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CONTROL DE ESTRENOS: “La Amarga Verdad”
Por Revista Ecran
Publicado en Revista Ecran, nº734, 13 de febrero de 1945.

CON la producción de “La Amarga Verdad” ha pretendido, sin duda, la empresa Chile Films, reconquistar el crédito artístico que se había malbaratado al producir “Romance de Medio Siglo”. Contrató un buen director chileno, con lo cual desagravió al gremio a quien había injustamente ofendido, y se esmeró en hacer rendir a cada uno de los elementos materiales de producción el máximo de su contenido. “La Amarga Verdad” es la materialización de un propósito de enmienda con el cual se acredita que Chile Films puede conquistar, si se esmera en ello, un sitio de categoría en el mercado cinematográfico.

ARGUMENTO. - En una noche de tormenta nacen, con diferencia de pocos minutos, el hijo de la patrona del fundo y el hijo de la antigua cocinera. El padre de la antigua cocinera. El padre del primero huye del hogar en esos mismos momentos, empujado por una morbosa obsesión. Pasa el tiempo, y el joven, hijo de la rica familia, comienza a percibir en torno a su vida algunas misteriosas sombras. Da por casualidad con su padre, recluido en un sanatorio particular, y de la trunca confesión de aquél se forja la ilusión de que es hijo adulterino. Pero la verdad es otra.

Si se nos pidiera calificar este argumento entre las obras del genio literario, vacilaríamos grandemente y acaso termináramos por afirmar que pertenece a las estratas más inferiores de la ramplonería literaria. Señalamos esta circunstancia para hacer ver cómo un buen director puede lograr con su talento elevar la categoría de la película en conjunto hasta hacer que se olvide la pobreza de la parte argumental.

DIRECCION. - De lo que llevamos dicho se desprende que el mayor mérito de la cinta recae sobre la dirección. Y efectivamente es así. Carlos Borcosque confirma ahora, sin ambages, sus títulos de gran director, los que le han dado ubicación de categoría en el cine argentino. No es la primera vez que dirige una película chilena, pero para el público de hoy, que no tiene presentes ya sus esfuerzos de otra etapa de nuestro cine, será un descubrimiento.

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¿Qué cabía hacer con ese argumento? O robustecer los toques de folletín, con lo cual habríamos tenido una cinta de corte de las mexicanas; o ennoblecerlo con toques discretos que produzcan en el ánimo del espectador una atención vigilante, la inquietud de una revelación siniestra, en “clima de suspenso”, que distingue a una parte de la mejor producción norteamericana de los últimos años. Borcosque optó por el segundo camino desde el primer momento logra armonizar el escenario, las palabras de los intérpretes, las fisonomías, los ruidos, inclusive en un cuadro destinado a impresionar fuertemente. Obvio es decir que en esa impresión toca la parte culminante a la fotografía de interiores, uno de los puntos fuertes de esta película, que por cierto merece consideración especial.

En su labor de dirección revela Borcosque a cada paso no sólo la maestría que ya le hemos reconocido, sino, además, una inteligencia extraordinaria para aprovechar lo justo a cada intérprete en cada situación. La única excepción que notamos a este respecto es la escena de canto en el cafetín, que resulta alargada y que es en todo caso postiza.

INTERPRETACION. - Al espectador que no siguiera de corrido esta película y que saliera por intervalos de la sala en que se exhibe, se le podría crear la impresión de que toda ella no es más que una prueba personal para establecer si Carlos Cores es o no fotogénico. Aparece demasiado en primer plano, en segundo plano, en todos los planos; y si hay en la pantalla otro rostro junto al suyo, un discreto (¿o indiscreto?) foco de luz se las arregla para que descuelle su fisonomía. Esta circunstancia es digna de ser señalada, porque la interpretación de Cores es, sin duda, sobresaliente, y acaso la mejor de su carrera artística, por lo menos la que anuncia la hora de su madurez en la escena cinematográfica. No es ya el galán frívolo de otras cintas: tiene una inquietud, se desvela por ella y sabe comunicar al espectador todas las emociones que lo visitan. Los focos discretos a que nos referíamos han dejado en la sombra, como ya dijimos, a los demás intérpretes, y he aquí que algunos, bregando contra la desventaja, logran hacerse notar del espectador. María Teresa Squella es la menos sacrificado: joven, bonita, por momentos muy expresiva, tiene un papel reducido pero simpático. Es la primera vez que actúa en el cine, y no puede decirse ya de ella que sea una simple promesa. Es una espléndida realidad.

El guión dejó un poco anémica la parte de diálogo que podía corresponder a Mafalda Tinelli, y es en los silencios en los cuales resulta ésta particularmente expresiva, pero del cual ha sacado mucho partido. Belleza madura para la película, hace un papel un tanto ingrato y deslucido, inferior a sus condiciones, inferior a sus méritos y a su belleza. No puede decirse lo mismo de Plácido Martín, cuyo desempeño está todo vinculado a un solo parlamento, largo, intenso, desbordante de interés y de emoción humana. El viejo actor logra calzar admirablemente en la intención de esta notable escena, que es por cierto una de las mejores de la película, gracias a la intensidad de la acción de Plácido Martín. Las demás actuaciones son discretas: Castro Oliveira ha adaptado su físico al papel intenso aunque breve que le correspondía. Elvira Quiroga tiene una actuación cortísima, pero desempeñada con la corrección de su tradicción artística. Onetto vuelve a señalar sus condiciones de actor cinematográfico, esta vez en un papel serio de hombre maduro; Moller desempeña discretamente al bondadoso médico y el resto del reparto actúa con mesura y corrección, destacándose en sus pequeñas actuaciones Nieves Yanko y Cora Díaz.

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TECNICA. - La fotografía e iluminación de la película nos parecen excepcionales. Todo film se desarrolla dentro de un tono opaco, que presta vigor a la dramaticidad del tema y al suspenso que sufrirá el espectador. Hay algunas esfumaciones un poco bruscas y otras un tanto largas, pero son éstos los únicos pequeños defectos que podríamos destacar dentro de una técnica espléndida. Iluminó Antonio Merayo y en algunas partes Fulvio Testi. La cámara fué manejada con maestría por Ricardo Younis. Bueno y claro el sonido que le imprimió Di Lauro, mientras que se destacan por su belleza y magnificencia los decorados ideados por Venegas Cifuentes, con la ayuda de Bartovic.

EN RESUMEN. - Lamentamos que el espacio no nos permita seguir destacando la labor personal de cada uno de los que han colaborado, para dar categoría a esta película, la mejor, sin duda, que, por su realización, nos haya ofrecido hasta este momento el cine chileno. Debemos mencionar la bonita confección de los títulos que son obra del dibujante Lautaro Alvial.

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Articulo publicado originalmente en
Revista Ecran, nº734, 13 de febrero de 1945.
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