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Carlos del Mudo, el ex director de películas chilenas, opina sobre "El hechizo del trigal"
Por Carlos del Mudo
Publicado en Revista Ercilla, Santiago, 28 de abril de 1939.

"ERCILLA" solicitó a Carlos del Mudo un juicio crítico del film chileno "El hechizo del trigal", que se estrenó el martes en Valparaíso. El autor de esta crónica es uno de los pioneer de la cinematografía nacional. Es autor, actor y productor de películas, como "Incendio" y "Un grito en el mar". Hace años estuvo en Alemania, donde se vinculó a los estudios de mayor renombre. Allá dirigió a la recordada actriz Lya de Putti y a otros actores que hoy constituyen brillantes acontecimientos artísticos.

He aquí la opinión de Del Mudo. Los redactores de "ERCILLA" aún no han tenido ocasión de juzgarla, y al publicar el severo análisis del colaborador, quieren dejar constancia del carácter personal del juicio que va a leerse.

 

Hacer crítica de una cinta chilena es criticarnos a nosotros mismos. Cabe, entonces, esta pregunta: ¿debemos ser magnánimos o justos? Por tratarse del futuro cinematográfico nacional -dado que esta producción, dentro de lo sonoro, es el balbuceo- no cabe otro dilema que ser justos.

ARGUMENTO: Carencia absoluta de originalidad... De este mal paso no culpamos al autor, ya que todos nos consideramos cinematurgos, sino a los productores, inversionistas de una fuerte cantidad de dinero y responsables del desenvolvimiento cinematográfico chileno, al especular con un argumento tonto, pesado e infantil...

Adaptación cinematográfica cursi, de un cursilismo desesperante, con diálogo de literatura "ñoña"...

FOTOGRAFIA: Con los equipos y laboratorios que han servido para la realización de esta película, no puede pedirse algo mejor. Cierto que casi la totalidad de las escenas están tomadas en exteriores y fallar con nuestra magnífica luz, sería inaceptable. De todos modos, felicitamos al cameraman en lo que respecta a la toma de vistas. Hay acierto, cuidado y gusto.

MUSICA: Magnífica orquestación. Superior a muchas cintas mexicanas y argentinas. Pero sin canción alguna de trascendencia.

SONIDO: Sin ser perfecto, digno de todo encomio, y más, por ser la impresión de sonido con equipo de fabricación nacional.

TECNICA: Buena en lo que se refiere a fotografía, sonido y copias, pero falta de sincronización en ciertas canciones.

ACTUACION: Por elemento aficionado. De este craso error responsabilizamos abiertamente y con toda energía a la dirección artística. En Chile tenemos actores de teatros y de experiencia cinematográfica. Eludirlos es poner en ridículo la cinematografía nacional. No es posible exponer nuestra incipiente industria a señores y señoritas ajenos a la profesión escénica. El Ministro del Trabajo debiera tomar debida nota de esto con los sindicatos respectivos.

DIRECCION: Pésima. Es incomprensible que los productores hayan tomado un director de nacionalidad italiana de corta estada en el país, paa la realización de un film chileno y además criollo. Así se desprende que las escenas carezcan de todo sentimiento nacional, faltando alma, color, idiosincracia, vida nuestra... No basta colocarle manta y espuelas a un señor cualquiera, es necesario darle, a la vez, carácter y personalidad de guaso, por su modo de ser, por su modo de decir... ¿Dónde se ha visto un guaso hablando como un anunciador de radio? ¿Es concebible que en una película campera, los guasos que protagonizan la obra no ejecuten una prueba ecuestre -que cupo hacerlas en el rodeo- ni tan siquiera monten a caballo? Sin embargo, hay un constante abuso de poses, -escuela italiana muy 1914,- de los protagonistas. Es bochornoso convertir nuestro nunca mal pensado aspecto viril en lánguidas demostraciones.

Se abusa también del detalle grotesco. Fuera del paisaje, no hay un detalle digno y nole. (No menciono las escenas del incendio, porque son ridículas. A una criatura se le hubiese ocurrido algo más emocionante.)

Y por último, nuestra cueca, tan diggna como nuestro himno nacional ha sido llevada incongruentemente, careciendo en absoluto del ritmo coreográfico y musical explotada como zarabanda absurda de espuelas, calzones, guitarras, "potrillos"... La cueca, como la ejecutan los guasos, no hablo de las "chinganas", tiene algo de rito, de holocausto, de ofrecimiento rítmico y galante... No podemos permitir que venga un señor de afuera y convierta nuestro baile nacional en algo grotesco e irrisorio.

Y me permito llamar la atención al Ministro de Fomento para que cree, dentro de su jurisdicción un control de esta llave, en beneficio del país, que es la cinematografía nacional. Unica llave que nos podrá abrir las puertas del mundo.

Articulo publicado originalmente en
Revista Ercilla, Santiago, 28 de abril de 1939.
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80 min.
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