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CONTROL DE ESTRENOS: “Mis espuelas de plata”
Por Revista Ecran
Publicado en Revista Ecran, nº906, 1 de junio de 1948.

La frase que dice “en casa del herrero, cuchillo de palo” tiene explicación en el caso humano que trata esta película. Ahí hay un herrero que, de vez en cuando, toma un mazo para golpear un yunque roto, y que de pronto se hastía de su labor, que no le interesa, y arroja en el fogón tanto la herradura como el propio mazo. Lo que le atrae es soñar en unas “espuelas de plata”, que acaricia, tocar una guitarra que no domina y cantar. Se lo pasa cantando, y, al compás de sus canciones, enamora a una chica hermosa y entretiene a los espectadores… Una simpática vecina, chismosa y enredadora, termina en sus últimos pasos por ayudar a que todo salga a sabor de los jóvenes que se aman. Se salvan las apariencias y todos los ajetreos terminan bien. Junto a un tren que se aleja por el más precario desvío.

Como se ve, se trata de una película sencilla, hecha con un máximo de rapidez y con un mínimo de elementos. Sólo pretende interesar al espectador un corto rato, y en realidad consigue divertir a una fracción del público. Hay escenas graciosas, y las canciones son agradables. Pero nada más. El tema resulta demasiado trivial, con lugares comunes, al que le faltan ilación, chispa, emoción, Además, una película de tema campero pedía paisajes, fuente de riqueza inagotable para nuestro cine, que aun no puede pretender apoyarse en recursos de mayor enjundia. Sin duda que esa prisa y el propósito de economía se convierten en un arma de doble filo, ya que si bien proporcionan ventajas al productor independiente, que no tiene otro apoyo que el de su propio esfuerzo, despojan a la cinta del marco atractivo que pudo dar encanto a un argumento débil.

José Bohr, productor y director del film, quiso destacar valores nuevos; pero el resultado no estuvo a la altura de su encomiable intención. Arturo Gatica tiene una voz hermosa, pero ignora lo que es actuar. Debe adquirir, además, el control suficiente para que su rostro no se desfigure al cantar. Leda Vial posee un físico atractivo; pero... ¡le queda aún un largo camino por recorrer antes de poder enfrentar las cámaras! Iris del Valle muestra evidentes condiciones como actriz cómica. Sólo le falta mesura, para no caer en la exageración.

Entre los otros actores se destaca Lucy Lanny, quien da gracia y simpatía a su personaje. Desgraciadamente, no la favorecen el vestuario ni el maquillaje ni la iluminación. Sólo se ve bonita, como ella realmente lo es, en contadas escenas. Conchita Buxon muestra condiciones de actriz fogueada y enriquece el film con momentos de calidad. Los demás actores cumplen apenas mediocremente su labor. Imperfectos el argumento y guión de Rubén Darío Guevara. Durante tres cuartas partes del film no ocurre nada, para que luego el desenlace se precipite atropelladamente, quedando también el final en el vacío. Hay defectos de encuadre, fotografía y sonido. Pero no vale la pena entrar en detalles técnicos, ya que el publico sólo tomará la cinta como un pasatiempo sencillo, limitándose a reír por momentos y a escuchar las agradables canciones de Fernando Lecaros.

Articulo publicado originalmente en
Revista Ecran, nº906, 1 de junio de 1948.
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60 min.
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3 de noviembre de 1901
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