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Cinematógrafo: el cine chileno en el año 25
Por Anuario de La Nación
(Agradecimientos a Octavio Cornejo por facilitar el artículo a cinechile.cl)
Publicado en Anuario de La Nación 1926

La cinematografía debe considerarse bajo dos aspectos: el de la simple representación y el de arte nacional.

Bajo el primer aspecto la cinematografía representada por las empresas que, en una y otras ciudades de Chile, explotan el negocio, durante el año han realizado una labor provechosa en el sentido de traer al país y exhibir en sus salas buenas películas tanto de Europa como de Estados Unidos de Norte América.

Detallar las películas traídas, ni aún sólo las mejores sería materia de un estudioso que abarcaría numerosas páginas lo que no tolera el poco espacio de esta breve reseña.

Basta sí decir que los empresarios se van compenetrando de que el público necesita variedad y buena calidad, de ahí que en 1925 hayan buscado en los mercados productores aquellas películas que al interés unieran el arte en todo sentido.

Alemania, Norte América y Francia han sido los países que han surtido de las mejores película a Chile.

La cinematografía nacional o sea las películas hechas en Chile y por chilenos ha tenido en 1925 sus grandes días.

Varias son ya las empresas que se dedican al arte de la cinematografía: Andes Film, Chile Film, Borcosque, Apolo Film, son las principales empresas cinematográficas de producción nacional.

LA ANDES FILM

Esta compañía cinematográfica nacional, fundada a fines del año 1923, editó primero la película El Monje, adaptada del poema de Pedro Antonio González. Fue éste un ensayo que vino a probar el ambiente favorable del público para las películas chilenas.

Ampliados los talleres de la Empresa y con los elementos más eficientes, la compañía editó su segunda película Un grito en el mar, la que constituyó el verdadero primer éxito del cine nacional, entendiéndose como tal, el conjunto de la parte artística y comercial.

Esta cinta fue enviada con laudable propósito a la Exposición Internacional de La Paz y allá conquistó ella, la Andes Film, una medalla de oro y diploma de honor para los colores chilenos.

Siempre buscando mayores horizontes y elementos de trabajo, para poder realizar en debida forma el nuevo argumento que se había escogido la Andes Film tuvo que trasladar a Santiago sus talleres y laboratorios.

En ellos la compañía dio término a su tercera película El Húsar de la Muerte, la primera gran película histórica chilena basada sobre las aventuras y hazañas de Manuel Rodríguez. Esta película acaba de ser estrenada en Santiago y Valparaíso con el éxito más ruidoso que es dable imaginar y promete batir todos los records anteriores de películas tanto chilenas como extranjeras.

Fuera de estas películas de argumentos propios, la Andes Film ha confeccionado varias actualidades y también acaba de terminar una película de argumento cuya arte fotográfica le fue encomendada por la Apolo Film de Concepción. Los paisajes y las fotografías de esta película que se llama Canta y no llores, corazón, son un nuevo triunfo de la labor técnica de la Andes Film.

También dedica esta compañía una parte de sus actividades a la explotación de películas extranjeras y nacionales ya sean propias o ajenas. Con el objeto de mostrar al público chileno una gran película de arte extranjero y al mismo tiempo demostrar la capacidad de su departamento de explotación y propaganda, adquirió la exclusividad para Chile de la película alemana Las tragedias del amor, cuya exhibición ha constituido uno de los sucesos de arte y una de los éxitos comerciales más notables del año cinematográfico que termina.

El favor siempre creciente que el público está dispensando a esta empresa, la ha inducido a dar mayor amplitud a sus negocios aumentando el capital en forma que le permita desarrollar un amplio plan de trabajo, trayendo al país todos los elementos necesarios para producir películas de exportación.

Actualmente esta compañía tiene instalada su oficina en Valparaíso en la calle Chacabuco 99, atendida por el socio de la firma señor Osvaldo Cabrera y sus talleras y oficina en Santiago, en Teatinos 42, atendida por su presidente don Alfredo Wolnitzky.

Anotamos producidas en este año las películas Pueblo Chico, Infierno Grande, de Nicanor de la Sotta en que se reveló de que es capaz Evaristo Lillo cuando es bien dirigido; Mater Dolorosa, película en que Santana puso de manifiesto sus óptimas condiciones de autor y director; Martín Rivas, adaptación de la célebre novela chilena del mismo nombre; El Húsar de la Muerte, película de carácter patriótico que en poco tiempo ha obtenido un grandioso éxito ya que pasó antes de finalizar el año las 200 exhibiciones; Rayo Invencible, de Jorge Délano (Coke); La Ley Fatal, en que se explotó el tema del divorcio y reveló a una artista Eglantina Márquez; Canta y no llores, corazón; Nobleza Araucana.

La empresa Valenzuela Basterrica, la gran empresa netamente chilena es la que ha dado un poderoso impulso a la cinematografía nacional ya que es la que estrena todo lo chileno.

Articulo publicado originalmente en
Anuario de La Nación 1926
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