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La nueva producción nacional
Por La Nación
Publicado en La Nación, Santiago, Jueves 17 de marzo de 1949.

Un nuevo trabajo de la cinematografía nacional se entrega en estos momentos al público de los cines Real y Santiago de nuestra capital. Se trata de “El paso maldito”, la película que dirigió Fred Matter.

En primer término debemos decir que esta cinta marca una nueva etapa en nuestra cinematografía. En “El paso maldito” hemos podido comprobar cómo se puede hacer cine en Chile, utilizando el sabor criollo que atrae al público interno y al del exterior, y mostrando de paso que nuestro país es diferente. A través de esta cinta, todo espectador puede asistir a la fisonomía propia de Chile. Y es curioso que esta labor de revelación, por decirlo así, la haya hecho Fred Matter, un extranjero.

El paso maldito” tiene argumento del propio Matter, quien también actúa en la película. En él muestra un grupo de esquiadores extranjeros, caracterizados por Emile Allais, campeón mundial de ski, Bruce Mac Donald, Arturo Hammersley, Sonia Edwards y Fred Matter, se extravían y van a parar a una casa extraña donde una mujer, Nieves Yanko, les cuenta la extraña tradición de tragedia que pesa sobre un paso cordillerano. Después del relato, el argumento finaliza con los esquiadores que regresan al hotel.

Como puede verse el tema es anecdótico. Cumple con el único objetivo que se propuso el director: mostrar las bellezas panorámicas de Chile, y lo pintoresco de sus costumbres y personajes en una trama simple, al alcance de todo el mundo. Y justamente, al no ser una cinta pretenciosa, dió más que muchas otras películas que buscan en la explotación de lo típico, un éxito de taquilla y nada más. Los actores profesionales que intervienen en “El paso maldito” tienen una actuación pareja y de calidad: Chela Bon aparece en una de sus mejores actuaciones; bonita, fina, expresiva, estuvo especialmente bien en las escenas dramáticas. Hubo momentos en que apareció demasiado maquillada.

Arturo Gonzalvez en el ingrato papel del viejo seductor demostró sobriedad y fuerza. Sus movimientos fueron siempre perfectos, en cambio el rostro tuvo a veces demasiada inexpresividad. Eso fué, en general, su mayor defecto.

Lautaro Murúa, provisto con un excelente físico, conveció en su papel de huaso de pocas palabras, algo tímido, tuvo algunas escenas demasiado frías. Seguramente que más exigido, dará mucho en el futuro.

Sonia Edwards, hermosa y con un rostro extrañadamente expresivo, puso fuerza en la segunda parte de su papel. Al comienzo de la obra, sin embargo, cuando debió ser una turista despreocupada, de vacaciones, no supo ser natural. Y antes de que el argumento lo justificara, introdujo tensión en la película. Esto en realidad, fué error de dirección, más bien. Si Sonia Edwards se dedica al cine, puede dar mucho.

Raúl Gardy en un papel esporádico, caracterizando a un huaso típico, estuvo muy bien. Lo mismo que cantando una hermosa tonada. El resto del reparto dió de acuerdo con lo que requerían sus respectivos papeles.

La fotografía, donde intervinieron Ricardo Younis, Andrés Martorell y Fred Matter, es francamente extraordinaria. No nos había tocado todavía ver escenas tan bien enfocadas y tan efectistas como las de “El paso maldito”. Los fotógrafos merecen nuestro más cordial enhorabuena. El laboratorio, por su parte, estuvo parejo.

La cinta que cuidó muy bien los detalles, tuvo especialmente acertada en el sonido: cuando los huasos caminaban tintineaban las espuelas, cuando una ventana se abría entraban a la habitación los ruidos del campo, etc. La compaginación está correcta a pesar de tener trozos muy lentos, tiene hilación lógica, continuidad y buen desarrollo.

El diálogo muy escaso hacía que los personajes parecieran estáticos. Las pocas frases que se cruzaron a través de toda la cinta, sin embargo, estaban hechas con palabras corrientes, e incluso, hubo modismos criollos muy acertados.

En resumen: “El paso maldito” está llena de pequeñeces “toques” muy oportunos. Por ejemplo, esa conversación entre los dos carabineros que comentan la extraña actitud de Antonio, el muchacho que acaba de regresar de Argentina, tiene justo el sabor de lo nuestro. Es la frase precisa que diría un carabinero en esas circunstancias. Y como éste, hay muchos detalles que resultarán del agrado del espectador.

Articulo publicado originalmente en
La Nación, Santiago, Jueves 17 de marzo de 1949.
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