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Cine chileno: en busca de su propia expresión
Por Omar Ramírez
Publicado en Revista Ecran, 19 de julio de 1968, nº 1952, Santiago, Chile

Más de una decena de películas chilenas -algunas esperando la oportunidad del estreno, otras en proceso de finalización- están señalando un índice de producción cinemtográfica que no se registraba en Chile desde hace muchos años.

Hay, sin duda, una nueva etapa surgida en gran parte de los recientes apoyos legales: 1) la disposición que reintegra el valor de los impuestos a los productores nacionales y 2) la liberación de derechos en la internación de película virgen y elementos técnicos y también en gran parte de la inquietud de los hombres que han estado haciendo cine a costa de su propio esfuerzo y en forma aislada durante un largo período, prácticamente desde que llegó a su fin la controvertida época de Chile-Films, a mediados de la década de 1950. La “era Chile-Films” fue aquella en que la producción en serie se caracterizó más por el derroche que por el sentido de una economía funcional y en la que evidentemente predominó la FABRICACIÓN del film entretenido o espectacular sobre la BÚSQUEDA de un cine expresivo y comprometido con nuestras realidades.

El Premio Extraordinario obtenido por Largo Viaje, de Patricio Kaulen, en el Festival Internacional de Karlovy Vary (Checoslovaquia), es una especie de reafirmación de que ahora el cine chileno se abre paso por un buen camino, y puede suponerse sin exceso de optimismo que una vez exhibidos los films actualmente en proceso de rodaje final o montaje esta línea de éxitos será reafirmada.

HACIA UN NUEVO CINE

UNO de los aspectos más interesantes de este auge es tal vez la incorporación al trabajo cinematográfico de numerosos elementos jóvenes, que hasta ahora estaban esperando ansiosamente esa oportunidad.

Hace apenas un par de años hacer cine era simplemente soñar. Actualmente hacer cine parece ser algo real y concreto: diversos realizadores se están forjando en su primer largometraje, después de un cierto contacto con el cortometraje argumental o documental, deistintas experiencias en el teatro y la TV o una constante actividad en el cine-club. Entre estos debemos citar a Helvio Soto (su filme Erase una vez un niño, un guerrillero, un caballo…, estaba constituido por tres cortos exhibidos previamente en forma independiente). Alvaro Covacevich (su Morir un poco era más bien un medio-metraje). Charles Elsseser, Raúl Ruiz, Miguel Littin, Pedro Chaskel (en un film episódico), Sergio Riesenberg, Hernán Garrido.

En su mayoría gente joven, inquieta, informada sobre el cine contemporáneo tanto europeo como latinoamericano y que (y quizás esto sea lo más importante) parece tener objetivos claros en cuanto a lo que anhela manifestar.

Se ha expresado una preocupación en la opinión pública por la “negrura” que revelan muchos de los temas escogidos por este cine libre chileno. No siempre es así: frente al Chacal de Nahueltoro, de Miguel Littin, podría situarse New Love, de Covacevich o Algo de verdad, de Riesenberg, o Lunes 1º, domingo 7, de Soto, o Prohibido pisar las nubes, de Kramarenco. Hay, evidentemente, una distorsión en la alarma que se experimenta ante un film que no es ya un hecho ÚNICO, como solía ser en años anteriores, sino forma parte de una PRODUCCIÓN CINEMATOGRÁFICA que alcanzará a más de una docena de films este año. Hay también una evidente falta de buena fe en condenar una obra sin haberla visto.

El hecho de que varios, muchos realizadores estén junto a la cámara, guión en mano, trasladándose de un lugar a otro de la capital o del país, revela asimismo que estamos frente a una promoción responsable y consciente de su trabajo. Y un trabajo nada fácil, por supuesto.

Al mismo tiempo, junto a ellos y a los equipos técnicos que les secundan, no puede escapar a nuestra consideración el nuevo papel que este cine significa para muchos actores jóvenes. Algunos de ellos ya han tenido experiencias fílmicas anteriores, pero con el actual desarrollo cinematográfico veremos en constante actividad a los mismos y otros nuevos elementos: Humberto Duvauchelle, Sara Astica, Nelson Villagra, Shenda Román, Héctor Noguera, Marcelo Romo, Jorge Guerra, Patricia Guzmán, Mario Lorca, Mireya Kulczewski, Jaime Vadell, Luis Alarcón, Susana Cendoya, Amelia Galaz, Tennyson Ferrada, Sonia Viveros, Alonso Venegas.

EL MOMENTO ACTUAL

UN recuento general de la producción actual nos conduce a la apreciación de una labor múltiple y activa.

Aldo Francia filma las escenas finales de Valparaíso, mi amor, en los ambientes populares del principal puerto del país y en el cual utiliza desde actores profesionales (Sara Astica, Claudia Paz, Elena Moreno, Hugo Cárcamo) hasta niños comunes y corrientes, extraídos (un poco a la manera neorrealista) de los barrios suburbanos. Charles Elsseser terminó Los Testigos, un film interpretado por Mireya Kulczewski, Jaime Vadell, Luis Alarcón y Mario Rebolledo (el “Maestro Chasquilla”), donde se expone un drama de carácter criminal, vinculado al proceso de los loteos de terreno. Alejo Álvarez finalizó Tierra quemada (ex Los Salteadores y ex Los Valladares), inspirado en los tradicionales litigios por la tierra, con Pedro Messone, Gerardo Grez, Armando Fenoglio, Julia Pou, Amelia Galaz y Ana María Caviares en los papeles principales. Raúl Ruiz realizó Tres tristes tigres, un film de implicaciones dramático-sicológicas con Deflina Guzmán, Shenda Román, Nelson Villagra, Jaime Vadell y Luis Alarcón. Al film, anticipadamente, se le atribuyen aportes de carácter experimental. Miguel Littin está finalizando El Chacal, un film polémico basado en la patética existencia de Jorge del Carmen Valenzuela Toro, un hombre que entregó su vida frente al pelotón de fusilamiento, después de haber cometido un delito y que constituyó un caso cuyo origen y proyección sociales exigen aún un serio y agudo análisis. Nelson Villagra, Shenda Román, Marcelo Romo, Héctor Noguera, Jaime Vadell y Armando Fenoglio encabezan el reparto de este film. La captura (basado en un relato de Edesio Alvarado) es el episodio que Pedro Chaskel ha rodado para un film de tres cuentos, un film que todavía deberá esperar el tercer relato para ser terminado. Luis Cornejo es el realizador del primero, El angelito. Alvaro Covacevich se encuentra rodando New Love, una visión del mundo de los jóvenes de hoy. En cuanto a Helvio Soto, debe estrenar por estos días Lunes 1º, domingo 7.

En 16 mm. se han rodado otros films con vista a futuras ampliaciones a 35 mm.: tal es el caso de El tango del viudo de Raúl Ruiz; Un poco de verdad de Sergio Riesenberg, y Prontuario, de Hernán Garrido.

Al margen de esta producción, que hemos llamado cine libre, se registran otros films, realizados en la línea de la entretención festiva o folklórica tales como Sonrisas chilenas de José Bohr y Ayúdeme usted, compadre, de Germán Becker. En aquel film desfilarán los cómicos y humoristas chilenos, entre éstos Manolo González, Jorge Romero (Firulete), Gastón Moreno, Eugenio Retes y Lucho Córdoba, y en el segundo, todos o casi todos los folkloristas que puedan vibrar con una cueca o una tonada.

UN REALISMO CHILENO

DESDE luego resulta difícil anticipar juicios o consideraciones valorativas estrictas sobre lo que esta producción significará como tendencia o corriente en el cine chileno, pero, por sus rasgos generales, ya podemos percibir que en la mayoría de tales films, y probablemente en los más serios, se registrarán numerosas expresiones en un sentido más o menos realista, una cierta fidelidad a temas, hechos o aspectos propios de nuestra realidad. Por lo menos, ésa es la intención más notoria. Los resultados estéticos están aún por verse, naturalmente

Se han buscado personajes fuertes e incluso desagradables para cierta gente. Pero, en todo caso, característicos en ciertos sectores sociales, como el llamado Chacal de Nahueltoro (que Littin presenta en su film), Eloy (que ha sido trasladado de la novela de Carlos Droguett al cine en una coproducción chileno-argentino) y Cerón Pardo (que Garrido muestra en Prontuario).

Se ha reprochado la EXPLOTACIÓN de la miseria como tema, tal como fue expuesta en Morir un poco o en Largo viaje.

Pero, por otra parte, está claro que estas críticas anticipadas no van a desviar a los realizadores de su camino. Los films turísticos ya han tenido (y siguen teniendo) su hora, ya sea en producciones nacionales o en coproducciones. Quizás para mucha gente el ideal sería producir sólo películas optimistas, en que la realidad siga permaneciendo oculta tras una falsa visión de nuestro país y nuestra gente.

Articulo publicado originalmente en
Revista Ecran, 19 de julio de 1968, nº 1952, Santiago, Chile
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