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En la huella del cine chileno: Ataques al Cine Nacional
Por Mario Godoy Quezada
Publicado en Revista Ecran, nº1803, 17 de agosto de 1965.

KERRY Oñate, subdirector de la Cineteca Universitaria, es un teórico del cine que viajó a Concepción para dar en la Universidad penquista algunas clases sobre el tema de su especialidad. En entrevista concedida al diario "La Patria" de dicha ciudad las emprendió con singular violencia en contra de los cineastas chilenos. A nadie le reconoce méritos y a todos los atacó por parejo, sin distinción de ninguna especie. La entrevista es bastante extensa. Ocupa más de dos páginas de un suplemento dominical y a través de su texto no queda títere con cabeza. No podemos guardar silencio frente a esta actitud para con los hombres que se han quemado las pestañas tratando de implantar entre nosotros la industria cinematográfica. El gran pecado de Oñate, fuera de que bien podría él a través de su cargo haber encabezado un movimiento joven y renovador del cine nacional, es su gran facilidad para generalizar.

Habla de los realizadores del cine nacional como personas que se dedicaron a "mostrar, sin el menor sentido de autocrítica, sus andrajos intelectuales, su falta de imaginación, su enorme desfachatez y su gran capacidad para improvisar sin resultados". Continúa: "Yo me pregunto cuando se dice que nuestro cine fue el más importante de Sudamérica por allá por los años veinte, si existió alguien que pensara en el cine como arte y tratara de expresar mediante su lenguaje una posición frente al mundo; que intentara una búsqueda formal como lo han hecho otros en esa misma época, que tratara de conferirles belleza a sus obras."

Después de hacerse esta pregunta y de afirmar que fuimos realizadores de un cine ingenuo, intrascendente, infantil y sin inquietudes, que destilaba un romanticismo decadente y pasado de moda, se lamenta de que en nuestro medio no se produjeron obras como "El Acorazado Potemkin" o "La Quimera del Oro". Si esa búsqueda por lo formal y esa inquietud frente al mundo estuvo ausente de nuestros primitivos sets, es posible que también lo haya estado en los de los demás países sudamericanos, con tantas o más posibilidades que nosotros. En "La Historia del Cine Argentino", de Domingo Di Núbila, se mencionan películas argentinas de la época muda en cuyas escenas aparecían curiosos que se metían al cuadro y allí se quedaban, aun cuando el argumento no los necesitara para nada... Nadie ha catalogado, por esos detalles, al cine argentino de infantil y decadente.

Justo es reconocer que el cine argentino progresó, tuvo una "nueva ola" en 1958-59 y el nuestro decayó por completo. Pero, de allí a destruir todo... sólo se puede justificar por loa arrestos propios de la juventud o desconocimiento de los hechos del señor Oñate.

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Chile necesita una industria cinematográfica por intermedio de la cual pueda darse a conocer fuera de sus fronteras, en esta época en que más que nunca los pueblos deben relacionarse entre sí, pero esto no lo vamos a lograr mediante criticas demoledoras. Para robustecer la escuálida actividad que actualmente mantenemos, la censura para con los que aspiran a hacer un cine fácil en desmedro de su buena calidad es necesaria, pero siempre que sea consecuente, que la anime un espíritu constructivo y se hagan las debidas excepciones. Las opiniones vertidas, y que motivan este comentarlo, encuentran su desmentido en la obra de Pedro Sienna, Jorge Délano (Coke), Patricio Kaulen, y otros cuya obra nos permite hablar sin rubor del pasado del cine nacional. Ellos filmaron películas dignas y sinceras. ¿Por qué desconocerlo? La labor de documentalista de Di Lauro (que a pesar de ser argentino se ha enraizado en el cine chileno) tampoco pueda dejarse de lado.

Falta, es cierto, un empuje de educación cinematográfica (labor que corresponde a las cinetecas e Institutos Fílmicos) y que sólo se ha realizado en mínima parte, especialmente a través de "Fílmico" de la Universidad Católica. Ojalá que no sigan apareciendo comentarios tan apresurados sobre una actividad que necesita el mayor respaldo posible, siempre, naturalmente, que ello no signifique amparar con el silencio las actuaciones negativas Y si surge un cine nuevo, renovado, con inquietudes y problemática, seremos los primeros en estar junto a él aplaudiéndolo y apoyándolo.

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Articulo publicado originalmente en
Revista Ecran, nº1803, 17 de agosto de 1965.
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