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El chico Escudero, 26 años, es el Disney chileno: se va a E.E.U.U.
Por Dick
Publicado en Revista Ercilla, Nº345, Santiago, 10 de diciembre, 1941.

El chico Escudero, 26 años

ES EL DISNEY CHILENO CHILENO: SE VA A E.E.U.U.

 

Hace, mas o menos, dos años, Jaime Escudero, estudiante de arquitectura, demostraba en sus clases un aire distraído que alarmaba a profesores y patios. Vivía como en otro mundo. Se le creyó enfermo del hígado. O enamorado. O víctima de deudas inconfesables. Sin embargo . . .

PLUTO, MICKEY, DONALD

He ahí la razón. La magia cromática de los “cartoons” daba vueltas en el cerebro de Jaime Escudero, acosándolo noches y días, saltándole en los ojos, en un desfile multicolor de gestos rápidos, esquemáticos inverosímiles. El universo de Walt Disney, con sus árboles que se convierten en cajones, sus ferrocarriles que se estiran como gomas de mascar, sus montañas con ojos, sus automóviles con manos, giraba en torno del joven estudiante.

Allí, en la Universidad, lo obligaban a medir y ubicar cañerías exactas, techumbres, capiteles, luces indirectas. Para él le resultaba mucho más grato imaginar los gritos de Donald, los arrumacos sentimentales de Mickey Mouse y ese gesto infinitamente humano, Pluto.

Y así fue cómo . . .

¡IDEA! . . . ¡IDEA! . . .

…Igual que en las historietas gráficas, tuvo su idea luminosa: también él haría dibujos animados. ¿Por qué no? ¿Acaso no acostumbraba, en plena clase de trigonometría, dibujar en caricaturas a los serios maestros y a sus pintorescos compañeros? ¿Acaso, cuando iba por la calle, no advertía en el gesto rígido de los caballeros, en el ondulante de las muchachas, en el melancólico de los tranvías, un mundo fantástico, de leyenda purísima, matutino de picardía y gracia?

No lo pensó más. Lápiz en mano, ojo alerta, mangas subidas al codo, frente a una montaña de blancos papeles, empezó su tarea de dibujante. 

BOCETOS Y MODELOS

El primer escollo del muchacho fue elegir sus modelos. Le resultaba imposible inventar rostros, imaginar movimientos. Era preciso buscar en la realidad, conseguir un equipo de ayudantes. Pero, ¿en dónde encontrar colaboradores discretos, que supieran mantener reserva, que guardaran el debido y necesario silencio? Escudero comprendía que era preciso trabajar en la sombra. Se respetaba demasiado a sí mismo y estaba dispuesto a ocultar celosamente sus experiencias. Ya llegaría el momento de publicarlo. Por ahora: misterio.

Labor de constancia admirable que demuestra el carácter a toda prueba de este muchacho ejemplar. Penosa y lentamente, fueron pasando los meses. Como en una sociedad secreta, de cábala oculta, fue eligiendo sus colaboradores. Un año y otro, le sorprendieron experimentando, gastando papel y tinta improvisando elementos técnicos, arriesgando sus escasos ahorros, en un solemne anonimato de auténtico creador. Fracasos, titubeos, escollos, toda clase de dificultades asaltaban su labor de noche y día corridos. Pero él seguía adelante, más seguro que nunca.

El cronista que esto escribe fue una de las contadas personas a quienes se confió Jaime Escudero en sus primeras andanzas. Recuerdo que, una noche, después de un solemne juramento que no “revelaría nada de lo que allí viera”, llegué a la calle San Francisco, a la cuarta o quinta cuadra. Me esperaban Jaime y sus compañeros de labor. Empezó la exhibición. Con gran sorpresa de mi parte, me fueron presentando dibujos que revelaban un talento y una maestría extraordinarios. Más que un trazo mismo y la agilidad de factura, lo que más me sorprendió fue el humorismo psicológico de cada personaje de los “cartoons”: el cóndor Copuchita, el puma Manihuel, el gallo Ño Benaiga, un caballo esmirriado, una deliciosa fauna llena de candor, sutileza y vida.

DISNEY SE ALOCÓ

Los días puede contarse: un mes apenas. Desde el cielo, como los profetas o los héroes de los cuentos , aterrizó Walt Disney en Chile. Disney, o sea: el sumo pontífice de los dibujos animados, su canciller oficial. Llegó con su gran sonrisa y su paso elástico.

 –Hello, boy! . . .

Jaime Escudero batió palmas. Por fin, había llegado su hora. Disney asistió a una exhibición. No pudo menos que sorprenderse ya abrazar a los muchachos.

–Trabajarán conmigo en Hollywood– les dijo.

¿No es acaso un triunfo completo? Después de años de silencio, ¡zas! La consagración, como un fogonazo eléctrico. Y aquí están, ahora, los muchachos, optimistas y jubilosos. La cinta acaba de ser exhibida al Ministro Shnake, con el siguiente resultado: el propio Gobierno los enviará a los Estados Unidos, a perfeccionarse.

ESCUDERO, TRUPP Y CIA.

No se asusten, lectores. No se trata de ninguna sociedad de minas. Son Jaime Escudero y Carlos Trupp, productores de dibujos animados en Chile. No crean ustedes que son unos señorones barbinegros y ceñudos. Son los mismos muchachos que, no hace mucho tiempo, me decían:

 –Jura que no le contarás a nadie . . .

Los mismos. Aunque la suerte les sonríe y tal vez la fortuna, son tan sanos, tan soñadores, tan leales como antes. El mundo de los dibujos animados es un paraíso de fantasía y bondad.

DICK

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EL CHICO ESCUDERO ha formado una sociedad con los cabros con quienes trabajó silenciosamente, durante varios años, en crear un tipo de dibujos para el cine, inspirado en las experiencias de Walt Disney. Su propósito ha sido cumplido con amplitud.

Walt Disney vió los monos de Escudero y se sintió feliz de tener un sucesor. Autoridades han visto el primer desfile chinesco de los tipos chilenos caricaturizados por Escudero, Trupp y Cía. y los han aplaudido. Escudero irá enviado por el Gobierno a EEUU. para perfeccionar su experiencia. Aquí están los dibujos hijos de nuestros inspirados estudiantes de Arquitectura. Todos bien ambientados: la vampiresa Clarita, con su estrella de 5 untas en el cabello, el cóndor Copuchita, el guaso “Ño Benaiga” y el puma “Manihuel”. Se mueven cabrioleando los rincones sicológicos de los personajes que representan y revelando las miserias y virtudes de nuestro ambiente. Nuestro mundo cinematográfico puede enriquecerse produciendo en grande este aspecto modernísimo de la cinematografía, cuyo propulsor ha sido el Mago Disney.

Aunque los monos de Escudero tienen los defectos propios de la iniciación y las imperfecciones que imponen la falta de los elementos técnicos que Escudero y sus fieles compañeros han tenido que trabajar, el rollo de película que nos han hecho admirar son revelación de sus grandes dotes de dibujante creador, animador y posible capitán de empresa que, acaso como Disney, podrá saltar al primer plano del mundo del celuloide.

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Nota: El texto ha sido transcrito respetando la ortografía que presenta el artículo original.  

Articulo publicado originalmente en
Revista Ercilla, Nº345, Santiago, 10 de diciembre, 1941.
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