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“Mis espuelas de plata”
Por Hernán Millas
Publicado en Revista Ercilla, 1 de junio de 1948

La cinta se parece a esas casitas de material ligero, de poco costo, y cuya atracción son las pinturas nuevas y las tejas caprichosas. Dentro hay poca comodidad, pero se puede vivir. Aquí las pinturas nuevas son los scketchs cómicos que protagonizan Gabriel Araya e Iris del Valle, que a cada instante están apuntalando la película. Ellos, especialmente Iris son los hallazgos del film. El tema, demasiado sencillo y explotado, constantemente queda en panne por las canciones colocadas con poca discreción.

Gatica canta en su taller de herrería la canción que da el título del film y olvida su trabajo para realizar un juego teatral, propio de un escenario. Sus intervenciones, por eso, pierdan naturalidad. Revela condiciones de galán, buenas de aprovechar.  Lucy Lanny, más desenvuelta que en sus cintas anteriores, se ve desfavorecida por un peinado complicado que no cuadra con su apariencia modesta. Si hubiera dejado correr su cabello, su rostro habría ganado en expresión. De las nuevas figuras que presenta el film, es desacertada la aparición de Leda Vial. En un país que se precia de la belleza de sus mujeres, su tipo es una contrapropaganda.  Son verdades amargas, pero el crédito del cine chileno exige franqueza. Arturo Gonzalvez explota con sobriedad su papel de viejo enamorado. Plácido Martín anima su tradicional curita con agradable simpatía.

El diálogo revela poco cuidado; repite lugares comunes y frases de radioteatro. La música, de Fernando Lecaros, con motivos populares, bien logrados.

La cinta evidencia la intención de dejar buen efecto en el público apelando a secretos conocidos: incidentes graciosos, un poco de melodrama y una intriga sentimental. Todo ello está obteniendo con mediana prudencia. El tronco central es débil siempre. El sonido del film también mostró fallas.

La premiere

Ajeno al film, merece un comentario un detalle de su prémiere. Después de proyectarse la cinta, se presentaron en el proscenio los intérpretes y el director del film. Un actor (Óscar Olivares), que hizo el papel de notario, el más modesto de la película, uno de esos papeles que en el cine extranjero no se mencionan en el reparto, subió al proscenio a recibir ovaciones Con escasa educación, se presentó con sombrero y con abrigo. Además, se creyó con derecho de contar un chiste grosero, que un tony de arrabal desecharía de su repertorio. Ello merece un severo reproche.

Hernán Millas.

 

Articulo publicado originalmente en
Revista Ercilla, 1 de junio de 1948
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60 min.
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3 de noviembre de 1901
Bonn, Alemania
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