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[Crónica] En el Parque Cousiño: La Parada Militar del 19
Por El Diario Ilustrado
Publicado en El Diario Ilustrado, Santiago, 22 de Setiembre, 1902, p.4.

En el Parque Cousiño

LA PARADA MILITAR DEL 19

 

A las dos de la tarde se verificó el viernes, en la elipse del Parque Cousiño la parada militar oficial y la revista pasada a  las tropas del ejército por S. E. el Presidente de la República.

El campo de maniobras, en su amplia estension. Estaba despejado por numerosa fuerzas de policía montada y de a pié que se escalonaba junto a las cadenas de circunvalación.

A la entrada, a ambos lados, se elevaban dos series de tribuna descubiertas, destinadas al público, y provistas de palcos y galerías.

En la mitad del campo se encontraba una hermosa tribuna en forma de chalet engalanada con banderas chilenas y arjentinas y con guirnaldas de follaje. La construcción, sencilla y elegante, constaba de dos pisos.

Delante de ella, con postes y cuerdas, se había dejado libre un amplio cuadro, dándose las comodidades necesarias para la circulación de los carruajes de los invitados.

Frente a la tribuna oficial estaba destinado un cuadro para la colocación de los oficiales francos de la guarnición y para los coches de gobierno. Dos postes, uno cubierto por el bicolor arjentino y el otro por el tricolor chileno, y resguardados por dos centinelas montados, servían de guía  para el desfile de honor.

A la una y media de la tarde las tropas llegaban al Parque y pasaban a escalonarse a lo largo de la elipse en la estencion de su mitad oriente.

El primer escalón, al mando del Jeneral don José Ignacio Lopez, Inspector de Infanteria, era formado –en el órden en que apuntamos– por los siguiente cuerpos, distribuidos de norte a sur:

Escuela Militar, con su director Sarjento Mayor don Jorje Barceló Lira.

Escuela de Clases, con su director Sarjento Mayor don Tobías Barros Merino.

Batallon Buin, con su comandante don Alfredo Vial Solar.

Batallon Yungai, con su comandante Eduardo Gormaz.

Batallon Pudeto, con su comandante don Enrique Phillips.

Compañía de injenieros Santiago con su comandante don Arturo Barrios.

Los cuerpos formaban con sus bandas de músicos y de pitos y tambores; con uniforme de diario de pantalón blanco. En columna de honor por cuartas constituían una larga e imponente fila de tropa, perfectamente acondicionada y presentada.

Tras ésta formaba el segundo escalon, al mando del Inspector de Artillería jeneral don José Manuel Ortúzar, y compuesto de los siguientes cuerpos:

Rejimiento Tacna, con su comandante don Vitalicio Luis Lopez.

Rejimiento de Artillería de campaña con su comandante don Luis Altamirano.

El tercer escalon, al mando del Subinspector de caballería coronel don Sofanor Parra, era compuesto por los rejimientos:

“Cazadores del Jeneral Baquedano”, con su comandante don Tulio Padilla.

Escuadron Escolta, con su comandante don Jerman Fuenzalida.

La caballería formada con sus lanzas, con el gallardete tricolor, y con su masa imponente y compacta, producía el aspecto mas hermoso y agradable.

Tras el último escalon, junto a las cadenas, la ambulancia habia levantado su gran carpa, con la bandera blanca y cruz roja, provista de los elementos correspondientes, carros, camillas, etc.

Poco a poco fueron llegando las personas que tenian invitacion del Estado Mayor o de la Municipalidad, para presenciar la parada y mucho ántes de las dos de la tarde la tribuna oficial y sus alrededores presentaba animado golpe de vista.

En el primer piso de la tribuna distinguidas personalidades de nuestro mundo político y social, con sus familias, ocuparon los asientos y formaron un grupo encantador realzado por la belleza de las damas y de sus lujosos atavíos de primavera.

En el segundo piso de encontraban los miembros del Honorable Cuerpo Diplomático, los de la Delegación arjentina, los jenerales don Fernando Lopetegui, don Florencio Baeza y don Vicente Palacios –que formaban el grupo principal junto con los jenerales Campos y Garmendia y el almirante Solier–, algunos jefes de alta graduación, y los miembros de la Municipalidad que, con los tres alcaldes, hacían los honores de la tribuna oficial. Tambien subieron algunas señores y los miembros de la comision de festejos a la delegacion arjentina.

Nuestros distinguidos huéspedes fueron invitados a la revista por una comisión municipal que los condujo hasta el Parque.

Eran las dos de la tarde y el paseo entero se veía invadido por bulliciosa muchedumbre. Era las avenidas, carruajes de todas clases, desde la elegante victoria hasta el popular para “bultos y pasajeros”, transitaban en animada confusión entre las nubes de jinetes y de peatones que circulaban en todas direcciones.

En las ventas colocadas al aire libre o bajo carpa, y en los bosquesillos y prados en donde algunas familias del pueblo instalaban su íntimo buffet campestre, llenos de alegría y en medio de los dicharachos graciosos de los endiciochados rotitos, de los gritos de los vendedores que pregonaban su mercancia, se oía el rasquear de la guitarra, el gracioso modular de la cueca y el destemplado son del organillo o del acordeón.

El Parque entero presentaba ese aspecto característico de la celebración de las fiestas patrias.

Las tribunas de la entrada de la elipse estaban llenas de concurrencia y junto a ellas y hasta debajo se estrechaba una compacta muchedumbre que, ávida de dominar el conjunto del campo de maniobras, con su movimientos ponía en apuros a los espectadores de las tribunas, pues removían la base de estas y los tenían en constante oscilación.

Minutos después de las dos de la tarde, el jeneral don Emilio Körner, que presentaba la revista, hizo tocar atención y se adelantaba a recibir a S. E. el Presidente de la República.

La comitiva oficial hizo su entrada en la siguiente forma:

Cuatro batidores de a caballo.

Coche de gala conduciendo al Excmo. señor Riesco y a los señores Ministros del Interior, de Justicia e Instrucción Pública y de Guerra y Marina.

Coche de gala en que iban los señores Ministros de Relaciones Esteriores, de Hacienda y de Industria y Obras Públicas y el señor intendente de Santiago donde Enrique Cousiño.

Coche de gala en que iban los edecanes de S. E. señores Valenzuela, Donoso, Aguirre, Sanhueza y Morandé Vicuña.

El jeneral Körner se puso al estribo del coche presidencial y S. E.  dio principio a la revista de las fuerzas. A su paso las bandas tocaban el himno nacional y las tropas presentaban armas.

Después de recorrer los tres escalones, en cada uno de los cuales el jefe respectivo acompañaba a S. E.  para presentar sus cuerpos, los coches de Gobierno, entrando por el sur, vinieron a colocarse en el lugar que se les tenia preparado frente a la tribuna oficial, siendo recibido S. E. en medio de entusiastas aclamaciones.

S. E. y comitiva permanecieron en sus coches, el jeneral Körner, después de dar las órdenes del caso, volvió al lado de su S. E., y se inició el desfile de honor de las tropas.

La espectativa era grande y mayor aun la afluencia de espectadores. Listos en sitios de preferencia los cinematógrafos comenzaron a funcionar y las máquinas fotográficas, de todas formas y condiciones, en manos de fotógrafos y aficionados que andaban en todo sentido, continuaron enfocando y reproduciendo toda clase de instantáneas.

Con los jefes de las diversas armas a la cabeza, los cuerpos hicieron el desfile de honor.

El jefe de escalon pasaba a colocarse junto al jeneral Körner, luego avanzaba la banda de músicos correspondiente, que tomaba colocación frente al espacio ocupado por los coches de Gobierno y luego se adelantaba la unidad respectiva con su comandante, el cual, después del saludo de estilo, presenciaba el desfile de su cuerpo junto a los jenerales.

La infantería en el órden en que estaba escalonada desfiló en columna de honor por cuartas; la artillería, al paso, por batería; y la caballería, al paso, por escuadrones.

Todos los desfiles fueron particularmente correctos y los distintos cuerpos mui aplaudidos, en especial por nuestros huéspedes, los distinguidos miembros de la delegación arjentina, que se mostraron altamente satisfechos y admirados de la pericia de los conscriptos, como se lo manifestaron al jeneral Körner y demás jefes, al felicitarlos después de la revista.

Durante la parada no hubo ningún accidente que lamentar, salvo la caída de a cabello de un oficial de infantería, que no tuvo ninguna consecuencia.

A las 4.35 minutos terminaba la revista y las tropas iban a tomar colocación para destilar hácia la Alameda.

S. E. y comitiva, con el jeneral Körner, sabieron a la tribuna de honor en donde se sirvió una copa de champagne y un pequeño lunch froid, ofrecido por la I. Municipalidad.

Se brindó por el feliz éxito de la revista y por la confraternidad chileno-arjentina.

A las cinco y media S. E. con su comitiva, seguido de cerca por los miembros de la delegación arjentina, abandonaban el Parque, en medio de las demostraciones entusiastas del pueblo y momentos mas tarde se iniciaba el desbande jeneral de paseantes.

S. E. y la comitiva se detuvo en la Alameda, en donde –frente a San Martin– desfilaron por última vez las tropas, que regresaron en seguida a sus cuarteles.

En la tribuna de honor

Entre el jeneral Lopetegui y el Excmo. señor Girard de Rialle, Ministro de Francia, al despedirse:

El jeneral.– ¿Qué le ha parecido la revista?

El Ministro.– Mui buena, jeneral. Estoi encantado, particularmente de los desfiles al galope de la artillería y caballería. Han estado admirables.

El jeneral.– Y estos son, señor, nuestros reclutas de tres meses . . .

El Ministro.– Oh!. . . – Y en su rostro se pintó la sorpresa mas viva y la admiración mas profunda.

Y no era para menos, porque los conscriptos de tres meses se habían colocado a la altura de aguerridos veteranos.

El Parque, a la caida de la noche, se vació poco a poco sin que se produjeran desórdenes ni nada lamentable.

En las tribunas del público hubo un pequeño accidente a causa de la aglomeración. Un trozo se vino al suelo, pero sin fatales consecuencias para nadie.

En la laguna dos aficionados al canotaje volcaron un bote y se dieron un zabullon. Los sacaron todos mojados y enlodados, pero vivos.

Lamentable

Tal pasó la tarde del 19 en el Parque Cousiño, sin que hubiera nada que censurar.

Sentimos no poder decir lo mismo de la salida de ese paseo por la calle del Dieciocho, en que se formó una gran aglomeración de coches, carretas, tropas, etc., hasta el punto de imposibilitar por completo todo tráfico y mantener detenidos por largo rato al considerable número de paseantes que regresaba del Parque.

Ojalá que desórdenes de esta especie, debidos  a la mala organización y que son mui desagradables, no se repitan.

 

– 

 

Nota: El texto ha sido transcrito respetando la ortografía que presenta el artículo original. 

 

Articulo publicado originalmente en
El Diario Ilustrado, Santiago, 22 de Setiembre, 1902, p.4.
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