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CONTROL DE ESTRENOS: “El hombre que se llevaron”
Por Revista Ecran
Publicado en Revista Ecran, nº827, 26 de noviembre de 1946.

El cine chileno muestra en esta cinta un aspecto que no había explotado. Se trata del “suspenso”, concepción moderna, en la cual los acontecimientos se suceden en un ambiente denso, subrayado por la morbosidad de los personajes. La cinta no habría podido coger únicamente por su tema, ya que el argumento, poco más que esbozado, no ofrece variaciones. Interesa, porque ha sido elaborada para sorprender con imágenes audaces, visiones suprarrealistas y vueltas inesperadas. El director no obedeció a las normas inflexibles de la cinematografía corriente, y logró, sin duda, que el espectador esté siempre a la espera de acontecimientos que recalquen la impresión torturadora.

La cinta es, en general, opresiva. A veces quisiéramos que el director nos ofreciera un paréntesis de evación para aligerar la angusita. Sabemos que es hombre de ingenio, caricaturista, artífice del humorismo, y quizás esa idea preconcebida nos hace más imperiosa la necesidad de que alguna escena liviana interrumpa siquiera fugazmente la creciente tragedia. Pero eso no sucede, sino en una escena nocturna, en al cual uno de los detectives, acosado por el apetito, le quita a su compañero un salchichón para aplacar el hambre. Fuera de esta excepción, todo en el film contribuye a mantener en el espectador la sensación de que se aproxima un desenlace trágico.

El protagonista está envuelto en una red de circunstancias que empañan su inocencia, y se sabe condenado, a pesar de no haber delinquido. Merced a esta acumulación de detalles, se consigue hacer llegar hasta el público su tormenta interior. El director no quiere, en ningún momento, aflojar los hilos con que se va apretando el cerco. Sostiene el clima angustioso hasta el final, como para demostrar que una película podría interesar, tal cual fué concebida por realizadores a los cuales no pareció necesaria la escena jocosa.

Tal vez haya ahí un error. Se corre el peligro de defraudar a los espectadores que, tal vez, lleguen a tachar como falta de ritmo una cinta que es, sin duda, entre las que han salido de nuestros estudios, la que lo posee en mayor grado. De esta misma fuente manan las otras tachas de la cinta. Suele verse exagerada la actuación de los protagonistas, y uno se pregunta si era necesario cargar las tintas de la interpretación para mantener el clima que se había concebido.

Eloísa Cañizares, por ejemplo, resulta demasiado teatral, porque se empeña en dar intensidad a su voz, brusquedad a sus modales y un constante aire de desafío a su mirada. Es tal vez poco fotogénica. A pesar de su fama de belleza, en la cinta se ve desmejorada, coas que acaso calza con el papel de una mujer caída a una existencia azarosa. Algo de esto se puede aplicar también a Enrique Riveros, que por primera vez actúa en un film producido en su patria. Tiene prestancia y rostro atrayente. Lo adornan, sin duda, condiciones dramáticas, pero se le ve inclinado a exagerar las expresiones y guiños del rostro, en su afán, quizás, de dar intensidad a su complejo personaje. En cambio, Nury Montsé, actriz argentina, de corte juvenil, parece que en ciertos momentos gesticulara por el solo placer de hacerlo, especialmente en aquella parte que se desarrolla en la casa del astrólogo, cuando escucha las confidencias en la casa del astrólogo, cuando escucha las confidencias del protagonista. Orrequia, en un personaje extraño, y que nada tiene que ver con el desenvolvimiento central de la trama, trabaja bien, como de costumbre, aun cuando tal vez resulte excesivamente dulce. La labor del niño Jorge Ramos es muy promisoria. El resto del elenco se comporta discretamente, y sabe marchar con el ritmo impreso a la cinta.

En lo que se refiere a la técnica, los decorados son discretos, y la fotografía muy buena. Lástima grande es que la instrumentación de la música de fondo reste, a menudo, sugerencia a escenas que debieron ser tratadas en forma más severa.

El Hombre que se Llevaron”, en general, interesa, emociona y por momentos asombra. Pero, por su ambiente de suspenso y por otros aspectos que se han esbozado ya, es posible que no sea del gusto de todos los públicos. La primera parte está, sin duda, irreprochable, decae el nivel hacia la mitad, para levantarse de nuevo, aunque sin alcanzar, por cierto, la perfección del comienzo. Sobresale entre las producciones chilenas logradas hasta hoy, y, sin duda, su mérito se apoya en la labor del director. Por algo se le ha puesto a la cabeza de nuestros realizadores cinematográficos. Su nombre es Jorge Délano.

Articulo publicado originalmente en
Revista Ecran, nº827, 26 de noviembre de 1946.
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