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Malta con Huevo, de Cristobal Valderrama
Por Cinechileno.wordpress.com
Publicado en Sitio Cinechileno.wordpress.com

1-. Circunstancias que rodearon el nacimiento del film.

Todo empezó con el cortometraje de titulación de la Escuela de Cine que dirigí en 1999. Lo filmamos en un momento complicado para mí. Tenía una hija recién nacida, y necesitaba urgentemente ponerme a trabajar en lo que fuera (que terminó siendo en un banco). Daniel Henríquez Ilic, el sonidista, cayó enfermo el día del rodaje, y decidí filmar igual, tomando sonido de referencia. Después de varios años el cortometraje siguió inconcluso, y cuando decidimos rehacer todo el sonido, nos demoramos otros dos años en completarlo. Al final, ni siquiera me gustaba el corto en sí, y apenas lo completamos lo guardé. La Escuela de Cine lo envió al concurso de cortos de Uniacc, donde ganó el premio a la mejor película. El premio lo entregó Alex de la Iglesia, y yo no me enteré hasta como tres semanas después de la ceremonia. Ni siquiera sabía que había concursado.

El premio en sí consistía en 12 latas de película virgen que entregaba Kodak. Al no poder cambiarlas por plata en efectivo, me obligaban a filmarlas. Pensé en escribir un guión muy barato de producir para poder usar esas latas consiguiéndome la cámara y trabajando con amigos, filmando en mi propia casa y todo. Ese guión lentamente empezó a crecer, y una vez que ya tenía forma empezaron a asociarse los distintos involucrados. Nicolás Saavedra fue el primero, y luego, René Martín, que fue el asistente de dirección de la película, me dijo que le había contado la historia a Alberto Fuguet, y que le interesaba leerse el guión porque estaba armando una productora de cine con otros socios y les podría interesar. A esas alturas yo estaba bastante complicado porque no me animaba a dirigir y producir yo solo el proyecto. Les envié una copia del guión y a los pocos días tuvimos una reunión donde ellos me ofrecían producir la película. Uno imagina que normalmente es al revés, pero en este caso resultó así. Fue ahí donde empezó a echarse a rodar con más fuerza esa bola de nieve que es empujar un proyecto como éste.

2-. Elaboración y construcción del guión.

El guión lo escribimos entre mi amigo novelista Carlos Labbé y yo. Trabajamos juntos del siguiente modo: Nos juntábamos dos o tres veces a la semana por un par de horas. En ese rato, aprovechábamos al máximo el tiempo abordando los problemas del guión en una conversación abierta, tratando de encontrar las mejores soluciones posibles. Dado que una vez que el guión estuviera completado yo seguiría en la larga y complicada etapa de preproducción, rodaje y post y él no (es decir, que a mi me tocaría dirigir nuestra historia), teníamos el acuerdo explícito de inclinarnos a resolver más que nada mis propias inquietudes frente al guión. Distinto hubiera sido si juntos hubiéramos escrito una novela, donde nuestros roles serían equivalentes. Eso me parece importante de dejar en claro desde el principio, para tener los egos de lado y saber qué objetivo estamos cumpliendo: no es escribir una historia juntos, sino crear el mapa básico de un proceso mucho más largo. Lo cual no quiere decir que solo había que darme en el gusto a mí. Una de las gracias de trabajar de este modo es que permitía que él tuviera una saludable distancia crítica frente a la historia, algo que yo no tenía, por estar tan encima.

Después de cada una de esas reuniones, donde yo apuntaba las ideas y soluciones que surgían, Carlos se iba y yo seguía escribiendo, pasando en limpio los apuntes para tener una nueva versión de la historia para la reunión siguiente. Antes de la reunión volvía a leer el texto, anotando los problemas que encontraba, que eran los puntos que abordábamos directamente en la reunión.

Tratamos de dejar el formato de guión y los diálogos para lo último. Construimos el argumento a partir de la idea precisa de contar lo que ocurre en una casa visto por los tres personajes que viven en ella, y donde cada uno vive una película de un subgénero distinto. Uno vive una comedia romántica, otro una comedia fantástica, y el último una comedia negra.

Esa era la premisa inicial. El tratamiento de veinte páginas que escribimos ganó el fondo CORFO, que nos permitió concentrarnos en trabajar en él de modo sistemático durante un año. El tratamiento lo fuimos haciendo crecer en descripciones y detalles, hasta el punto en que casi pedía a los gritos ser dividido por locaciones y tener diálogos. Eso entró mucho después en la trama. Mucho tiempo invertimos en resolver los problemas de continuidad entre una historia y la otra, que ocurren al mismo tiempo. Mientras un personaje entra corriendo a la casa había que tener cuidado que en ese momento estaba ocurriendo otra cosa en la casa en otra historia, y hacer calzar todas esas conexiones. Todo eso nos llevó a confeccionar un calendario donde marcábamos qué ocurría donde y cuando según las historias. Encima, uno de los personajes viajaba en el tiempo, por lo que complicaba todavía más la continuidad. Fue bastante demandante.
Finalmente, en la primera versión de guión, que era bastante larga, nos dimos cuenta de la diferencia grave de tono entre la historia de Rocío, la chica, que era más romántica y seria, en contraposición con las otras dos, las de Vladimir y Jorge, que eran mucho más rocambolescas y absurdas. La diferencia de tono hacía que costara “entrar” en el relato, y se hacía pesado ver terminar la segunda y empezar la tercera. Carlos Flores me sugirió eliminar completamente la primera, y ahí el guión se levantó. Empezaba directamente con Vladimir metiéndose en una cama ajena, estableciendo el tono de la película y el perfil de personaje de inmediato. Solo entonces, cuando se volvieron dos historias, es que hizo falta conectarlas de un modo más fuerte, y fue recién ahí cuando incluimos la idea de la malta con huevo, que era algo bizarro, muy chileno, y sonaba ridículo.

Lo cierto es que nunca dejamos de escribir el guión, hasta el mismo rodaje seguimos haciendo correcciones, sin parar.

3-. Problemas particulares de la puesta en escena del film.

En general no tuvimos grandes problemas en la logística de la producción. Siempre pasan algunas cosas, pero lo más grave que recuerdo fue un día que llovió y teníamos que hacer la escena del entierro, al aire libre, de amanecida. Tuvimos que suspender, lo que nos significó agregar media jornada al plan de filmación. De 24 días pasamos a 25. Fuera de eso, lo más exigente físicamente fueron dos noches completas que pasamos en la plaza del barrio, ubicada en la comuna de Macul. Ahí filmamos a Vladimir huyendo del grandote de la botillería y luego la escena del crimen. Como Javiera Díaz de Valdés llevaba un vestuario muy ligero y veraniego, pasarnos esas dos noches fueron muy frías. Estábamos en abril, pero ya de noche la temperatura bajaba muchísimo. Todo eso pone algo más nervioso al equipo, y todo anda más lento. Encima, creo que ya era el final de la semana que filmamos de noche, y al cabo de varias noches completas así, el cuerpo se resiente mucho. Encima, había una iglesia en la plaza, y coincidió que era domingo de ramos, el final de la semana santa. Hubo misa de gallo, con campanadas y asistencia. Eso dificultó algunas horas, que siempre son demasiado pocas.

Como sea, la primera semana de rodaje fueron los exteriores de día, que resolvimos bastante bien. Lo que cuento fue la segunda semana, toda de noche. La tercera y cuarta semanas estuvimos siempre dentro de la locación principal, la casa de los chicos, donde estábamos muy cómodos. El equipo de arte había ambientado toda la casa, por lo que podíamos filmar en todas direcciones, y además disimulamos el hecho de que la casa tenía un segundo piso. Dos piezas y un baño, que usamos para vestuario y maquillaje, y para un escritorio para producción y asistencia de dirección. Eso mantenía un segundo ambiente aislado del set, por lo que acomodaba mucho a quienes podían descansar un poco, para que los actores tuvieran un espacio aparte, y para el trabajo de avance que se estaba haciendo constantemente.

Algo que me di cuenta en el set fue que decidir hacer una comedia fe un buen acierto para una primera película. Crea un clima alegre y relativamente distendido, donde se presta para que surjan bromas que eventualmente puedan incluirse en la escena. Hay una camaradería diferente a la de un equipo realizando un drama. No más apegada necesariamente, peor sin duda más alegre, lo cual siempre es una ayuda en una producción de bajo presupuesto.
Finalmente, supongo que en todas las producciones de cine el principal problema es el mismo: el tiempo nunca es suficiente.

4-. Estimación personal del resultado comercial y artístico de la película respecto a las esperanzas iniciales.

¿Qué puedo decir? Hacer esa película fue un sueño, y la fuente de mis mayores satisfacciones. Trabajar con pocos recursos limita ciertas situaciones, pero al mismo tiempo te da una enorme libertad; te libera de hacer compromisos. En ese sentido hicimos la película que imaginé, con el aporte de todos los involucrados. Un trabajo de este tipo, de mediana envergadura, larga elaboración y limitado presupuesto, hace que los participantes trabajen motivados ante todo por las ganas de hacer la película, más que por beneficios económicos o estratégicos. Ese amor por lo que se pueda conseguir en conjunto es algo muy palpable, que no se siente con tanta intensidad en un set de televisión, o de comerciales.

Lo demás, tras el estreno, es una lluvia de emociones, agradables y desagradables. Es difícil estar preparado emocionalmente para algo que te sobrepasa tanto. Porque es algo muy personal, que has empujado a puertas cerradas durante demasiado tiempo. Con colaboradores, pero siempre en privado. Y de pronto está en la calle, en los cines, en todos lados, y tú quieres y necesitas que todo el mundo la vea. Y todo, el mundo que conoces se entera de este asunto. Todo mundo va a opinar lo que le venga en gana de tu trabajo, con perfecto derecho, más encima. Gente que conoces y quieres, gente que no quieres tanto, y mucha, mucha gente que ni siquiera conoces, incluyendo a los críticos. Y con los costos económicos involucrados y el estado inmediatista de la industria mundial del cine hoy por hoy, tu película pasa a ser un negocio mucho más que un asunto personal. Es complicado, entiendo que mucha gente no tenga el estómago para bancarse algo así.

Desgraciadamente, quedé hecho un adicto. Quiero más.

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22 de agosto 1976
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