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Cinematografía Nacional
Alma Chilena
Por Revista Cine Gaceta
Publicado en Cine Gaceta, Valparaíso, nº 4, 2º Quincena de Octubre de 1917.

Creemos útil explicar brevemente el argumento de esta película, que ha alcanzado un éxito incomparable en Santiago, Valparaíso y otras ciudades, a tal punto que señala un número de exhibiciones superior en mucho al de las más famosas películas que se han pasado por los teatros de Chile.

Don Pedro Dávila, hombre honrado y pudiente, se arruina en negocios de bolsa y entrega todos sus bienes a los acreedores, aunque con ello queda en la miseria, y se va con su hija única, María, a ocupar un puesto muy subalterno en unas minas de don Carlos Hernández, en Vallenar.

Don Carlos, que está de novio con una rica heredera de Limache -donde se celebran grandes fiestas por el noviazgo- ve un día a María en su ventana, y con la despreocupación de los que pasan sin mirar las flores que pisotean, enamora a la muchacha, la seduce y después se va tranquilamente a Limache a efectuar su matrimonio. Entre tanto, don Pedro, minado por la miseria, cae gravemente enfermo y muere en una noche de tempestad, y su hija queda en la orfandad y en la deshonra, al mismo tiempo que don Carlos se casa allá en el sur. Por eso dice la leyenda en esa parte:

Juntáronse esa noche de hondo duelo,

Tres grandes males como en un conjuro:

La tempestad del cielo,

Una existencia arrebatada al suelo

Y el golpe aleve de un amor impuro.

Don Carlos vuelve a Vallenar con su esposa y allí sabe la muerte de don Pedro, y, arrastrado por la conciencia, va a visitar a la huérfana seducida. Pero su esposa, advertida por la misma mujer, Celestina, que atizó los amores con la muchacha, sigue tras de don Carlos y descubre la seducción: la infeliz María se va de allí, compadecida y acompañada solamente de un pobre roto, Pancho, hijo de Micaela, y mozo de don Carlos.

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María se va al sur y se acoge en casa de un antiguo servidor de su familia, Antonio, en una humilde caleta, donde llega a ser el ídolo de los pescadores y el objeto del amor silencioso de unos de ellos, León; una chicuela, fruto de aquella seducción, alegra las tristezas de María.

Los azares del destino llevan en viaje, por mar, a don Carlos y su esposa hacia el Sur; el buque se incendia, la esposa perece allí y los demás náufragos, entre ellos don Carlos privado de movimiento, llegan a la misma caleta de María, y don Carlos a la misma casa de Antonio, donde lo cuidan y salvan, pero sin que María se muestre a él.

Callamos el resto del argumento, para que los lectores lo vean en la película y para no anticiparles el nuevo drama que allí se desarrolla.

           

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¿Por qué se ha dado a esta película el nombre de Alma Chilena?

Porque los autores han querido pintar en el argumento, dentro de un cuadro humano, rasgos característicos del alma chilena: la ligereza de conciencia del patrón que seduce a una pobre muchacha, sin dar toda su importancia al crimen que comete, pero que después siente todo el peso de su culpa y tiende con toda su alma a reparar la desdicha; la audacia de un hombre de fortuna que arriesga en los negocios cuanto tiene, y que después prefiere la miseria antes que quedarse con un centavo de sus acreedores: la nobleza de un roto humilde, tosco, ordinario, pero generoso y que llega a ser el único amigo de la desgracia y está dispuesto a entregar su pobre jornal a una desvalida; la infantil inocencia de una pobre muchacha que se deja engañar por palabras de amor, que después se yergue con toda la altivez de su dignidad herida y sacrifica más tarde su justa indignación ante el amor materno; la varonil ternura de unos cuantos pescadores humildes, y uno entre ellos que de buena gana matara a su rival, pero que ahoga su amor en pro de la felicidad de la mujer que ama.

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Todos esos son rasgos comunes a todo pueblo, pero que tienen especial vigor y acentuación en el alma chilena, y por eso como síntesis de ésta se ha puesto en la película la décima que la compendia y describe: 

Rebelde a todo tirano,

Ardorosa en los amores,

Dispuesta a olvidar rencores

Si se le tiende a la mano;

En todos mira un hermano

Con que le digan "te obligo";

Del honor patrio celosa,

Mata por cualquier cosa

Y muere por el amigo.

Y todos estos rasgos están vestidos con escenas netamente chilenas, como marco propio del cuadro: carreras, topeaduras ocurridas de vacas, almuerzo campestres y cuecas con harpa y guitarra, tamboreo y huifa y con expresiones y frases netamente chilenas.

Tal es la película que la casa Hans Frey ha presentado al público, segura de ofrecerle un espectáculo interesante y ameno y un trabajo cinematográfico no inferior a las que vienen de Europa y Estados Unidos.

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Articulo publicado originalmente en
Cine Gaceta, Valparaíso, nº 4, 2º Quincena de Octubre de 1917.
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