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Brújula cinematográfica: Flor del Carmen
Por Revista Vea
Publicado en Revista Vea, 29 de Marzo de 1944.

SE nos ocurre que, cuando se decidió la filmación de “Flor del Carmen”, primer estreno del cine chileno de 1944, ocurrió la siguiente escena:

-Aquí tenemos un argumento y un capital-dijeron los interesados a José Bohr-: vea usted modo de hacer una película. Queremos algo sencillo, pero que sea expresión del campo chileno.

-¿De cuánto disponemos?

-De $700.000.

Y Bohr, que es un hombre de experiencia en las cosas del cine, buscó intérpretes, se fue con ellos al campo y cumplió el encargo: “Flor del Carmen”.

LA PELICULA

Como expresión de conjunto, “Flor del Carmen” es, sin duda, una película chilena que puede verse. El asunto, que se debe a doña Amanda Labarca, otra vez de simplicidad; pero esto no tendría importancia si el defecto principal del argumento no radicara en su falta de arrastre, de acometividad. Es cierto que se han puesto en boca de la gente de campo; y que el tono general de los mismos traduce llaneza y honestidad. Con todo, lo insulso es el “quid” de la cuestión.

José Bohr cumplió su labor directiva de acuerdo con los medios que tuvo a su alcance; medios escasos, rudimentarios y simples…Movilizó a los intérpretes, haciéndoles dar cuanto podían y así afirmó destellos y promesas, Romilio Romo, cuya vena artística ha sido aquí por fin lograda para el cine chileno, apunta con realidades de gran actor. Es el mejor. Y procede nombrar después a Elena Puelma, como primera figura en el plano femenino.

Carlos Mondaca, que en “Flor del Carmen” aparece por primera vez en el cine chieno, se revela como un promisorio galán. Disputa a Romo el primer lugar del cuadro masculino, y casi le supera en desplante escénico. Sorteó con naturalidad el personaje que le fue asignado; y supo darle bríos y comunicarle propiedad.

Blanca Valdivia(Kika), compuso una damita joven que cuadrò a sus condiciones, pero por ahora deberá conformarse con ser sólo un destello del cine chileno.

Jorge Quevedo acometió con sobriedad un mayordomo de campo.

Y pare la cuenta en lo que respecta al elenco de “Flor del Carmen” (más de 10 personas).

LA FOTOGRAFIA

Entre los triunfadores de la nueva película chilena, el camarógrafo Grazziani merece el primer lugar. La fotografía de “Flor del Carmen” es, en efecto, lo mejor de cuanto se ha logrado acerca del campo chileno. Grazziani supo darle relieve a los enfoques y consiguió todo el dinamismo de la naturaleza. Es cierto que de repente algunas tomas carecen de luz ( la del rodeo, por ejemplo); pero lo general termina por absorber totalmente a lo particular.

CONCLUSION

“Flor del Carmen” puede figurar entre los aciertos del cine chileno, que busca en nuestras campiñas una expresión de la belleza.

De este film, sin embargo, hasta esa película definitiva, con sabor a nuestros campos, que deberá hacerse algún día, quedan muchos caminos por recorrer.

Nuestro campo es demasiado fotogénico, pero todavía no ha encontrado al artista que sepa aprisionarlo en el celuloide. José Bohr sólo ha hecho un esfuerzo por superarlo Ese rodeo de “Flor del Carmen” carece del calor que es sinónimo de la pujanza de nuestros huasos.

Faltó, por otra parte, más diafanidad en el sonido porque a veces se pierden los parlamentos; y una mejor ordenación musical.

Con todo, procede a anotar lo agradables que son al oído las composiciones de Donato Román Heitman; y lo perfecto del trabajo de laboratorio cumplido por los hermanos Taulis.

Articulo publicado originalmente en
Revista Vea, 29 de Marzo de 1944.
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