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Intérpretes y argumentos
Por D. de la V.
Publicado en El Mercurio, Santiago, Viernes 22 de diciembre de 1944.

Digna de aplauso es la actuación de la mayor parte de los intérpretes de “Hollywood es así”. Este es un indirecto triunfo del director, que ha sabido elegir un elenco adecuado y conducirlo con habilidad. Entre los que sobresalieron, tenemos que nombrar a Guillerno Yánquez. Este actor, que es correcto y algo frío, respondió a las exigencias de su personaje. Muy simpático el farmacéutico que hizo Jorge Quevedo. Se hace visible ya la experiencia y la tranquilidad que ha conquistado este actor en sus constantes trabajos cinematográficos. Con gracia y desenfado, trabajó Flora Núñez, no sólo en el episodio de las pestañas postizas, sino en todas las escenas que tuvo a su cargo. También se distinguieron Agustín Orrequia, Mady Paulin, Blanca Sáez, el niño Luis Souza Fernández y el espectral borracho que todas las noches subía con trabajo la escalera, e iba a llamar equivocadamente a las puertas de diversos pensionistas.

La fotografía, que es clara, llegó a la brillantez en la escena de la filmación de la película de Hollywood. El diálogo es ingenioso y muy sobrio.

Ha sido cuidadosa la hilación de la película. Las escenas se suceden en apretada conexión, y el desarrollo del argumento se realiza sin saltos ni vacíos. Este es un importante aspecto que no se logra en la mayoría de las películas nacionales. No es fácil organizar la sucesión de las escenas, porque el director conoce demasiado el argumento, pues lo ha estado repasando durante seis meses, y cree que el espectador lo conoce también. Siempre se olvida de que el espectador llega completamente ingorante a ver la película, y no puede suponer, si no lo indican con terminante claridad, el tiempo que separa cada episodio y la ubicación de cada escena. No es posible exigir que el espectador suponga, calcule, sospeche. Nadie va al teatro a hacer labor de investigador o de detective.

Benavente dice que cada detalle imprescindible para el desarrollo de la comedia, debe ser repetido tres veces. la primera, para que se entere la mitad de la concurrencia; la segunda, para que lo escucho la otra mitad. No sabemos para qué es la tercera. Debe ser para que se enteren los actores.

El gran dramaturgo quiso recordar así, que el espectador en un teatro no es el lector de un libro. El espectador está sujeto a distracciones o molestias. El vecino que tose o la señora que llega atrasada. Y ahora debemos agradecer que no va al teatro el bastón que se caía inevitablemente. Por estas causas, el espectador no es un observador sutil. Y el argumentista debe meditar mucho antes de elegir un tema que se desarrolle en un largo espacio de tiempo. Nosotros no hemos dicho que un salto de años sea un obstáculo insalvable. No es obstáculo si el autor tiene recursos para explicarlo con claridad. Este aspecto preocupó a los autores antiguos, que le dieron mucha importancia a la unidad de tiempo. Antaño, la unidad de tiempo era uno de los principales requisitos de la buena obra teatral. En el cine chileno, que aún no tien grandes argumentistas, debe observarse ese requisito. Coke lo observó, y la unidad de tiempo ha contribuído al fácil desarrollo de su admirable película.

Articulo publicado originalmente en
El Mercurio, Santiago, Viernes 22 de diciembre de 1944.
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