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Crítica cinematográfica: “LA HECHIZADA”
Por Héctor Rocuante
Publicado en La Nación, Santiago, 22 de noviembre de 1950.

(Producción chilena de “Soprocine Viña del Mar”, exhibida en premiére antenoche, en el Teatro Santa Lucía)

La “premiere” de la cinta chilena “La hechizada”, que se efectuó antenoche en el Teatro Santa Lucía, tuvo más o menos las características tradicionales en este tipo de funciones cinematográficas: actrices de cine, teatro y radio, con entudiasta despliegue de abrigos de piel, sombreros modelo y además; empresarios, actores, periodistas, etcétera, se hicieron presentes con la natural curiosidad de conocer esta nueva muestra de la cinematografía nacional.

En el foyer hubo abrazos y sonrisas efusivas, más un micrófono que instaló la audición “Cine al Día” de C.B. 106 para una transmisión que, con su conocido dinamismo, animaron Raúl Matas y nuestro colega Jorge Escobar.

Poco antes de la función el director y protagonista de etsa cinta, Alejo Alvarez Angellini, expresó que “La Hechizada” era un esfuerzo más, una película sin pretensiones de superproducción, en esta difícil brega del cine nacional. Añadió que, en todo caso, se había procurado honradamente dar a esta producción un acentuado relieve de chilenidad.

Tal declaración, es un ambiente donde la modestia es flor de muy escaso cultivo, bien merece un aplauso…

 

La novela de Fernando Santiván, “en base a la cual-según dice la propaganda-fue filmada esta película”, tiene un desarrollo vigoroso, pleno de situaciones violentas, en un clima humano que atrae y mantiene en tensión al lector.

Se diría que es una obra literaria con ritmo cinematográfico. Su adaptación al cine ha debido ser, por extraña paradoja tarea complicada y difícil.

El exceso de acción ha derivado, en la versión fílmica, en una vertiginosa sucesión de enfoques, diálogos, canciones y fondos musicales que en cierto modo terminan por desconcertar al espectador.

Hay canciones entre riñas, y riñas entre canciones, todo ellos a sorprendente velocidad.En determinadas escenas hasta la atmósfera parece contagiarse con tal ritmo de aceleración cinematográfica.

Se oberva, además, una notoria deficiencia en materia de elementos técnicos: diàlogos hay y canciones, como aquello de la “payadura”, cuya letra resulta imposible de entender.

La Hechizada” se filmó casi toda en exteriores y su interpretación-se trata de una película chilena-, no merece reparos serios: Alejo Alvarez, como protagonista, se desempeña con natural sobriedad; acaso su voz no se preste para el tipo de canciones que figuran en esta cinta. Julia Pou que no fotografía bien, salva su difícil papel: Manolo Gonzñalez, como “Cipriano Ormeño” exagera un tanto el personaje, pero da amenidad a la película; Lautaro Murúa, un tanto “argentinizado” en esa “payadura”, que musicalmente recuerda a otras escenas de este tipo del cine mexicano, compone bien su tipo de galán; Rodolfo Martínez, Blanca Arce, Alberto Mery, gente fogueada en el teatro, cumplen a conciencia la tarea que se les ha encomendado en este film.

Párrafo especial merecen las segundas partes, casi toda gente de Olmué, donde se filmó “La Hechizada”, que actúan con notable desenvoltura: tal el caso de Doroteo Ibarriasa, Afredo Gajardo, Manuel Silva y otros.

El mérito principal de este película, porque también los tiene, es el sentido auténticamente chileno que vibra a través de toda su proyección.

La escena del rodeo, muy bien realizada, es de lo mejor que en el tem cmapesino se ha hechi hasta ahora en películas nacionaes: tiene todo el colorido propio de una fiesta tan chilena.

Se aprovecha esta oportunidad para mostrar a Margot Loyola y Alfonso Unanue en “La refalosa”, que bailan con gracia y picardía; hay también corridas, topeaduras y hasta una riña a rebenque filmada con recio sentido de realidad.

Los enfoques panorámicos de Olmué, pintoresco pueblo situado al interior de Limache, con el Cerro La Campana como fondo, tienen singular belleza. La transparencia de su atmósfera se luce en “La Hechizada” con características que constituyen algo así como un hallazgo en materia cinemtográfica…

Hemos señalado lo malo y lo bueno de este film.

Puede decirse, en síntesis, que “La Hechizada” es una cinta contra la cual conspiró la carencia de elementos técnicos.

Deja, sin embargo, un camino abierto: la adaptación de buenos temas nacionales como una clara posibilidad de leventar la cinematografía chilena.

HECTOR ROCUANTE.

Articulo publicado originalmente en
La Nación, Santiago, 22 de noviembre de 1950.
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