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Estrenos: "Si mis campos hablaran".
Por Revista Ercilla
Publicado en Revista Ercilla, Santiago, 1 de julio de 1947.

SI MIS CAMPOS HABLARAN. -Real y Santiago.- Armando Bo, Rodolfo Onetto y Chela Bon.- Duración: 1 hr. 17 m. NACIONAL

ercilla4_01061947.jpgSu trama se desarrolla hace cien años, con la llegada de los colonos alemanes a la provincia de Valdivia. El film comienza con el recibimiento de Pérez Rosales (Roberto Parada) a un grupo que no viene por conducto oficial. Se pronuncian discursos y se hacen juramentos de lealtad a la nueva patria. Luego se inicia la instalación de los colonos, ayudados por el autor de “Recuerdos del pagano”. Transcurre media hora del film y el argumento avanza lentamente. La cámara se detiene a cada instante para captar preciosas panorámicas, olvidando que un film requiere una intriga permanente, un camino en la acción y que los escenarios deben estar incorporados a ella, para verse con agrado. Aunque sean las fotos más extraordinarias, media hora para mostrarlas es excesivo. Después aparece el verdadero rostro del film. Daniel (Onetto), Simón (Armando Bo) y Dora (Chela Bon), hijos de los colonos, ya están grandes, y la cinta avanza amena, con interés emotivo y bien interpretada. El argumento de Francisco Coloane es sencillo y con buenos toques sentimentales. Si a la película se le cortaran algunos de sus panoramas del comienzo, ganaría bastante. Onetto, Bo y Chela Bon son los mejores intérpretes, destacándose el segundo por su naturalidad y desenvoltura. Asimismo, merece mencionarse a Arturo Gonzálvez, correcto en su “Don Pancho”. Parada resulta acartonado e inseguro en su Pérez Rosales; Bohr descuida la dirección para trabajar en la primera parte y se observa la supremacía de los últimos rollos, en que no actúa. Moller contrasta con la naturalidad de Armando Bo: es teatral y recita sus parlamentos. Ester Soré aparece episodicamente, interpretando una canción. Ricardo Younis se lleva la mejor participación del film con su fotografía: es limpia, con buenos ángulos y es un perpetuo himno a las bellezas del Sur de Chile. Lamentablemente, por estar usadas algunas de ellas en exceso, empalagan como un dulce. Gracias a los incidentes de los últimos rollos, el espectador sale satisfecho de la sala.

EN RESUMEN: Ambientada en la historia chilena, hace cien años. Su primera parte es lenta y aburrida; su segunda se ve con agrado y tiene incidentes emotivos bien logrados.

Articulo publicado originalmente en
Revista Ercilla, Santiago, 1 de julio de 1947.
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