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Voto y fusil, pero sin pueblo
Por Orlando Millas
Publicado en El Siglo, 11 de agosto de 1971.

Es asunto de los críticos especializados referirse a los múltiples aspectos artísticos que deben juzgarse en relación a una película. No obstante, cuando ella pretende entregar al público la dilucidación de cuáles son sus escenas tomadas de la realidad y cuáles las de ficción, cabe aún al espectador ígnaro decir algo respecto de ese problema, máxime si se intentado abordar como tema el problema político propiamente tal.

¿Realidad? Los trozos extraídos de noticiarios son, sin lugar a dudas, expresiones de la realidad y hasta la reflejan en forma fotográfica. En cuanto a la prostituta y su visión limitada de quienes son los comunistas, también hay en ello visos de una realidad. De la misma manera, no se puede discutir que los elementos de ultraizquierda a los que se dedica la película, con su opinión sobre los comunistas a cuestas, tienen una cabida en lo real. Hay, puede decirse, en Voto más fusil, un contenido realista del anticomunismo de la prostituta, del anticomunismo de los ultras y de sus nexos. Por otra parte, el realizador no se queda en ello e intenta, en busca de la objetividad, complementar su visión con el anticomunismo de los extremistas de Derecha, tanto momios como democratacristianos.

¿Ficción? Si de los comunistas quiso exponer sólo la visión de quienes nos odian, no cabría colocar en la mera ficción la caricatura odiosa trazada con encono. Aún más,  pudiera entonces celebrársela como un logro feliz. En cambio, si de alguna manera hubiese creído que esa caricatura tenía algo que ver con la realidad, sería licita alguna objeción…

En fin, el problema de la relación entre Voto más fusil y la realidad se plantea, sobre todo, en el conjunto de su enfoque. En cuanto al proceso social del Chile de hoy, es una película en lo fundamental irreal, referida a una imagen de exclusiva ficción o, a lo más, perteneciente a la esfera de lo onírico. Es posible que los ultraizquierdistas que la protagonizan sueñen con un desarrollo de los acontecimientos al estilo de lo expuesto en Voto más fusil; pero eso no basta para asignar a esos devaneos visos de realidad.

José Rodríguez Elizondo resumió el argumento de Voto más fusil en términos muy precisos: “Y más de un espectador de cine, en el Festival de Cannes, ha podido comprobar cómo el proceso chileno se ajusta a LO QUE DEBE SER UNA REVOLUCION DE CIERTA INTELECTUALIDAD FRANCESA. La película VOTO MAS FUSIL les ha mostrado un Chile revolucionario por la actitud valerosa de jóvenes ultraizquierdistas bellos y arrojados; masas que sólo se asoman a escuchar discursos; socialistas inexistentes; comunistas de utilería; una burguesía imbécil que se divide gratis y que complota junta… y un triunfo providencial que sirve para proyectar una imagen final, en CLOSE UP, del Presidente Allende”.

Lo menos que se puede verificar, eso sí, es que este argumento, aunque se apoyo en noticiarios y en trozos o figuras reales, permanece en sí mismo ajeno a la realidad y enteramente en el campo de la ficción.

Ya que Helvio Soto consulta al espectador sobre la realidad, es necesario recordar que en ella hubo y hay un protagonista, que no tuvo cabida en Voto más fusil y que se llama el pueblo de Chile. Cuando una película lo tome en cuenta, tendrá más ingredientes reales que ésta.

En fin, merece anotarse lo singular del hecho de que en algunos cines de Santiago se exhiba una supuesta versión de la Araucana, que parece tan mezquina en su dimensión intelectual al compararla con la obra y con la gesta en que se inspira, y en otros cines una presunta representación de los sucesos más recientes, que tampoco se coloca a la altura de ellos. Nadie discute los méritos de sus actores y su mayor o menor calidad estrictamente cinematográfica. Lo que algunos echamos de menos en una y otra es una mayor veracidad.

Articulo publicado originalmente en
El Siglo, 11 de agosto de 1971.
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