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¿QUE HACER? Un film más polémico que la pregunta
Por Hans Ehrmann
Publicado en Revista Chile Hoy, nº25, 1º al 7 de diciembre de 1972.

Al año de terminada, la película al fin encontró distribuidor en EEUU. "Gente agradable —cuenta el productor Jim Becket—, un contrato razonable, un anticipo que permitiría pagar nuestras deudas y luego, un 50 por ciento de los ingresos, ¡Qué alivio!”

Pero a los pocos días los accionistas de la compañía decidieron que la película era antinorteamericana y que no iban a apoyar semejante engendro con su dinero. Despiden a los funcionarios que firmaron el contrato. No hay distribución.

Casi paralelamente, ¿Qué hacer? se estrena en París, tras obtener el premio de la crítica en el Festival de Mannheim (RFA). En Chile apenas se sabe de su existencia. ¿Qué es y de dónde salió?

Fue hacia comienzos de 1970 que un grupo de norteamericanos, encabezados por Saúl Landau (realizador de Fidel) y su mujer, Nina Serrano, se instalaron en una casona de la Avenida Lyon. Allí se tocaba guitarra, se hacían bromas con "marihuana cookies" ("pastelitos de marihuana"), que hacían volar a los comensales y, en ocasiones especiales, se servían cenas chinas, preparadas por el propio Landau. Otras veces faltaba el dinero y se comía un modesto plato único. A esta comunidad también ingresó Country Joe, cantante que intervino en las películas Woodstock y Días tranquilos en Clichy (sobre un tema de Henry Miller). A su cargo, la música de ¿Qué hacer?

Al equipo norteamericano se sumó un grupo local, encabezado por Raúl Ruiz y en que participaron, entre otros, el camarógrafo Gustavo Moris, los actores Aníbal Reyna, Luis Alarcón, Pablo de la Barra v Jorge Yáñez. La película sería tridirigida: Ruiz, las escenas con los actores chilenos; Nina Serrano, aquéllas con los norteamericanos; Landau. las secuencias documentales. Esa. por lo menos, era la teoría. En la practica la cosa no estuvo tan clara, pero durante toda la campaña electoral se filmó tanto el proceso mismo, como la historia imaginaria, propia del argumento. A veces, realidad y ficción se entremezclaban; por ejemplo, durante la última gran manifestación de la UP en la Alameda, la cámara recorre el gentío y, entre miles de caras, halla a dos de los protagonistas: un agente de la CIA y un mirista chileno. Luego llega Allende. Quien le ayuda a subir al estrado es otro de los actores del film.

El financiamiento de la película fue azaroso, con pequeños aportes conseguidos por aquí y por allá en EEUU. Todavía se debe dinero al laboratorio que entregó la primera (y única) copia y también se les debe a los chilenos.

El resultado final aún tiene mucho de misterio, por cuanto la película no se ha visto en Chile y Ruiz no pudo (o no quiso) ir a San Francisco a participar en la compaginación. Para Haskell Wexler (un Oscar como director de fotografía de ¿Quién le teme a Virginia Woolf ? y realizador de Perspectivas) "representa lo que será el cine en cinco años..., una importante innovación en el campo de las películas políticas y revolucionarias".

En cambio, el semanario francés Politique-Hebdo, tras el estreno en París, entrevista a "un amigo chileno, militante de la UP", a quien no identifica:

"Ante todo, quiero decir que estoy muy escandalizado por la utilización del Presidente Allende en la publicidad de la película. Lo hacen figurar como un actor más, cuando todo lo que se hizo fue filmar uno de sus discursos".

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"En ¿Qué hacer? veo una gran confusión ideológica. La victoria de la UP aparece como producto espontáneo de las masas. Los partidos políticos chilenos y especialmente aquellos que representan al proletariado, o están ausentes o aparecen distorsionados. Así, al diputado comunista se le atribuyen propósitos humanitarios y filantrópicos dignos de Los Miserables de Hugo, cuando en realidad se trata de problemas políticos bastante más serios. Me encontré con uno de los intelectuales que aparecen en la película, y está en total desacuerdo con la imagen de los intelectuales chilenos que surge del montaje del film. O sea, de personajes dados al alcoholismo y sólo capaces de discursos vacíos de "militante", sin ninguna práctica socialista. Y en lo que concierne al MIR se inventa toda una historia de secuestro, infantil dentro de nuestro contexto político. Esa operación es denunciada en breves palabras por un auténtico dirigente del MIR, pero lo que quedará en la retina del espectador son las imágenes de aquel secuestro frustrado y mal preparado. La falla mayor del film sin duda es el  divorcio entre las las imágenes y las palabras de los personajes."

En cuanto a la crítica francesa propiamente tal hubo opiniones de todo color. Para Témoignage Chrétien: "¡Al fin un verdadero film político! Una obra global, sólida, que convence y seduce, que invita a la reflexión y la acción". En L’ Express, escribió Gilles Jacob: "... los elementos de reportaje y documental en bruto no carecen de interés, pero menos gustará la confusión de lo que se habla. Y narra las angustias a la moda de una joven americana del Cuerpo de Paz que viene a hacer su memoria donde los subdesarrollados. En su deseo sincero de acercarse lo más cerca posible al acontecimiento chileno, los autores frecuentemente fallan la puntería".

El Noveul Observateur concluye que la película "ni puede ser un factor de movilización, ni va al fondo de las realidades chilenas. No obstante, vale la pena verla".

Para Combat, "el éxito de ¿Qué hacer? está en la voluntad de abocarse a una toma de concien¬cia presentando un espectáculo de la vida y no un simple debate ideológico... Es un soberbio ejemplo para nuestros combatientes de mayo de 1968, y para los que vendrán".

L'Humanité Dimanche afirma: "Este documental, con un libreto de ficción, halla su resonancia en los acontecimientos que actualmente se desarrollan en Chile. Es una obra colectiva, desarrollada en un estilo nuevo, que por lo menos quiere ser objetiva y a veces lo logra. Sólo la historia lo podrá juzgar. Esperemos". Y en Le Monde se leyó:

"... inteligente, brillante, didáctica y apasionada. ¿Qué hacer? no ha envejecido. Es una referencia. El Chile de setiembre de 1970, elegido por los autores, no creía realmente en la victoria de Salvador Allende. La derecha soñaba con exorcizar este fantasma marxista que renacía de sus cenizas de 1938 y 1946. La izquierda ya debatía sobre su eficacia revolucionaria. ¿Qué hacer? Sin duda, instalarse en La Moneda. La última imagen de ¿Qué hacer? muestra a un Salvador Allende emocionado y solemne, investido con los poderes presidenciales, al lado de un Eduardo Frei de sonrisa forzada. Hoy en día, los chilenos saben que eso no basta. ¿Qué hacer? La interrogante se mantiene. Pero, ¿cómo hacer para asegurar también la supervivencia de la experiencia de la Unidad Popular? Nunca fue más evidente el

debate entre los partidarios de la aceleración revolucionaria y aquellos de la consolidación necesaria de las posiciones logradas. ¿Y cuándo se verá en Chile esta película?

En el ámbito local hay marcada desconfianza a sus enfoques políticos y —más decisivo—, no hay distribuidor que pague el costo de la importación de la copia. Frente a esta situación uno de los norteamericanos asociados con el film quiere donarlo, pero no se resuelve a quién hacérselo llegar. Parece que pasará aún un buen tiempo antes de que ¿Qué hacer? se conozca en Chile.

Articulo publicado originalmente en
Revista Chile Hoy, nº25, 1º al 7 de diciembre de 1972.
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