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Desilusionó “El paso maldito”
Por Hernán Millas
Publicado en Revista Ercilla, Santiago, 22 de marzo de 1949.

ES UN DOCUMENTAL SOBRE EL SKY, QUE AL CONVERTIRSE EN PELICULA, ABURRE

Cada vez que las carteleras anuncian una película chilena, aflora la mística por el cine chileno. Los que sienten cariño por él, están a prueba de desengaños y ven todas las producciones con renovada esperanza y fe. El público del Real y del Santiago aplaudió la semana pasada cuando se proyectaron los títulos y los nombres de los que participan. Como quien presencia el examen de su hijo, deseaban que el film respondiera a su confianza. Sin embargo, una vez más, esta impaciente espera se trocó en desengaño y desaliento. “El Paso Maldito”, es otra mediocre cinta en una larga lista.

COSTO MAS QUE ROMA

ercilla4_22031949.jpgSé que la sinceridad es una virtud inconveniente, y que hay quienes consideran sacrilegio ser francos y manifestar que una película chilena es mala. Ellos preferirían la mentira piadosa de alabar el film por muy malo que fuera. Sería una adulación falsa que perjudicaría más a la industria. Y la pantalla chilena dejó los pañales hace varios lustros. Esforzados cineastas filmaban en 1916, con una cámara hecha con un tarro de parafina, en la misma fecha en que el gringo Griffith arrendaba un establo en Hollywood. En 1929, cuando el cine argentino era sólo un proyecto, una película chilena -”La calle del ensueño”, de Coke- era premiada en la Exposición Internacional de Sevilla. ¿Faltan elementos? Un director británico (Kenet Annakin en Ercilla 722), manifestó hace tres semanas que el equipo técnico de Chile Films era superior al estudio londinense que produjo un “Enrique V”, o un “Hamlet”, hoy en disputa por el título de la mejor cinta de todo el mundo. ¿Hace falta dinero? “El paso maldito” costó un millón y medio de pesos. Con doscientos mil pesos menos, el realizador italiano Rossallini conmovió el orbe con su cinta “Roma, ciudad abierta”.

Luigi Zampa, gastó igual suma en “Vivir en paz”. El demasiado dinero perjudica en todo orden de cosas. Los archimillonarios por no necesitar trabajar se consumen en estéril pereza mental. Tenemos el ejemplo de Hollywood que gastó 250 millones de pesos en ese bodrio llamado “Por siempre Ambar”, donde se derrocharon opiparamente technicolor y decorados. Es por todo esto que los verdaderos derrotistas, los pesimistas del cine chileno, son los que perdonan una película chilena mala, ya que consideran que sólo es capaz de producir films mediocres, y que estos deben contentarnos. El sacrificio que se invoca al público cuando ve películas chilenas es contradictorio. Si éste compra una cocina nacional exige que sea buena, y si ésta le sala mala y le incendia la casa, no admitirá que argumenten: “Quédate callado, para que proteja la industria chilena”. El cine es una industria tal como las de las cocinas, y el espectador que paga 25 pesos por una butaca precisa pasar un rato agradable, y no sufrir una penitencia nacionalista. Examinaré el film, para anotar lo bueno y lo malo que posee, y por qué lo último asfixia a lo primero.

ARGUMENTO

Es un episodio convencional, repetido en centenares de películas mexicanas, y en varias chilenas. El hombre de campo, avejentado y con fortuna, que se enamora de una muchacha pobre que lo rechaza porque quiere a un muchacho de su misma condición social. El desenlace trágico, que fataliza un lugar, se parece a múltiples episodios de “Las leyendas de nuestros campos”, que radioteatraliza Rodrigo Ríos. La escasa trama es como la línea de la vida en algunas personas: es en parte confusa, luego se extingue y vuelve a aparecer, totalmente desarticulada.

El espectador no sabe nunca cuándo comienza la verdadera trama, y cuándo concluye. El propio argumento dura apenas tres cuatros de hora. Se cree ver la palabra “fin” cuando la pareja central ha muerto, sin embargo la cinta se alarga nuevamente como en los seres enfermizos, en forma artificial, se regresa al Paso Maldito, hay más sky, y luego se explica que fué un simple sueño.

DIALOGO

ercilla5_22031949.jpgEs una película virtualmente muda, los protagonistas miran, corren y caminan sin hablar. Se da como explicación a que se le colocaron pocos diálogos para que fuera posible traducir estos posteriormente al francés. En semejante caso los films norteamericanos y franceses serían mudos, porque se traducen a más idiomas. Comienza la película, y, lo primero que se oye, se dice en francés, con títulos sobrepuestos en castellano. Así comienza un film chileno. Se argumenta que eso se requiere porque la pareja de esquiadores es francesa, y no sabe una palabra de castellano. El resto del film lo contradice, porque después el matrimonio habla en castellano: ella en correcta pronunciación y él en tono afrancesado. Lo único hecho con acierto son la exiguas frases criollas en boca de Raúl Gardy, que son bien celebradas por el público.

FOTOGRAFIA

Es espléndida. En ninguna película chilena se han obtenido cielos más cristalinos y contrastes de blanco y negro más limpios (Andrés Martorell manejó la cámara). La cordillera chilena aparece con toda su magestuosa hermosura. Pero esta virtud fotográfica se confabula en contra del film. La cámara se extasía en nubes que pasan, en árboles que oscurecen el sol, en esquiadores que bajan la montaña, y allí se queda extática. Pronto la fotografía es relajante como comerse un kilo de manjar blanco.

MUSICA

Por necesidades del film, se mezclan en curiosa promiscuidad dramáticos acordes wagnerianos con alegres compaces de cueca.

INTERPRETES

ercilla6_22031949.jpgLos primeros intérpretes que aparecen en el film son un grupo de esquiadores. Hablan balbuceantes, con pésima dicción acerca del camino que piensan tomar para descender de la montaña. Producen una impresión de gavidez, es el primero desengaño que tienen los espectadores. Se dice que ellos son nada menos que los campeones de ski, Arturo Hammersley, Emile Allais y Bruce Maddonald. ¿Y qué importa? Los conocerán sólo los esquiadores, como un niño que encuentra a su papá en una revista, pero para el público son simplemente extras que trabajan muy mal. Nieves Yanko da toda la viveza que puede a la eterna viejecita de las películas, que habita en una casa misterioso y que siempre anima el trágico. Sonia Edwards sería una figura meritoria del cine si se incorporara a él; retrata bien, posee una silueta sugerente, un tipo agreste y sensual, y se desenvuelve bien en el escaso rol que tiene. Chela Bon, no obstante que en cada escena aparece corriendo la marathon, se desempeña con naturalidad. Lautaro Murúa fotografía bien, sin tener ocasión de demostrar su temperamento, porque sólo debe correr, andar a caballo y abrazar mudamente a Chela Bon. Arturo Gonzálvez, en un rol parejo, se muestra seguro y expresivo.

Plácido Martín cuelga su sotana de todas las películas y encarna al padre de Chela Bon con acierto, Raúl Gardy que sólo retrata su rostro en varios close-up, interpreta dos canciones, y dice varias frases intencionadas, es una grata sorpresa; aliviana la nota lóbrega del tema, y hace intermedio en las hojas del album fotográfico. Los intérpretes, en general, mantienen una línea sobria, y forman un conjunto encomiable.

DIRECCION

Si se comentara “El paso maldito” como un documental destinado a mostrar el auge del deporte del ski en Chile, incluyendo un rodeo, habría que catalogar a Fred Matter como un realizador de condiciones. La cinta, condensada en 15 minutos, figuraría entre los buenos cortos, por su meritoria fotografía. Fué ésto lo que hizo Matter al comienzo: un corto de ski. Posteriormente, el “otro yo” económico, que siempre trastorna las cosas, lo guió a agregarle un incidente con trama. Allí Matter se perdió, igual que la pareja que desciende la montaña en el film. Una cinta debe despertar el interés del espectador en los primeros cinco minutos; el público debe sentirse aprisionado en las redes de la trama. En “El paso maldito”, el espectador vaga libre toda la cinta, como una niña que desea dar su amor, y no consigue que nadie le tienda los brazos.

Por haber sido colocado artificialmente, el episodio resulta incoherente y desteñido, no se producen secuencias lógicas y las escenas se esfuman apenas aparecen. La cinta es lentísima, porque nada tiene que decir. Es como la persona que intencionalmente desea demorarse media hora en recorrer cinco cuadras que podría caminar en diez minutos.

SE IMPROVISA

ercilla7_22031949.jpgEl paso maldito”, es una mala película porque denota su improvisación. Si hubiera existido un guión y encuadre previo, el director podría haberse dado cuenta que la trama no le alcanzaba para cubrir la hora y un cuarto que dura. En algunas cintas puede corregirse la lentitud con una tijera; en este caso sería imposible, pues si se cortaran 60 descensos en ski, se podaran los árboles y Chela Bon corriera sólo 5 kilómetros, la cinta se reduciría a 10 minutos.

La pantalla chilena hará buenos films el día que sus realizadores confeccionen previamente un buen encuadre y así ellos vean la película que harán, igual que el arquitecto que contempla en un plano la casa que levantará.

Articulo publicado originalmente en
Revista Ercilla, Santiago, 22 de marzo de 1949.
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