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Hay en Santiago una sucursal de Walt Disney
Por Suetonio
Publicado en Revista Ecran, Nº562, Santiago, 28 de octubre, 1941.

Hay en Santiago una sucursal de Walt Disney

La literatura perdió a Gene Tunney. Era demasiado sensible y romántico. Y un boxeador no tiene derecho a eso. El arte es casi inconcebible en los individuos cuyo peso sobrepasa los 70 kilos. Carlos Trupp, precursor de los dibujos animados en Chile, disputó campeonatos nacionales de natación. Y los compases, el tiralíneas, las sombras y los grises perdieron al as acuático. Lo sustrajeron. Le echaron encima su fantasía.

NOCHE A NOCHE

A Edgar Allan Poe le arruinó una noche entera ese cuervo que sólo decía: “nunca más”. A Trupp le costaron muchas horas sin sueño sus proyectos  de dibujante. Primera fue la idea de establecer una oficina de publicidad y, luego, la de ubicar en Santiago una sucursal del ingenio de Walt Disney. ¿Cómo empezar? El nos cuenta:

–A medida que se presentaban las dificultades las íbamos salvando. Nos conseguimos una cámara con René Berthelon y luego adquirimos una propia. Nos sobraban lápices y papeles y el entusiasmo andaba hasta por debajo de las mesas . . . Pero . . . , vamos a ver eso.

ESO ES TODO

Y nos fuimos una tarde acortando la calle Lira. Esta es la casa. Aquí están los talleres. El hall y el salón representan un mar alborotado. De alambres, prendidos con “perritos” de lavandera, penden centenares de cartones y láminas de celuloide. Casi tapado por los materiales, la sonrisa del “socio” –Jaime Escudero– vuelca una bocanada de humo. Humo negro de remolcador, o quién sabe si de usina.

–Optimistas los muchachos, ¿no?

–Partimos sin saber casi en lo que nos metíamos. Ahora ya puede decirse que vamos muy adelantados. Lo que antes nos exigía una semana de estudios ahora lo resolvemos en un día. Ya sabemos algo. No vamos a tan a ciegas. ¡Hay que ver! Sufrimos muchas desilusiones. Nos trataron con la más cruel indiferencia. A pesar de todo estamos contentos. Hemos encontrado personas –como Mario Rebolledo y René Berthelon– que nos han apoyado con desinterés impagable.

QUIEN PRESTA . . .

–¿Y cómo han resuelto el problema económico?

Trupp respira como después de una zambullida:

 –En los comienzos logramos conseguir dos préstamos de cinco mil pesos y después nos hemos “batido” con el producto de algunos trabajillos que hacemos por las noches: planos arquitectónicos, dibujos de propaganda, etc. Así podemos comprar películas y tintas. Pero, ¡qué importan los sacrificios! Queremos dar forma aun gran anhelo: hacer la primera película de dibujos animados de Chile a base de música nuestra y personajes típicamente criollos.

–Cómo se llaman esos personajes?

  –Un huaso, Ño Benaiga, representado por un gallo que tiene mucho corazón. Un “roto”, representado por un cóndor, pintoresco y hablador. Un araucano, personificado en un puma taciturno, “Manihuel” y una chiquilla bonita, la “Clarita”.

–Bien, pues, hijos de Walt Disney. Ustedes pudieron derribar los molinos que ensoberbecieron al ingenioso Hidalgo. Las gentes opinarán como se les antoje cuando hayan entregado ese trabajo de chinos. Unas comprenderán. Las otras les sacarán en cuero en cualquiera esquina, a pulso, fumándose un cigarrillo hecho a máquina, delgado como un pantalón antiguo. ¡Qué diablos! Hay que poner el pecho duro. Y en la calle Lira ya andaban sueltos los fantasmas de la medianoche . . . 

SUETONIO.

 

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Nota: El texto ha sido transcrito respetando la ortografía que presenta el artículo original.  

Articulo publicado originalmente en
Revista Ecran, Nº562, Santiago, 28 de octubre, 1941.
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