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“Hollywood es así”
Por El Mercurio
Publicado en El Mercurio, 21 de diciembre de 1944.

"Hollywood es así” nos ha dado la revelación artística de Ricardo Moller. Este actor ha dado a su personaje mucho carácter y un original humorismo. Hay que reparar en que los actores cómicos, en casi todas las obras, están ayudados por las situaciones teatrales del argumento. El autor prepara el terreno cómico. En este caso el actor se vio solo; toda la gracia la arrancó del vigor de su tipo, de sus actitudes, de su trabajo personal. Ricardo Moller, interpretando un personaje grotesco, tuvo el acierto de mantener una línea discreta; su desenfado no necesitó recurrir a la exageración. Y fue muy bien compuesto su tipo, tan alto, con esas extravagantes melenas y sus ademanes melodramáticos.

La ligereza de esta obra ha sido magistralmente conseguida con la variedad de notas humorísticas, trucos, efectos originales y detalles interesantes. Si se exagera el número de estos recursos episódicos, la obra puede perder su unidad o su hilación. El triunfo de Coke se debió a su habilidad para graduar la cantidad de estos pequeños elementos. Así logró una gran amenidad, sin destruir la continuidad del argumento.

Además, el autor supo elegir un asunto simplísimo. Únicamente el tema simple puede resistir esta considerable cantidad de detalles que tienen vida propia o separada. Un argumento complicado se confundiría hasta quedar convertido en un laberinto si se le abruma con un exceso de pequeños detalles independientes.

Además, y esto es muy importante, hay que observar la variedad de los detalles cómicos. Algunos son originalísimos, como el huaso que aparece hablando inglés, porque al duende se le olvidó mover la palanca que combina los idiomas. Otros son más o menos explotados, pero de seguro efecto, como el que se refiere a Shakespeare. Otros parecen cuentos criollos, como el del extranjero que había conocido Chile cuando era Presidente el señor León. Esta variedad posee un raro valor. Casi todos los autores acumulan detalles cómicos de un mismo estilo, a veces tan parecidos que el espectador llega a sospechar el afecto que se acerca. Y el efecto ya descubierto no es efecto.

Los actores caracterizados de grandes personajes- Churchill, Stalin, Roosevelt- que María ve en el comedor de los estudios, no son más que juegos algo pueris, pero el autor los explotó tan rápidamente, que contribuyen a aumentar la amenidad de la película, sin comprometer su calidad.

 

Articulo publicado originalmente en
El Mercurio, 21 de diciembre de 1944.
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80 min.
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