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Dice Miguel Littin, director de El Chacal de Nahueltoro.
“Sería Irresponsable ignorar la realidad”
Por Revista Ecrán
Publicado en Revista Ecrán. 13 de agosto de 1968, nº 1.955, Santiago, Chile
“Algo importante de lo que ocurre en Chile estaba en ese caso”. Algo que para Miguel Littin no había sido hasta ahora revelado o más bien, había permanecido oculto tras los rasgos sensacionalistas de un crimen horrendo.

José del Carmen Valenzuela Toro, apodado “El Chacal”, que en Nahueltoro, pueblecito anónimo hundido en la aridez cercana a Chillán, asesinó a cinco niños y una mujer, era el protagonista de este caso. Y lo que tras eso estaba oculto era toda una realidad de analfabetismo, alcoholismo, pobreza, inutilidad de la vida. Todo un mundo ajeno a los valores tradicionales a la noción de bien y mal que se da por sentada, porque se vive con ella desde la niñez. Pero ¿qué ocurre a aquellos que jamás oyeron hablar de que hay cosas que son moralmente “buenas” y “malas”?

EL “CANACA”

Para Littin, 26 años, director de televisión, cortometrajista y autor teatral, ese mundo llegó a él y lo estremeció a través de dos titulares periodísticos. Uno decía: “¿Cómo vas a morir, “Canaquita”?” R.: “Para que no sufrieran los pobrecitos”.

Aquí estaba el “Canaca” (término despectivo equivalente a “canalla” usado en el campo chileno), un personaje que aparecía atado a un orden moral propio. ¿Era un monstruo? ¿Una bestia? ¿Un chacal? ¿Quién era este subhombre dispuesto a “morir sin chistar porque sería feo”?

Fue el comienzo de una búsqueda y la conquista apasionada de un mundo alucinante y real a través del cine como instrumento de excavación de la realidad sumergida.

-Porque José del Carmen Valenzuela Toro no nació asesino de cinco niños- dice Littin, enfrentando a la prensa para explicar los porqué de un film que como ninguno otro en Chile ha despertado polémica y resistencia antes de ser estrenado-. Hay que ir a Nahueltoro o a San Fabián de Lico para saber que el medio puede ser un condicionamiento para la muerte: los niños raquíticos, los alrededores del pueblo rodeados de cantinas. Y no hay escuelas. Aquí matar a una o a seis personas no es cuestión de moral; es cuestión de oportunidad. Y todos somos culpables y responsables de que esta realidad exista.

UN CINE CRÍTICO

Pero ¿por qué – se han preguntado muchos- ir a escarbar en la basura, en lo más inhumano para retratarlo en el cine? Para entenderlo hay que situarse en el punto de vista del equipo cinematográfico que junto a Littin ha participado en la película.

-Estamos por un cine crítico que busque al hombre y se identifique con él. Si la prensa expone realidades, ¿por qué quitarle ese derecho al cine? ¿Por qué condenar al cine a la categoría de payaso del circo, sólo apto para entretener?

Es una declaración de principios directa y calurosa. Y agregan: Nuestra versión de “En cuanto a la infancia, andar, regeneración y muerte de José del Carmen Valenzuela Toro” (kilométrico nombre verdadero del filme) no es la exaltación de un personaje. No hay héroe ni antihéroe. Es sólo un testimonio.

No se trata tampoco de una superproducción a la cual se podría culpar de despilfarrar dinero con el objeto de espeluznar al público. El aporte inicial hecho por el actor Héctor Noguera fue de 50.000 escudos. Toda la producción se movilizó en dos citronetas y nadie ha recibido sueldo por su trabajo. Tanto director como productor y actores sólo cobrarán después de la exhibición.

Formalmente, el filme fue gestado como un reportaje: Littin comenzó leyendo crónicas sobre el apodado “Chacal”. Luego se trasladó a Chillán, habló con la gente que conocía al “Canaca”. (“Me di cuenta que había adquirido otra dimensión, algo casi mitológico”.) Finalmente Littin se encontró conversando con el personaje tratando de entender que concebía su mente analfabeta por conceptos como “Dios, amor, familia, patria”. Trasladado al lenguaje cinematográfico, se siguió la técnica de la motivación libre que dé paso a la improvisación, intentando reconstruir una crónica. Aparte de algunos personajes claves, todas las comparsas del filme son personajes auténticos de los pueblos vecinos a Nahueltoro.

-Nos sentimos responsables de este film que nos interpreta –dice el equipo de “El Chacal”-. Y si hubiera intento de impedir que mostrásemos el film en los cines, lo exhibiríamos en las plazas o en las calles…

Articulo publicado originalmente en
Revista Ecrán. 13 de agosto de 1968, nº 1.955, Santiago, Chile
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