededor del fogón, a la buena lectura y a la mejor compañía.

Sin embargo, los vecinos de las calles Las Lilas y Pedro de Valdivia prefirieron abandonar la comodidad y el calor del hogar para salir a presenciar un curioso espectáculo que tenia revolucionado al vecindario. ¿Qué pasaba?

Casi nada: un grupo de personas se había apoderado de una esquina. Se movían de un lado a otro, agitados, afanados. Encaramado sobre una escalera, un fotógrafo y su cámara; automóviles, camiones y motocicletas circulaban alrededor; un muchacho mensajero del All America Cables que lucía un curioso maquillaje; y un caballero (que se parecía mucho a Coke, el de las películas) daba órdenes a diestro y siniestro.

En efecto se trataba de Jorge Delano (Coke), que estaba dirigiendo la cinta más corta en el mundo. Según los cálculos originales, el film no podía durar más de cincuenta segundos y —lo que es más curioso— se debía proyectar en una función teatral como parte de la obra.

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ANTECEDENTES

Desde hacía tiempo que el Dr. Sarán (autor de "Algún Día") tenía lista una nueva obra teatral, muy curiosa y singular, pero cuya atracción residía en un truco de efecto muy difícil de resolver en el escenario. Se trataba, en síntesis, de lo siguiente. El personaje central de esta obra, titulada "Un Viajero Parte al Alba", es un joven depravado, vicioso, con grandes condiciones como escritor, pero que, debido a su desordenada vida, no tiene salvación. La familia está desesperada y todos censuran su actitud. Sin embargo, quedaba una última solución. Había mandado uno de sus trabajos literarios a un concurso internacional que se celebraría en Europa, y si resultaba triunfador, cabía la esperanza de que enmendarla su sistema de vida. Pero... el tiempo pasó y no hubo noticias del certamen en referencia. Como era su última posibilidad, el Joven —desalentado— decide quitarse la vida. En efecto, se despide de su madre y... abandona el hogar para suicidarse. Al poco rato de salir de su casa, llega presuroso un mensajero que trae un cable urgente. El muchacho justifica su atraso, pues tuvo un accidente en el camino. ¡El telegrama anunciaba que el joven había ganado el concurso literario! Pero el aviso había llegado tarde. En el segundo acto de la obra, todo ocurre exactamente igual, pero el mensajero llega a tiempo y alcanza a salvar la vida del joven, Es decir, la obra sigue el curso normal de los acontecimien­tos que habrían ocurrido si el mensajero hubiese llegado oportunamente. Pero este truco de "raconto" era difícil de explicar con los elementos que ofrece el teatro, de modo que el autor se estaba devanando los sesos tratando de encontrar la solución, cuando se acordó de su amigo Coke. Jorge Délano pensó un buen rato y discurrió la idea de filmar la escena del accidente del mensajero y proyectarla antes de iniciar el segundo acto. La fórmula era acertada, se probó, y de inmediato se prepararon los instrumentos para realizarla.

Esta fué la filmación que vieron, atónitos, los vecinos de Pedro de Valdivia y Las Lilas.

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Articulo publicado originalmente en
Revista Ecran, Santiago, Nº1066, 26 de junio de 1951.
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