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CONTROL DE ESTRENOS: “El paso maldito”
Por Revista Ecran
Publicado en Revista Ecran, nº848, 22 de marzo de 1949.

Producción Chile Films F. M. C.  1948. Dirección: Fred Matter; cámara: Andrés Martorell; argumento: Fred Matter; sonido: Eduardo Andersen; compaginación: Nello Melli; maquillaje: Julio Errazti; decorados: Miguel Venegas y Julio Céspedes; intérpretes: Chela Bon. Arturo Gozálvez, Lautaro Murúa, Raúl Gardy, Rogelio González, Sonia Edwards, Nieves Yanko, etc.

Cada vez que se discuten las posibilidades futuras del cine chileno, se plantea el mismo dilema: ¿hacer películas de tema folklórico, atractivas para el público nacional, o de tema universal, que puedan gustar en cualquier otro país? “El Paso Maldito” demuestra categóricamente que el dilema es ficticio. Se pueden hacer películas típicamente chilenas y de tema universalmente interesante. En “El Paso Maldito” hay huasos, rodeos, cuecas y tonadas, pero todo ello es presentado sobriamente, con una recia dignidad, sin el patriotismo fácil de otras veces. Y uno queda sorprendido en forma agradable al descubrir que al ser tratados en esa forma, los huasos, los rodeos, las cuecas y las tonadas resultan más fuertemente chilenos, llegan más adentro.

Ese es, posiblemente, el mérito principal de la película, que reúne también otros méritos junto a importantes defectos. Siempre que se pide a un cinematografista extranjero su opinión sobre las posibilidades de Chile como centro productor de películas, se es­cuchan las mismas alabanzas a la belleza de nuestro paisaje. Fred Matter no ha sido una excepción de esa regla. “El Paso Maldito” revela que sintió profundamente el atractivo de las bellezas naturales chilenas y ellas han quedado en la película a través de la fotografía excelente de Andrés Martorell, que ha cumplido la mejor actuación fotográfica en la breve historia de nuestro cine.

Como documental de nuestras bellezas de paisaje y naturaleza, “El Paso Maldito” resulta difícil de superar. Pero ese predominio de lo plástico perjudica a veces al relato, lo entraba y lo hace lento. Por otra parte, el argumento es de una trivialidad extraña en un film que, en muchos de sus aspectos, está tan cuidadosamente trabajado. El folletín del patrón malo que enamora a la muchacha pobre, perjudicando al jovencito bueno y también pobre es ya un lugar común de la literatura y el arte dramático o cinematográfico y si la película se salva, es solamente porque ese argumento de pobrísimos alcances ha sido tratado con  aquella   dignidad   y   reciedumbre que mencionábamos antes. Habría sido interesante ver el resultado de ese mismo trabajo de dirección al servicio de un tema menos vulgar.

Bajo una dirección competente, la interpretación encuentra facilidades lógicas. En “El Paso Maldito” es imposible señalar a un intérprete que actúe deficientemente. El idilio Juvenil de Chela Bon y Lautaro Murúa, realzado por el físico agradable de ambos, está interpretado en forma ajustada, sin exageraciones ni deficiencias. Gozalvez pudo dar mayor intensidad a algunas escenas culminantes, pero es posible que entonces hubiera roto el plano general de sobriedad de la película. Raúl Gardy, en un papel demasiado breve, es una revelación de naturalidad y pícara intención popular. Sonia Edwards, demasiado intensa al principio, cuando nada justifica todavía ese dramatismo, interpretó de manera excelente las difíciles escenas finales y reveló tem­peramento dramático que encuadra a perfección con su físico de estilizada belleza. Paradojalmente, Fred Matter es el más bajo de los intérpretes, quizás porque no pudo dirigirse á sí mismo. Los demás en un mismo plano de sobria eficiencia. Se nota en “El Paso Maldito” esa atención a los intérpretes secundarios que es parte tan importante del éxito en las películas europeas.

En resumen, a pesar de los defectos señalados, que no llegan nunca a dañar el interés general de la película, “El Paso Maldito” es una contribución importante a nuestro arte fílmico, porque representa un nuevo tratamiento de lo folklórico y revela una seriedad artística a todas luces encomiable. Criticarla a través del defecto detallista sería mezquino y constituiría un desconocimiento de sus muchos méritos.

Articulo publicado originalmente en
Revista Ecran, nº848, 22 de marzo de 1949.
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