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En la huella del cine chileno: Ernestina Estay, gran figura de la zarzuela, no quiere el olvido. Hizo películas con José Bohr y Claudio Arrau
Por Mario Godoy Quezada
Publicado en Revista Ecran, nº 1.836, 12 de abril de 1966.

Cuando nos referimos a las películas mudas “Golondrina” y “Pueblo Chico, Infierno Grande”, de 1924 y 1925, respectivamente, anotamos en el reparto el nombre de Ernestina Estay. Con ocasión de esas publicaciones tratamos de ubicarla, con el fin de solicitarle alguna escena de esas películas, pero sin resultado positivo. Ahora la casualidad nos ha permitido llegar hasta su casa, en Manuel Rodríguez 10.

Nos recibe con la cordialidad que la caracteriza. Ha reconocido al autor de esta columna, pues hace varios años la visitó en compañía del escritor Víctor Domingo Silva, cuando ella vivía en calle Victoria.

Grandes recuerdos hacia el recordado poeta. Eran muy amigos. Y quienes lo conocieron se preguntan: ¿Quién podía dejar de considerarse con orgullo amigo del autor de “Golondrina de invierno”? Pronto afloran los recuerdos sobre sus temporadas en Santiago, en todo Chile, en América. Vemos las crónicas de su álbum, en las cuales se le destaca como una de las mejores actrices del teatro chileno en el género cómico. Es la época de “La Verbena de la Paloma” y “La Princesa del Dólar”, la época en que triunfa la zarzuela y en que las hermanas Arozamena hacían furor en el viejo teatro Santiago. Su primera intervención en el cine fue en la recordada película de Nicanor de la Sotta, titulada “Golondrina”. Posteriormente vuelve a enfrentarse a la cámara en “Pueblo Chico, Infierno Grande”.

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Pronto a armar las maletas y a conocer nuevos públicos. En México trabaja con Jose Bohr, en la película “Luponini, el terror de Chicago”. En esa obra interpretaba a la madre de Luponini. Posteriormente filma con Claudio Arrau “Sueño de Amor”, una biografía de Liszt. Esta película se estrenó en Santiago en 1935. La última aparición cinematográfica de Ernestina Estay la hizo en “Llampo de Sangre”, en Chile, en 1954.

Cuando le preguntamos si tenía foto con escenas de sus películas, nos dice que ellas se perdieron cuando cayó al mar en uno de sus viajes por el extranjero una maleta llena de recuerdos. Con respecto a su nacionalidad, nos declara:

 –Soy chilena. Nací en Santiago. Este acento español se lo debo al teatro. Empecé a actuar en una época en que para hacerlo era necesario usar mucho la “zeta”. Como casi todas las compañías era españolas, para trabajar había que hablar en “español”.

En verdad, esos gestos tan españoles, acompañados de un acento y una cordialidad también muy de españoles, irradian simpatía. Al marcharnos, una última pregunta, con una respuesta detrás de la cual se vislumbra un panorama un tanto injusto y desolador:

–¿Trabaja actualmente, o tiene algún proyecto por delante?

 –No. Hace tiempo que no trabajo. En verdad los empresarios parecer olvidarse de la existencia de la actrices de carácter. Si ustedes saben de alguien que esté haciendo una película y disponga de un papel apto para mí, háganmelo saber, se los agradeceré.

Nos despedimos, pensando en los artistas sin trabajo y sin previsión, esa previsión detrás de la cual ha andado durante mucho tiempo Ernestina Estay, haciendo antesala y gastando el dinero que no tiene. En su álbum pudimos ver un papel tramitando con 75 escudos en estampillas. Pero en verdad, la dignidad es cosa sería. Y ella le impide seguramente a Ernestina Estay, a estas alturas de la vida, solicitar trabajo.

Articulo publicado originalmente en
Revista Ecran, nº 1.836, 12 de abril de 1966.
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