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[Crónica] El Te Deum de ayer
Por El Diario Ilustrado
Publicado en El Diario Ilustrado, Santiago, 19 de Setiembre, 1902, p.1.

El Te Deum de ayer

Formación de las tropas

En conformidad con lo dispuesto por la superioridad militar, a las doce y media del día las tropas del ejército que están en Santiago se encontraban formadas en los alrededores de la plaza de la Independencia, al mando del jeneral de brigada don José Manuel Ortúzar.

En el pórtico de la Iglesia Metropolitana cubría guardia de honor la Escuela Militar, vestida con traje de parada y capote.

Por el costado poniente de la plaza y calles de Ahumada, Huérfanos, Bandera y Moneda, seguían escalonados la Escuela de Clases y los batallones Buin, Yungai y Pudeto, y la compañía de Injenieros “Santiago”.

El rejimiento de artillería “Tacna” formada en el costado sur de la plaza; en el costado norte el rejimiento de Artillería de Campaña, y al oriente el de Cazadores del Jeneral Baquedano.

Frente a la Moneda formaba el escuadrón Escolta, que debía acompañar los coches de Gobierno.

Camino de la Catedral

Minutos ántes de la una, S. E. el Presidente de la República, acompañado de los Ministros del despacho y de sus edecanes, salía del Palacio de la Moneda y se dirijía a la Iglesia Catedral para asistir al solemne Te Deum en acción de gracias por nuestra independencia.

Precedidos por batidores de a caballos, los coches de gala del Gobierno desfilaron en el siguiente órden:

Primer coche: ocupado por el Excmo. Señor Riesgo y por los Ministros del Interior, de Relaciones Exteriores y de Justicia e Instrucción Pública.

Segundo coche: ocupado por los Ministros de Hacienda, de Guerra y Marina y de Industria y Obras Públicas y por el edecan señor Valenzuela.

Tercer coche: ocupado por los edecanes señores Aguirre y Morandé Vicuña.

Seguidos del Escuadrón Escolta, los coches desfilaron por las calles de Moneda, Bandera, Huérfanos y Ahumada.

Al paso de la comitiva oficial las tropas presentaron armas y las bandas de músicos ejecutaban la canción nacional.

A pesar de el mal tiempo, las calles del trayecto que recorrieron los coches de Gobierno y la Plaza en los alrededores de la Catedral, estaban llenas de personas.

En la Catedral

La nave central del templo, como en todas las ceremonias oficiales, estaba destinada a los invitados y tenía, a ámbos lados, cuatro corridas de asientos.

En la parte delantera, debajo del coro, estaban los sillones de honor destinados a S. E. el Presidente de la República, presidentes de las cámaras legislativas y Ministros de Estado.

Desde ántes de la una comenzó a llegar la concurrencia y a tomar la colocación que le correspondía.

Atendían a la recepción, los subsecretarios de Relaciones Esteriores, de Guerra y de Marino y el oficial del Ministro de Relaciones Esteriores, don Ismael Pereira.

En la primera fila de sillones de la derecha tomaron asiento los miembros del Cuerpo Diplomático, señores:

Don José Arrieta, Ministro del Uruguai.

Don Julian Girard de Rialle, Ministro de Francia.

Don Julio P. da Costa Motta, Ministro del Brasil.

Don José de Llaberia, Ministro de España.

Don Sigfredo Castell de Rudenhausen, Ministro de Alemania.

Don Gerardo Lowther, Ministro de Gran Bretaña.

Don Miguel Abadia Mendez, Ministro de Colombia.

Don José Maria Gamboa, Ministro de Méjico.

Don Alejandro Cárdenas, Ministro del Ecuador.

Don Juan Cogorno, Ministro del Paraguai.

Don J. Bernard de Fauconval, Encargado de Negocios de Béljica.

Don Oreste Sabina, Encargado de Negocios de Italia.

Don Julio César Valdés, Encargado de Negocios de Bolivia.

Don Norman Hutchinson, Encargado de Negocios de Estados Unidos.

En segunda fila estaban los subsecretarios de Estado y secretarios y oficiales de las legaciones del Uruguai, Francia, Brasil, España, Colombia, Gran Bretaña, Méjico, Alemania, Ecuador y Estados Unidos.

Concurrían además a la ceremonia:

El Intendente de Santiago, don Enrique Cousiño; el primer alcalde don Carlos Rogers Palma; el jefe del Estado Mayor Jeneral don Emilio Körner; los ministros de la Corte Suprema, señores Gallardo, Palma, Guzman, Huidobro y Fernandez, y los señores: don Francisco Antonio Pinto, jeneral don Fernando Lopetegui, jeneral don Estanislao del Canto, don Manuel E. Ballesteros, don Eulojio Altamirano, don Fernando Errázuriz, don Juan Antonio Orrego, don Joaquin Pinto Concha, don Alberto Arteaga, don Eduardo Edwards, don Emilio Reyes Echáurren, don Alfredo Melosi, don Benjamin Vergara, don Carlos Walker Martínez, don Ismael Tocornal, don Roberto Meeks, don José Tocornal, don Efraín Vazquez Guarda, don Enrique Villegas, don Carlos Olivos, don Carlos Varas, don Enrique Vicuña, don Cornelio Saavedra, don Ricardo Matte Pérez, don Guillermo Porton, don Carlos Lira, don Luis Larrain Zuñartu, jeneral don Vicente Palacios, jeneral don José Ignacio López, coronel don Sofanor Parra, jeneral don Florencio Baeza, don Manuel A. Covarrubias, don Luis Covarrubias, don Juan José Latorre, don Ismael Valdés Valdés, don Santiago Aldunate Bascuñan, don Diego Sotomayor, don Antonio Valdés Cuevas, don Juan Antonio González, don Paulino Alfonso, don José Tadeo Sepúlveda, don Guillermo Pinto Agüero, don Luis Barros Borgoño y muchos otros cuyos nombres no alcanzamos a recordar.

También se encontraban presentes todos los jefes y oficiales francos de la guarnición de Santiago y de las oficinas militares.

En el presbiterio estaban los miembros del venerable Cabildo Eclesiástico, miembros del clero y de las órdenes relijiosas establecidas en la capital.

La llegada de S. E.

Precedido de la cruz alta, con el aparato y el ceremonial de costumbre, el cabildo se adelantó hasta el pórtico y recibió allí a S. E., a quien después de ofrecida el agua bendita acompañaron hasta el sitio que debía ocupar.

Los asientos quedaron dispuestos de la manera siguiente:

En el medio del Excmo. señor Riesco.

A su derecha: el presidente del Senado, don Fernando Lazcano, y los señores Ministros del Interior, de Justicia e Instrucción Pública y de Guerra y Marina.

A su izquierda: el presidente de la Cámara de Diputados, don Eduardo Videla, y los señores Ministros de Relaciones Esteriores, de Haciendo y de Industria y Obras Públicas.

Detrás estaban el capellán de Gobierno, presbítero don J. Agustín Moran C., los cuatro edecanes de S. E. y el inspector del Palacio de la Moneda.

Hecha esta distribución, hicieron su entrada el Excmo. señor Terry, Ministro de la República Arjentina, y los distinguidos miembros de la comisión arjentina jenerales Campos y Garmendia y almirante Solier. Fueron colocados junto a los jenerales de nuestro Ejército.

Acompañados de los señores Blancas y Terreno llegaron luego de los demás miembros de la comisión arjentina.

La Ceremonia

A la una y cuarto, el coro de cantores entonó el Te-Deum y la concurrencia se puso de pié.

Ofició en la ceremonia el prebendado don Miguel Rafael Prado. No hubo discurso.

A la una y media se daba por terminado el Te-Deum. El Venerable Cabildo bajó del presbiterio y se situó frente a S. E. el Presidente de la República, en el vestíbulo.

En seguida comenzó la despedida de la concurrencia, que fue saliendo en orden inverso al de su categoría.

Al final, entre los acordes de la Canción Nacional chilena, salió S. E. y los Ministros, que ocuparon los coches de Gobierno y volvieron a la Moneda en el mismo orden y forma que a la ida para la Catedral.

Llovía con calma, pero sin descanso, como desde una hora ántes.

S. E. y comitiva fueron aclamados por el pueblo en la plaza y calles del trayecto y a la llegada del Palacio de Gobierno.

En la Moneda

LA COMISIÓN ARJENTINA

Después de S. E. y de la comitiva oficial, llegaron a la Moneda las distinguidas personas que habían concurrido al Te Deum con el objeto de saludar a S. E. el Presidente de la República y de presenciar el desfile de las tropas.

Los visitantes fueron recibidos en los salones que dan a la plazuela, cuyos balcones fueron todos ocupados.

En uno de ellos, adornado con banderas chilena y arjentina tomaron colocación el Excmo. señor Riesco, el jeneral Campos y el jeneral Körner.

En otro balcón estaba el Excmo. señor Terry con el jeneral Garmendia y el almirante Solier, y el Ministro de Relaciones Esteriores.

La plazuela y los alrededores, en donde numerosa fuerza de policía abria calle, apesar de la fina lluvia que seguía cayendo, estaban llenos de espectadores.

En los balcones del Estado Mayor había numerosas familias.

El desfile

Después de la parada los cuerpos fueron a organizarse para el desfile en la calle de Amunátegui con el jeneral Ortúzar a la cabeza lo iniciaron a las 2 y 20 minutos de la tarde.

El jeneral Ortúzar con sus ayudantes se situó en un cuadro despejado de la plazuela, frente a S. E. el Presidente de la República.

Los cuerpos desfilaron en el siguiente orden y a paso de parada:

Escuela Militar, Escuela de Clases, Batallón Buin, Batallón Yungai, Batallón Pudeto, Compañía de Injenieros “Santiago”, Rejimiento de artillería de campaña, Rejimiento de cazadores del Jeneral Baquedano, Escuadrón Escolta.

El desfile fué brillante y algunos cuerpos fueron mui aplaudidos por su magnífica presentación.

A las tres veinte terminaba el desfile.

S. E. invitó a los miembros del cuerpo diplomático, de la delegación arjentina y demás personas a tomar una copa de Champagne.

La salida de la Moneda

A las tres y media de la tarde comenzó a retirarse de la Moneda la comitiva presidencial, compuesta de la Delegación arjentina, Cuerpo Diplomático, Ministros de Estado, Municipalidad de Santiago, Jenerales y jefes del Ejército, Senadores y Diputados y altos funciones judiciales y administrativos.

La enorme concurrencia que llenaba la plazuela, aplaudía a cada uno de los miembros de la Delegación arjentina y a los distintos ministros diplomáticos residentes, mui en especial al brasilero, mejicano y arjentino.

Después de todos, abandonó la Moneda S. E. el Presidente de la República acompañado de su familia.

La Delegación arjentina se dirijió con sus ayudantes a su alojamiento de la calle Catedral.

            –

 

Nota: El texto ha sido transcrito respetando la ortografía que presenta el artículo original.

Articulo publicado originalmente en
El Diario Ilustrado, Santiago, 19 de Setiembre, 1902, p.1.
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