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La vida y el biógrafo (A propósito de “LUZ Y SOMBRA”)
Por J. Arias
Publicado en Sucesos, Santiago, 27 de mayo de 1926.

Acabo de asistir a la 5.a representación de “LUZ Y SOMBRA”, con teatro desbordante; y conste que el valor de la butaca es de seis pesos. No podría, pues, negarse que esta película nacional ha tenido un éxito completo.

¿A qué se da debido tal éxito? Es lo que vamos a examinar. Para juzgar una película, hay que tomar en cuenta tres factores: la parte fotográfica; los actores y el argumento.

sucesos4_27051926.jpgRespecto del primer punto, nada hay que objetar. Por el contrario: es este tal vez, en cuanto a factura, la mejor película nacional estrenada hasta ahora. Desde las primeras escenas, nos hacemos la ilusión de que no es algo hecho aquí, sino en Estados Unidos.

Entre los actores, preciso es elogiar ante todo, a la señorita Amenábar Prieto. A su hermosa figura, une una aguda comprensión de un papel: nada de gestos exagerados, ni de poses poco naturales. Nos resulta en total una actriz consumada.

Don Federico Helfmann, igualmente muy en su rol: un perfecto millonario de la 5.a Avenida, Don Rafael Larson tiene a su cargo la tarea ingrata del traidor y hay que convenir en que lo hizo muy bien.

Se cree generalmente, que el traidor de drama o de película ha de ser antipático y tener el ceño duro; y no es así: esos traidores son más comúnmente melosos, de figura risueña, porque la traición anda unida con la hipocresía. Es el traidor que nos hizo Larson, con justa razón.

Otro acierto de la película, es el anarquista. El anarquista clásico es un hombre de barba birsuta, desgreñado y mal vestido; sobre todo, un hombre ya la representación anda muy acertada. Vamos ahora al argumento. Es perfectamente yanquí, lo que vale decir que tiene poco contraste con la vida real. Estos argumentos norteamericanos, adaptado a las películas, están hechos de grandes casualidades y de coincidencias maravillosas. Todo sucede a su debido tiempo y a gisto del espectador. Cuando ya el puñal del asesino va a caer sobre el pecho del inocente, se presenta un salvador como caído del celo. Hay un dios del biógrafo que arregla las cosas muy bien, que nunca se equivoca ni llega tarde. Si para algo sirven las matemáticas, es para las películas yanquis o muchas europeas. Todo marcha como un reloj y el malvado resulta siempre castigado y la inocencia esclarecida.

En “LUZ Y SOMBRA” hay un fusilamiento, y por supuesto que cuando los soldados ya están listos para disparar, llega corriendo el verdadera culpable. ¡Esto es lo que le gusta al público! Por lo demás, lo del fusilamiento está admirablemente hecho, con detalles impresionantes.

Aunque no tiene mucha relación con el argumento, aparece el incendio de la Compañía. Sus escenas un poco rápidas, no dan, es claro, una impresión total sobre aquella tragedia; pero resulta de efecto. Coke hizo un milagro con los pocos elementos que tuvo a mano. Para hacerlo con propiedad se necesitaba un gasto de cien mil pesos, y Coke gastaría la décima parte.

Ahora bien, ¿a qué se ha debido el éxito teatral de esta película? En nustra opinión, a su presentación y buenas fotografías, buenos actores, excelente dirección de las escenas. Coke, el director, nos ha sostenido que el éxito se debe a lo trágico del argumento. Por corrompido que esté el gusto del público con la mayoría de las películas norteamericanas, ya se estará aburriendo de estas tragedias que se inician y no se verifican. Pronto va a ser necesario darle otra cosa. El biógrafo con aspecto de melodrama, morirá, como han muerto las novelas por entregas. Por evolución natural llegaremos a algo más conforme con la vida.

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Articulo publicado originalmente en
Sucesos, Santiago, 27 de mayo de 1926.
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