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"Dos Corazones y una Tonada"
Por D. de la V.
Publicado en El Mercurio, Santiago, Miércoles 6 de diciembre de 1939.

Los pequeños episodios campesinos que dan un agradable color local a esta película, son frescos, vivos y están realizados con sobriedad ejemplar. Las escenas del automóvil de Angelito, las velas encendidas al ánima junto al estero, y la tonada en el día de lluvia, son breves cuadros muy chilenos, que animan graciosamente la película. Pero estos aciertos, que merecen la entusiasta acogida que les dispensó el público, están engastados en un argumento lánguido y confuso, que carece de interés novelesco. El argumento se arrastra, y es sostenido por los breves episodios que ya anotamos, y por los numeros musicales que están bien elegidos y mejor interpretados.

Y esta comedia no termina, sino que se derrumba. No parece que Marian se arrepintiese de escaparse de la casa de Jorge, sino que no alcanza a tomar el avión. No se trata de un fenómeno sentimental, sino de una cuestión de itinerario. En ningún momento, después que sale de la casa de Jorge, se ven las luchas morales de Mariana, las vacilaciones y, por fin, el triunfo del arrepentimiento. Cuando va en el automóvil, solo vemos a una señora que viaja muy nerviosa porque comprende su atraso.

Rafael Frontaura tiene grandes condiciones de actor cinematográfico. Es sobrio, habla bien y posee una excelente figura. En casi todas las escenas revela su calidad de actor, su dominio escénico y su experiencia. Los Cuatro Huasos son elementos magníficos para el cine, y en el éxito de esta película han contribuido con eficacia.

En las escenas a media luz, la fotografía no satisface. Ese exterior del Casino en la noche, es uno de los lunares de la película.

La escena en que se conocen Mariana y Jorge, es deslucida. No es posible creer que Mariana, que es tan valiente en otras ocasiones, sufra un desvanecimiento porque un cazador dispara su escopeta. Y el desvanecimiento es tan enorme, que algunos de los amigos creen que Mariana está herida. Es falso. Y aunque fuese inverosímil, no dejaría de ser ridículo. Y además, es detalle innecesario.

En "Dos corazones y una tonada", hay paisajes y escenarios muy hermosos. Y las frases que se ponen en los labios de Angelito, son graciosísimas, espontáneas y de gran efecto. El público las recibió con muy justificado entusiasmo.

Articulo publicado originalmente en
El Mercurio, Santiago, Miércoles 6 de diciembre de 1939.
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