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Cita con el Destino (Boletín Cinematográfico)
Por Boletín Cinematográfico
Publicado en Boletín Cinematográfico, Viernes 10 de agosto de 1945.

PRODUCCION: Chilena. Distrib. Alvarez Giménez y Cía. Ltda.

DIRECCION: Miguel Frank.

ARTISTAS PRINCIPALES: Carlos Mondaca, Blanca de Valdivia, Jorge Quevedo, Alejandro Lira, Jorge Sallorenzo, Ester López, América Viel, José Perlá, Anita del Valle, Blanca Sáez, Agustín Orrequia, Roberto Montes.

CARACTER: Típico.

HABLADA: En castellano.

NUMERO DE PARTES: Nueve.

CENSURA: Mayores y menores.

CLASIFICACION: Corriente.

APRECIACION COMERCIAL: 3 para 4.

DURACION: 1 hora 20 minutos.

ESTRENADA: En los teatros Santa Lucía y Continental el martes 7 de agosto.

CONCURRENCIA: Abudante.

LOCALIDADES: Plateas $ 12. Alta $ 10. Paraíso $ 4

ASUNTO.- Se compone de tres episodios: 1.º Un agente de policía provinciano lleva a la cárcel a Santiago a un famoso delincuente; por el camino se emborracha y el delincuente se le escapa, pagando él con la cárcel su descuido. 2.º El incendio de un tenducho de pueblo salva a su dueño de la ruina y hace posible el casamiento de su hija con el joven que ama. 3-º La mujer de un campesino pobre tiene mellizos; recargado ya de familia, el hombre va a dejar una guaga a la inclusa, pero allí se la devuelven junto con otra que habían dejado allí y que llevará la fortuna al hogar del campesino al encontrársele entre las ropas un sobre con dinero.

COMENTARIO. Tres cuentos de uno de nuestros mejores escritores costumbristas, Joaquín Díaz Garcés (Angel Pino), sirven de base a esta nueva producción nacional. Es esta la razón por la cual se ha contado con un material argumental más valiosos que en otras cintas chilenas, pero tan desaprovechado que no podemos menos que lamentar que esos temas hayan caído entre las manos de la adaptadora Gloria Moreno y del director Miguel Frank. Toda la fina vena humorística de Díaz Garcés se halla convertida en una desatada chabacanería; su aguda observación costumbrista, en una astracanada sainetera que quiere hacer “chilenidad” y sólo logra dar el disfraz, lo externo de lo nacional, quedándose en la más completa falsedad interna. Ya lo hemos dicho en otras ocasiones: para dar ambiente chileno, no bastan los arreos campesinos; es necesario reflejar nuestra idiosincracia, y eso sólo se logra con inteligencia y sensibilidad, lo que aparece ausente de nuestros cineastas. Hasta el elemento original del destino que marcan los papelitos del organillero que sirve de enlace entre los tres episodios, está malogrado; se podría haber sacado amplio partido de la incógnita que se plantea acerca de cómo se va a cumplir lo que van prediciendo los papeles; sin embargo, todo queda en una opaca vaguedad, sin que llegue a acentuarse debidamente el papel que juega el destino en cada uno de los personajes. La falta de atmósfera del film, el convencionalismo absoluto en que se desarrolla, la pesadez de la acción y el mal gusto que hay en cada una de sus escenas, todo eso sería disculpable en aras de la bullada “crítica constructiva” si no hubiera atentados tan enormes contra el más mínimo sentido común que se le debe pedir al que fabrica una película. ¿Por qué si en toda la cinta se habla del pajarito de la buena suerte, no es éste sino el propio organillero el que saca los papeles del cajón sin que se vea jamás el comentado pajarito? ¿Por qué se presenta un humilde tenducho de pueblo y después, al incendiarse, aparece convertido en un imponente rascacielo ardiendo? ¿Por qué un hombre con la pinta de Jorge Quevedo ha de emborracharse a la primera copa de vino a no ser que sea un caso excepcional? ¿Por qué todos los campesinos sabían leer para enterarse de los que les decía el papel de la suerte y cuando se trató de leer una carta hubo que llamar a la maestra de la escuela. Y podríamos seguir preguntando hasta el infinito si todas las preguntas no tuvieran respuesta: Porque el director no tiene sentido común. Son tantas las fallas a este sentido, que todas las demás fallas que enumeramos más arriba aparecen disculpables. Hasta los fugaces aciertos que tienen algunos actores, a pesar del director, se deshacen frente a tanto absurdo; el magnífico trabajo de Quevedo en la borrachera, la innegable vena cómica de Anita del Valle, la gracia de Sallorenzo en la escena de la venta de los botones, la propiedad y el acierto con que Carlos Mondaca encarna al huaso, quedan desarmados frente a la incapacidad del realizador. Cuenta la película con una fotografía clara, pero por lograr efectos fotográficos se cometen constantes abusos de enfoques; no hay para qué tanto enfoque de la locomotora, de los paisajes, de las callejuelas de un pueblo de paisajes, y en el episodio final no hay para qué manejar la cámara en constante movimiento como si se la tuviera colgada de un péndulo metiéndola por cuanto intersticio dejan los decorados. El sonido está borroso y a ratos mal sincronizado; la canción de Kika está totalmente corrida y en un momento  aparece Nora Sansó hablando con la boca cerrada. En cuanto a los resultados taquilleros que ha de obtener podemos decir que pueden ser satisfactorios debido a la nombradía de algunos de sus intérpretes, pero su aceptación queda restringida a sólo público popularísimos.

SE COMPLETO EL PROGRAMA. Noticiario RKO Pathé. Documental. Sinopsis.

PROPAGANDA: Abundante.

PARA EL PROGRAMA. Los secretos del destino envuelven a personajes chilenísimos y los llevan a los más extraños desenlaces. Tres ambientes de Chile en tres novedosas facetas fílmicas interpretadas por un reparto estelar que encabezan Carlos Mondaca, Blanca de Valdivia, Jorge Quevedo y Alejandro Lira.

Articulo publicado originalmente en
Boletín Cinematográfico, Viernes 10 de agosto de 1945.
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