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El Ídolo (Ercilla)
Por Revista Ercilla
Publicado en Revista Ercilla, Santiago, 18 de noviembre de 1952.

El IDOLO.-Central, Continental y Santa Lucía.-Elisa Christian Galvé, Gloria Lynch, Alberto Closas, Eduardo Naveda, Domingo Tessier. Pepe Rojas, Eduardo Cuitió y Roberto Parada.-Director, Pierre Chenai.-Drama policial.-Para mayores.-Chilena (Leo Films)

Es, en primer lugar, una película que puede verse, y hasta recomendarse. Las anteriores chilenas se veían por espíritu patrio o con la resignación de quien hace el Servicio Militar. Esta, en cambio, entretetiene, es amena. Su primera parte, incluso, es irrepochable, y el espectador podría confundirla con un film rodado en Hollywood y doblado al castellano. Su segunda parte desentona, pierde calidad; parece que cambiase de director, o hubiese el propósito de terminarlas apresuradamente. Los personajes también diluye todo o que prometían, y se deshacen. El principal mérito es su guión ( de Reinaldo Lomboy), y su desarrollo tiene sentido de cine; es ágil, nervioso. Sin duda, Lomboy y Chenal no tienen la culpa de lo que aconteció en la segunda parte: se cortaron escenas, o se terminó la plata-cosa común en el cine chileno -, y el arumento quedó afectado, como el amor en los matrimonios pobres.

La cinta, aunque tiene una intriga policial (tres muertes, un robo, una clínica clandestina de enfermedades de señoras), posee un tercer relieve, aportado por varios personajes y situaciones (el remordimiento del astro por su conducta y su interrogante de sí su esposa le fué fiel, el amor sumiso y callado de su cuñada, el fatalismo del ladrón que esconde otra personalidad frustrada). Lo más grave es que en su segunda parte no se revele que el ladrón no era simplemente tal sino un intelectual fracasado. Su intervención en la intriga, la habilidad cerebral con que resuelve situaciones que no podía conocer, sus siguientes reacciones, no son propias de un delincuente común, y sólo corresponden al macizo personaje que existía en el guión, y que quedó trunco. Aún podría corregirse para el exterior.

Bastaría que su amiga, la manicura, agregara en una de sus riñas algo por este estilo: “Siempre inventando historias. Recuerda que ya como intelectual fracasaste”. Sólo una capacidad así explicaría lo siguiente. La crítica a un film nacional debe tener estos partes de consejo. En la interpretación era posible hallar una adecuada actuación a Elisa, Alberto Closas y Eduardo Cuitiño, y que Florence retrataría bien los breve metros en que aparece, porque se les conoce una buena trayectoria de cine. La sorpresa está en el desempeño de Eduardo Naveda, Domingo Tessier y Pepe Tessier, en el ladrón, impresiona; da a su personaje un calor interno que después el desarrollo del film abandona.

 Óptima su calidad técnica. Cada aparación de Pepe Rojas es celebrada; su detective criollo tiene vena de comediante. Si la cinta en su total hubiera correspondido a su primera parte, disputaría las calificaciones “buena” y “muy buena”.

 

EN RESUMEN: Entretiene. Su primera parte es la mejor. Luego, decae. Es la mejor película chilena en actuación.

Articulo publicado originalmente en
Revista Ercilla, Santiago, 18 de noviembre de 1952.
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