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La Muerte de Pinochet: A favor y en contra
Por Eduardo Rojas y Federico Karstulovich
Publicado en Revista El Amante. N¬ļ 229, Junio 2011, Argentina.
En contra, por Eduardo Rojas

Fiera venganza la de la democr√°tica muerte que a todos abraza. A Salvador Allende el del digno adi√≥s. A Augusto Pinochet, el militar que muri√≥ en su injusta cama. M√°s fiera aun la venganza del propio Pinochet, despidi√©ndose a trav√©s de una pel√≠cula que si no lo engrandece achica todo y a todos a la medida de su tama√Īo. Fiera pel√≠cula, ostentosa de gratuito fe√≠smo. Muere mi general Pinochet. Sus partidarios van a despedirlo. Cantos de odio y tristeza. Un grupo de j√≥venes baila para festejar. Cantos de odio y alegr√≠a. Una dualidad que impresiona. Nada m√°s sabremos sobre ella. En adelante los voceros ser√°n cuatro personajes cuatro. Equitativos, los directores reparten: dos de cada lado. A nuestra derecha un pat√©tico anciano, presidente de una mutual de la nostalgia pinochetista, y una pobre vendedora de flores pobre. ¬ŅEsta es la arrogante derecha chilena? A nuestra izquierda un alcoh√≥lico trapito santiaguino y un extravagante obeso socialista travestido de guerrillero o de Pap√° Noel. ¬ŅEsta es la aguerrida izquierda chilena? Eso ser√≠a todo si no fuera porque a veces vemos esas peculiares caras. Una insufrible serie de planos detall√≠simos muestra las bocas, los labios, las imperfectas dentaduras, las lenguas empastadas de verdosos flujos biliares (el mal aliento, las gotitas de saliva no se ven, se adivinan), las pieles ajadas, las narinas rebosantes de gerontol√≥gicos pelitos. Este no es un documental de cabezas parlantes, es una de dentadas calaveras parlantes.

¬ŅEsto es todo? ¬ŅPor qu√© ese cad√°ver que oscurece en su ata√ļd gener√≥ tanta adhesi√≥n, tanto rechazo? ¬ŅTendremos que explic√°rnoslo viendo al microscopio las excrecencias de la edad, la tristeza de algunas vidas exhibidas con sorna y desde alguna altura autoadjudicada, como √ļnicos representantes de un bullente conjunto social?

No se trata de negar a los pinochetistas el derecho a hacer una película favorable a su líder. Quizá no haya sido esa la intención de los directores, pero la carcajada de desprecio que imaginamos escuchar mientras el general desciende a los infiernos hace eco a este disparate soberbio.

A favor, por Federico Karstulovich

Hay películas frente a las cuales nos gusta plantarnos ideológicamente y hay otras con las que nos gusta plantarnos en su visión de mundo. Este documental prometía pertenecer al segundo grupo, pero su artificiocidad, su deleite kitsch, su abigarrada construcción de los encuadres que equiparan las expresiones más desagradables de los manifiestos pro Pinochet con las de los anti-pinochetistas la ponen en un lugar ideológicamente dudoso. Nada de esto quita la diversión inigualable al escuchar expresiones desaforadas de ambas facciones: aquellos que lamentan la muerte del dictador y aquellas que la festejan. Ambos a grito pelado, ambos saltando y meneándose, como un duelo carnavalístico. Ahí, en esa cualidad de registro casi expresionista, es donde Perut y Osnovikoff ganan y donde su documental se aleja de los lugares comunes, de la corrección política y formal. La perturbación, el punto ciego de la película está en otro lado: los directores eligen que los cuatro entrevistados que conforman el centro del documental sean mostrados hablando solamente en un mismo tipo de plano, un plano detalle de sus bocas. Este elemento, que termina generando una equivalencia entre cada uno de ellos, desdibuja formalmente lo que sostienen discursivamente durante la película: que, de un lado u otro, lo atávico se iguala. Esa idea, ciertamente peligrosa, no se integra nunca. Tampoco la decisión formal de abrir el plano y mostrar a los protagonistas estáticos. En esta elección doble de la distancia y el acercamiento como igualadores sociales frente a un acontecimiento, hay un punto interesante que rompe con el mero esteticismo, con la construcción feísta: los directores puntualizan ese artificio quizás entendiendo que la parafernalia oficial tiene su contraparte en la teatralidad de lo privado. Ahí, en la parte preformativa, es donde La muerte de Pinochet se hace grande en la memoria. Y es así como una elección formal desafortunada termina resultando el prefecto traje del ridículo ante la muerte, la necesidad de llenar el vacío de la identidad frente al muerto que todo lo define.

Articulo publicado originalmente en
Revista El Amante. N¬ļ 229, Junio 2011, Argentina.
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