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Un comentario: Defectos y virtudes de "La Rosita del Cachapoal"
Por Revista Ecran
Publicado en Revista Ecran, Santiago, Nº1133, 7 de octubre de 1952.

LA ROSITA del Cachapoal” comenzó a filmarse hace ya dos años. Las primeras pruebas de maquillaje se realizacon al aire libre, en una quinta de Avenida Ossa por  Ñuñoa adentro. Se trataba de un enorme chalet, en donde estaba concentrados unos deportistas que habían venido a participar en una competencia internacional organizada en nuestro país.

Aquel primer día de trabajo brillaba un sol radiante, eufórico, optimista. Enrique Soto, el director de la cinta, se mostraba inquieto, nervioso, pero confiado. Quería demostrar que en Chile se podían hacer películas…, ¡y a precio muy bajo!

Es por eso que Soto resolvió filmar su “Rosita del Cachapoal” en una cámara de dieciséis milímetros: estaba convencido de que, al ampliar la película a los treinta y cinco milímetros normales, el film no iba a perder calidad. Las aspiraciones de Soto, eran pocas, pero en Chile la experiencia cuesta mucho. Sobre todo cuando en nuestro país-generalmente, y por desgracua-sólo se da una oportunidad: el qie fracasa o tambalea en esta primera ocasión, difícilmente podrá demostrar más tarde que se ha superado. Soto hizo y deshizo su película, tuvo problemas económicos y artísticos. Y ambos los resolvió a medias. Un productor independiente se interesó, por fin, en ayudarlo, y así fue cómo llegó al término del rodaje de su película. Aquellas partes que filmara en un comienzo-en malas condiciones económicas y con pocas posibilidades artísticas-sólo pudieron coplarse al finalizar el rodaje de la pleícula, lo que desmereció la calidad del trabajo. El sonido se tuvo que grabar apresudaramente, y el resultado evidencia-por cierto-que las cosas se hicieron a última hora.

Vayan estas explicaciones no como atenuantes de una calidad técnica que la película no tiene, sino para explicar que, en otras condiciones de rodaje, el sistema empleado por Enrique Soto puede dar muy buenos resultados.

“La Rosa del Cachapoal”-según la copia que vimos en una defectuosa proyección en la Universidad de Chile-tiene notorios errores técnicos, defectos que pueden y deben ser corregidos antes de ser exhibida al público. La película es modesta: su argumento, simple y a ratos se pierde la línea dramática. Sin embargo, el film-cinematográficamente hablando-está bien construído, tiene continuidad y lso encuadres están muy bien seleccionados. La actuación es discreta y el mayor mérito reside en que, a pesar de que el tema lo permitía, los actores no caen en lo ridículo, grotesco, ni melodramático. Hay secuencias muy simpáticas, en donde se ha captado la ironía y astucia del pueblo chileno. Lo malo de todo estriba en que no siempre estas secuencias tienen algo que ver con el desarrollo temático del film. En general “La Rosita del Cachapoal” da la impresión de estar compuesta de una serie de estampas sobre un argumento que no exige al espectador ningún esfuerzo intelectual para comprenderlo. La película no queda en la pantalla. Llega al público, porque tiene varios matices auténticamente criollos-en especial algunos personajes con los cuales el espectador se puede identificar-.Hay pasajes en donde se advierte creación artística. Por desgracia, en este primer experimento técnico de Soto se nota la etiqueta que lo señala como experiencia, pero de la cual se han obtenido resultados muy positivos. Tal vez una segunda y una tercera pruebas nos dirán hasta donde puede llegar este sistema. Mientras tanto, “La Rosita del Cachapoal”-corregidos los defectos fáciles de arreglar-puede ser exhibida al público, quien, finalmente, dirá l última palabra. Por algo es el Supremo Jurado en todas las actividades del hombre. 

Articulo publicado originalmente en
Revista Ecran, Santiago, Nº1133, 7 de octubre de 1952.
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