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El diálogo de América
Por H. Balic
Publicado en Revista Primer Plano, nº3, invierno de 1972
Las extraordinarias posibilidades cinematográficas que la visita de Fidel Castro a Chile ofrecía para usar los mecanismos del documental, son desperdiciadas, de una manera total por Alvaro Covacevich en este mediometraje que pretende enfrentar de un modo vivo, a través de las figuras del Premier cubano y del Presidente de Chile, las realidades de la revolución del 59 con las de la vía chilena hacia el socialismo.

Convacevich logró reunir, por espacio de 45 minutos, a ambos líderes y hacerlos dialogar sobre los problemas del subdesarrollo, el imperialismo y los diversos caminos políticos que existen para pasar de una sociedad capitalista a una de corte socialista. Nadie, en esta perspectiva, podría discutir o desconocer el valor periodístico de El diálogo de América. Nadie, tampoco, podría desinteresarse frente a los planteamientos, que, sobre la revolución latinoamericana, desarollan Allende y Castro, más allá de posiciones personales. Lo que la banda sonora del filme registra es de un interés evidente. Pero, de igual manera, nadie podría dejar de percibir que todo un precioso material histórica se desperdicia por causa de una realización en extremo floja, desprovista de imaginación, y, desde el punto de vista técnico, ampliamente superada por los noticiarios de televisión.

El filme está concebido sobre dos elementos básicos que se van alternando a lo largo de la narración: uno es el diálogo mismo, efectuado en la residencia del Primer Mandatario chileno y, el otro, es una sucesión de fotos fijas que pretenden ilustrar los diversos temas que son abordados en la conversación.

Con respecto al primero, habría que acotar que Covacevich, en ningún momento, trata de aproximarse a sus entrevistados con originalidad para captar una infinidad de gestos y reacciones dignos de ser explotados en función de la dinámica del relato. Una cámara plana se limita a trasladarse de Allende a Castro (sentados) y de Castro a Allende con una abulia inexplicable.

En cuanto al segundo elemento, la utilización de la foto fija, tendríamos que decir, y recordar, que los cubanos, con muchos menos recursos (pensamos, por ejemplo, en esa obra maestra de Santiago Alvarez llamada LBJ, construida, casi totalmente, a base de recortes de Playboy y Life) y ya hace varios años, introdujeron sobre el particular algunas pautas fundamentales, imposibles hoy de ignorar, y que Covacevich se empeña en derogar. Su tratamiento de la foto fija, como resorte dramático, como mecanismo estético, como recurso pedagógico, resulta prehistórico y, también, superado por los más modestos informativos de la televisión chilena.

El filme se abre y se cierra con algunas vistas del periplo de Castro por el país, dignas por su estructuración, de los peores Emelcos que en el mundo han sido. Un color de malísimas tonalidades hace aún más chato este reportaje, cuyo valor documental se ubica más allá de él mismo y que, en lo profundo, demuestra la falta de creatividad del autor de Morir un poco (1967) y New Love (1969).

En el mismo programa de exhibición de El diálogo de América, se incluye un sereno y hermoso documental, de 35 minutos de duración, de realizador soviético Mijail Romm, titulado Lenin en Vida, que constituye toda una lección sobre el uso y posibilidades del cine documental: con un material mucho más estrecho que el de Covacevich (que pudo disponer de un número ilimitado de metros de película), el director de Fascismo corriente, echando mano de archivos y museos, traspasa los marcos del periodismo audiovisual y reconstruye la imagen de Lenin a base de una dinámica cinematográfica que surge de la fuerza del montaje y de un ritmo armonioso y fluctuante.

Y es, precisamente, en la falta de un montaje inteligente y de un ritmo creativo donde pueden encontrarse las causas finales de la petrificación de las imágenes de Covacevich, tal vez rescatables para los archivos, pero jamás para el cine nacional.

Articulo publicado originalmente en
Revista Primer Plano, nº3, invierno de 1972
Película relacionada
45 min.
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3 de noviembre de 1933
Santiago, Chile
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