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La crónica de un “Largo Viaje” y crítica de Mariano Silva
Por Revista Ecrán y Mariano Silva
Publicado en Ecrán, Santiago, 15 de agosto de 1967, nº 1906

La crónica de un “Largo Viaje”

¿Dónde se inició esta larga jornada de Patricio Kaulen hacia el interior de un Santiago duro, amargo, un Santiago que apenas se suaviza en la mirada de un niño?

Fue una noche, cuenta él, una de esas noches contaminadas con esa tristeza sin esperanza que es la tristeza de los pobres, cuando frente a su casa vio velar el “angelito”. Allí surgió el anhelo de estampar en film un mundo que vive en los márgenes del acontecer cotidiano del ciudadano común, del hombre y la mujer que se enfrascan día a día en la rutina cotidiana, viviendo sin mirar.

Allí se inició el viaje. Un viaje de varias etapas.

Había que dar forma a la idea; organizar la producción; buscar capitales; filmar.

Hacía 20 años que Patricio Kaulen no realizaba un largo metraje. Este nuevo film era casi volver a comenzar. Con Javier Rojas (actual director del Noticiario Chile en Marcha) conversaron el tema. Javier, que es periodista, se lanzó a las calles de Santiago en busca de esa realidad que ellos sentían existir, pero cuya comprobación necesitaban.

La fiesta del “angelito” (que es muy raro encontrar en la ciudad, puesto que se conserva más puramente en el campo); los sitios donde transcurre la acción; el lumpen de la ciudad barre hacia los bajos fondos o las riberas del Mapocho.

Entrevistas, caminatas, simples conversaciones fueron revelando el submundo que ellos se habían propuesto ver. (Es evidente que este trabajo de investigación previo dio mejores resultados en los sectores proletarios que en la burguesía. Mientras los más desposeídos aparecen en el film reales, creíbles, los ricos aburridos e “incomunicados” son estereotipos casi caricaturescos.)

Kaulen nos confiesa que él “no se planteó nada”. No fue hacia el film con una idea a priori. Quería, simplemente, que éste reflejara una forma de ver el mundo que lo rodeaba con tanta objetividad como pudiera. En el espíritu de los neorrealistas italianos, salió a la calle en busca de una verdad.

Entretanto, surgió un loco. O más bien dos.

Así califica Alfonso Naranjo a los productores cinematográficos.

-Hay que ser loco para estar en este oficio –alega.

El es productor y vicepresidente de Chile Films, del cual Patricio Kaulen es presidente. Se estudiaron los costos, la forma de financiar, se buscó a otro “loco”: Enrique Campos Menéndez. Kaulen viajó a Argentina y obtuvo algunos aportes en laboratorio, personal técnico (jefe de producción, camarógrafo, montanista) y actores sobre la base de una coproducción chileno-argentina.

El costo inicial de 350 mil escudos se elevó, finalmente, a los 450 mil.

De octubre de 1966 a enero de 1967 se desarrolló la filmación. Después de entrevistar unos 200 niños para el papel protagónico, el director se decidió por su propio hijo, Enrique Kaulen. Viajaron de Buenos Aires Fabio Zerpa, popular galán de televisión, y Renée Degrié. Esta última debía haber tenido el papel de una peluquera, que finalmente fue para María Elena Duvauchelle.

Pero el caso más gracioso de cambio de papeles ocurrió en la escena en que el niño que vaga por la ciudad encuentra a un grupo de compañeras de la noche. Una de ellas lo ayuda a riesgo de perder horas de “trabajo”. Ese papel es encarnado por María de la Luz Pérez, esposa de Aquiles Savaugeot, gerente comercial de Línea Aérea Nacional.

Para la escena se requería un grupo de extras que dieran autenticidad al momento. No se encontró nada mejor que reclutarlas entre las verdaderas niñas de vida alegre que pululaban por la calle donde se realizó la escena. Las “extras”, felices, entablaron conversación preguntando a las actrices, a quienes creyeron “colegas”, cómo les iba en el “negocio”.

Terminada la compaginación, Largo Viaje puso proa a Berlín. Allí se exhibió en la Sección Films de las Naciones, muestra dedicada a la cinematografía joven.

Pero el verdadero record que batió este cuarto film chileno que se estrena en 1967 es haber sido exhibido en su primera semana en once salas simultáneamente. En esta etapa entra en juego el tercer engranaje que permite mover la cinematografía: la distribución y exhibición. El interés de los exhibidores nacionales por apoyar a Patricio Kaulen y su film se evidenció en ese despliegue que permitirá con toda seguridad, a los productores recuperar el capital invertido.

Largo Viaje inició así su jornada final y decisiva: mostrarse ante el público. Largas colas frente a las taquillas de los cines evidencian el interés de los chilenos por su propia cinematografía, lo cual es un índice magnífico para predecir una reafirmación del cine nacional y latinoamericano tanto en el plano expresivo como financiero.

Crítica, por Mariano Silva

Largo Viaje corresponde a un itinerario hecho entre los dos extremos de la realidad cinematográfica nacional. Tiene su punto de partida en una actividad casi inexistente y que por lo tanto no pudo ofrecer una tradición cultural y artesanal de solvencia para la construcción de una obra ideal y completa. Cuenta, sin embargo, con un apoyo financiero digno y navega así hacia un seguro puerto, en busca de una realidad artística que sea adecuada a los problemas que actualmente inquietan en nuestro medio.

En esta película se ha elegido la temática de crítica social al estilo de un gran fresco y usando como pretexto argumental una fábula. Comparándolo con la literatura, el film bien podría corresponder a un cuento que basado en acontecimientos de una desgarradora realidad, pretende obtener una moraleja espiritual. En pocas palabras, se trata del “viaje” de un niño que quiere que su hermanito muerto no se vaya al cielo sin sus alas.

Patricio Kaulen, nombre forjado en momentos heroicos del cine chileno, demuestra sorprendente conocimiento del oficio cinematográfico y sortea airosamente muchos desafíos que le planteó en diversos momentos de la puesta en escena el haber elegido un tema ingrato y deprimente que tiene como centro un miserable conventillo. Lo menos que se puede decir es que ha conseguido una obra de cine adulto.

Los puntos altos del film son muchos –y superan las comprensibles fallas- y van desde un montaje realizado conscientemente para enriquecer la anécdota de construcción episódica hasta una precisa dirección de actores que permite obtener de cada papel (salvo algunos puntos débiles) un rendimiento que es raro en intérpretes con poca o ninguna experiencia cinematográfica, como Rubén Ubeira, Boris Alvarado y María de la Luz Pérez. La escenografía, magnífica en la reconstrucción de la pieza del velorio, la iluminación y la filmación en exteriores logran una ambientación que da el marco adecuado a la historia que se relata. El cuadro crítico de las costumbres con intencionado acento en la miseria está reconstruido en base a datos evidentes del folklorismo urbano que no por amargos son menos verdaderos, aunque a veces el director exagere tratando de lograr efectos “de película”, como es el caso de las estupendas niñas que pululan bajo los puentes del Mapocho. Sin embargo, los toques de espiritualidad que nos referíamos al comienzo están dados en forma sugestiva con símbolos como la paloma y las alitas de papel que permiten vislumbrar entre la crudeza y la injusticia el camino de la esperanza.

Mención aparte merece la presencia y desempeño del pequeño protagonista (Enrique Kaulen, nueve años, hijo del director), que más allá de las exigencias impuestas por la mano que lo controlaba, captó exactamente la esencia del papel que se le encargó, y obtuvo, tanto en su físico como en su comportamiento, una comunicación entre el contenido de la historia y el espectador.

Por lo dicho, la solvencia y calidad como obra cinematográfica de Largo Viaje se han conseguido en la medida de lo posible. En cuanto a su permanencia en las salas de exhibición, pensamos que su éxito se deberá en gran parte al encanto del muchachito que corre por las callas del gran Santiago buscando el camino que lleva al cielo.

Articulo publicado originalmente en
Ecrán, Santiago, 15 de agosto de 1967, nº 1906
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Santiago, Chile
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