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La ley fatal
Por Revista Sucesos
Publicado en Sucesos, Santiago, 10 de diciembre de 1925.

Por los artistas chilenos concursados. - Esta cinta de vastas proyecciones sociales se estrenará el martes 15 del presente, en los teatros Esmeralda, Septiembre, Brasil y O'Higgins. - La disolución del vínculo matrimonial. - El adulterio- - Los hijos naturales no reconocidos. - Las apariencias. - La envidia. - Los celos. - La murmuración.

La Dirección de "Sucesos" se ha visto comprometida por el progreso artístico y cultural para informar a sus lectores acerca del valor realmente efectivo y poderoso que aportará al desarrollo de la cinematografía la nueva producción del cine chileno que, con el título de "La Ley Fatal", cine-drama en seis actos, se estrenará el martes 15 del presente en los teatros de la Sociedad Valenzuela Basterrica y Cía.

Su autor, Eduardo Pérez Calderón, que al mismo tiempo ha sido el Director Artístico, la ha escrito con criterio independiente y desapasionado, propio de temperamentos ejercitados en la apreciación imparcial y fría de los hechos de la vida humana, de la vida que realmente es la vida, objetivo primordial de la escuela escénica contemporánea. La trama de este nuevo cine-drama, se desarrolla en un argumento apasionador en su fondo; enervante en sus formas y atrayente y sensacional en sus detalles; la disolución del vínculo matrimonial, forma el tipo central de la obra. Serán, pues, los hechos artísticos de esta producción nacional, los que argumentan ante el exigente público que ya educado en la escuela del positivismo cinematográfico, sólo desea ver proyecciones luminosas de verdadero poder artístico. Se verá en las escenas de "La Ley Fatal" un espectáculo de múltiple dolor, llevado a veces hasta el paroxismo y que reúne los martirios de la esposa sindicada del delito de adulterio, ultrajada por la calumnia, vejada por la murmuración, acusada por las apariencias y condenada por el desprecio del marido y de las leyes dictadas por los hombres. No parece sino que la familia humana en este moderno cine-drama, por el hecho de haber sido una familia honrada, nació para el sufrimiento y para servir de pasto a la envidia que envilece y al odio que engendra malas obras. En esta nueva producción no existen los paisajes. El autor se ha desentendido de ellos, seguramente porque ellos hablan de misticismos sentimentales, que al salir de la sala de espectáculos ya se han olvidado. Pero en cambio ha colocado los paisajes del alma. En efecto ¿quién no ha sentido el punzante escozor producido por la calumnia? ¿quién no ha llorado en vergonzoso silencio la cobardía m oral de no reconocer un hijo, de un hijo del amor? ¿qué marido, muchas veces, en momentos de cansancio conyugal, no ha dirigido su vista al compensador, aunque efímero y aparentemente dilatado campo de las libertades, en el cual ha de encontrar la flor fácil que le ofrece sus pétalos en cambio de la primicia del dinero corruptor? Es "La Ley Fatal", por muchos conceptos, una obra de relevantes méritos que revolucionará tanto el momento psicológico social del presente como abrirá un fuerte interrogante en el abstracto ambiente de la jurisprudencia.

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Ahí están las adulteras

Los intérpretes de este cine-drama fueron llamados a concurso, el primero que se lleva a cabo en Chile, y es este uno de los motivos que nos obliga a felicitar a sus dirigentes, ya que así ofrecieron oportunidades amplias a los dispersos elementos con que podemos contar para el perfeccionamiento sólido del arte. Los artistas de esta obra se impondrán y no presentarán el papel del peregrino condenado a mendigar siempre un triunfo a veces efímero, arrebatado al cariño versátil, al criterio antojadizo de ese juez, de ese rey, de ese déspota a quien se llama el benévolo, el inteligente, el soberano público. Sólo así se podrán destacar las figuras de Aracelli Márquez, de potencialidad dramática y comunicativa; Eglantine Márquez, que dominará al público con su audacia dominante, en el papel de casquivana inteligente; Humberto D'Amico Carrasco, en el rol de tipo central, con sus gestos impresionantes, que denontan un perfecto dominio de la escena muda, cuyos estudios mímicos los hizo haciendo de galán en la pantalla italiana, actuando en films con la Hesperia, Jacobini y otras celebridades mundiales; Pablo Urzúa, de extraordinaria naturalidad y desenvoltura propias del hombre que comprende que el arte está en no forzar ni hacer poses; Dolores Anziani, delicada intérprete del papel de dama de sociedad; Elvira Grimberg, de hermosura que llamará poderosamente la atención, junto ocn la suavidad de sus modales; Oscarito García, que a sus ocho años de edad posee una asimilación poco común y una inteligencia naturalmente despejada para sentir y hacer sentir; Gustavo Durand, en el rol de galán, que definirá ante el crítico el perfil de los artistas que prometen; Aída Garay, de 10 años, que en compañía de Oscarito García, forman un dueto inimitable; María de Retes, que debuta en forma halagadora; y por fin nada hay que decir de Evaristo Lillo, por ser demasiado apreciadas y conocidas sus condiciones de artista del teatro hablado y de la escena muda.

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No seríamos justo si no hiciéramos llegar nuestro franco voto de aplauso hasta la persona del experto cameraman de la "Chile Film", empresa editora de "La Ley Fatal", Mr. Roberto M. Barrigton, que con sus conocimientos técnicos ha contribuído en forma decisiva a dar la necesitada luminosidad a las proyecciones cinematográficas nacionales. Igualmente felicitamos al crack de los empresarios chilenos, señor José A. Ramírez, al haber puesto sus capitales al servicio y fomento de nuestro arte nacional.

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Váyase de nuestra casa.

Articulo publicado originalmente en
Sucesos, Santiago, 10 de diciembre de 1925.
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