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“Julio comienza en julio” por María Romero
Por María Romero
Publicado en Wikén, El Mercurio, Santiago, 4 de mayo de 1979.
  • PREMIO CINEUC, JAMÁS DIO EL JURADO UNA RECOMPENSA con mayor complacencia. A impulsos de una madura y generosa vocación, cada uno de los participantes, sin distinción alguna, puso lo mejor de sí mismo ya no sólo para conseguir una buena película sino para demostrar que el cine chileno podía incluirse en la gran hermandad cinematográfica mundial.
  • De la respuesta del público puede depender en gran parte que nuestro cine siga robusteciéndose  y progresando. Su presencia logrará que la semilla se multiplique y no quede cual una aislada simiente que se agosta por falta de riego. Egoísta y ciego sería mantener el prejuicio de porque es chilena tiene que ser ineludiblemente mediocre. Hay que vencer todo resquemor e ir a ver “Julio comienza en julio” con fe y confianza.
  • No ocultamos que la película es cruda y que por su lenguaje y franqueza sexual puede herir alguna naturaleza sensible. Pero se debe tener presente que se trata de un capítulo vívido y que la realidad no se puede mistificar.
  • Bien por Silvio Caiozzi y por todos quienes trabajaron a su lado. 

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Los cuadros que cuelgan de los muros –retratos de linajudos antepasados- dan la mejor descripción del ambiente que reina en la casona que por tradición, ha pertenecido –y seguirá perteneciendo- a los García del Castaño. Junto con contemplar esos rostros severos, se escucha una respiración anhelante, cual si proviniera de las telas mismas.

En la abuela, doña Lucrecia García del Castaño, quien en una habitación vecina, jadea pesadamente, tratando de retener una vida que se aleja por culpa de un mal que la doblega y la castiga con intensos dolores

Un grupo de monjas revolotea en torno a la enferma.

En su cuarto, solo, Julito, el nieto, es presa también de una inquietud que lo acosa tanto dormido como despierto, el ardor propio del despertar sexual de la adolescencia.

Las primeras escenas anticipan la alta calidad de la película.

Levantándose de frías cenizas, “Julio comienza en julio” saca al celuloide nacional de una postración larga que ya parecía imposible de revivir. Lo hace en forma digna, que suele empinarse a la excelencia, gracias a un armónico conjunto de valores manejados por una dirección inteligente y profunda.

Al ser llamado a Cannes –incorporado a la Quincena de Realizadores-  después de una selección que escogió 30 películas entre 500- “Julio comienza en julio” se consagra como un filme que puede codearse con los mejores productos de esa vitrina internacional.

EPOCA SIGNIFICATIVA

El campo ha sido inspiración socorrida dentro del cine chileno. Docenas de producciones en el género se han hecho tanto cuando nuestro celuloide estaba en pañales como al alcanzar pujanza.

Sin embargo, jamás se espigó una época y una clase social como lo que aparece en “Julio comienza en julio”.

Ambientada en la segunda decena del siglo –momento rico en derivaciones de toda suerte- presenta a la alta burguesía campesina, no se queda únicamente ahí, por lo demás. El protagonista, don Julio García del Castaño especie de “gran señor y rajadiablos”, es el eje en el cual giran diferentes sectores sociales lo que permite al realizador hacer un estudio profundo de una señera época de la vida rural en nuestro país. Así vemos como desde su propio hijo hasta el más humilde peón dependían del rigor y capricho de un paternalismo propio del terrateniente que, siguiendo secular usanza, se sentía dueño de vidas y haciendas.

Don Julio no se consideraba un malvado ni tampoco su gente lo juzgaba así.

Era el patrón, simplemente.

Como tal exigía obediencia, sin que nadie se le ocurriera rebatirle ni menos se arrogara el derecho de pensar en otra forma. Las cosas se hacían como se ordenaban y nada más.

Don Julio tranquilizaba su conciencia –si es que le escocía pues jamás se le ve titubear por un escrúpulo-con cualquier gesto nimio de condescendencia que bastaba para mantener la adhesión de su gente.

Mientras robaba tierras de la iglesia con los más vulgares expedientes, regresa de un viaje con un montón de rosarios benditos que reparte entre la peonada. “Déjales creer que fui a Roma”, le dice en algún momento, sin jamás determinar el lugar donde estuvo. Lo que importa es dejar eufórica a la gente con la ilusión de que el patrón los recordó a la distancia, moviéndoles a la piedad.

Solía tener una palabra amable con el capataz, preguntándole por el nuevo vástago, a cambio de que el hombre le secundara ciegamente. Sus órdenes eran ley y, acatarlas, el precio de vivir en un pedazo de tierra y tener lo indispensable para subsistir.

PRECEPTO DE RIGOR 

Dentro de su esquema, don Julio seguía determinados ritos. Era rigor en su familia que un muchacho se convirtiera en hombre al cumplir los 15 años, tanto sexualmente como compartiendo algunas responsabilidades.

También sigue el procedimiento “normal” para tales casos. Dispone una gran fiesta en la que disfrutarán al máximo sus vividores amigos:

-No se te vaya a ocurrir traer a tu señora…-le advierte a Torres, su abogado, al formularle la invitación.

La atracción de la noche la dará la presencia de un grupo de prostitutas que viven y proceden de acuerdo al ambiente donde dispensan sus servicios en un pueblo cercano, primitivo y cerril.

De esa reunión, desbordante de alcohol y lascivia, se desgranarán los hechos que conforman el asunto de “Julio comienza en julio”.

Excelente cuadro de costumbres es el que exhibe el cumpleaños del heredero. Por la mañana, la peonada celebra al patroncito con los medios de que disponen para agasajar cariñosamente al niño que vieron crecer. Por la noche, son los maduros amigos y parientes quienes, en un festín de picante procacidad, ayudarán a que se cumpla el propósito de don Julio, mientras disfrutan de una juerga que satisface sus apetitos de viejos crápulas.

Julito conoce a María, la más joven meretriz del grupo y quien se lleva los mejores clientes.

Gracias a la destreza de la muchacha, el adolescente no sólo despierta  a la lujuria sino se encapricha con María hasta descuidar todo lo demás. Trata de deslumbrarla, de ganar sus favores en la forma más exclusiva y apetitosa posible para que responda a sus ansias de mancebo vital y ardoroso.

Aprovechando la ausencia del padre, Julito vive intensamente y hace dispendioso uso del dinero guardado en la caja de caudales cuya llave le confió don Julio antes de partir.

El sometido jovenzuelo de ayer va cobrando personalidad y dureza. Hasta se permite mantener cínico silencio frente a los requerimientos de papá quien trata en vano de traspasarle cierta autoridad.

Admirablemente bien trazada está la curva que experimenta la conducta del muchacho. Junto con gozar de la virilidad que le enseñaron, quiere ser digno heredero de la arbitrariedad paternal.

NOTABLE REALIZACIÓN

Como creador y artesano, Silvio Caiozzi muestra elevadas condiciones. No se limita sólo a la dirección, sino que abarca distintas tareas para conseguir el fruto que deseaba.

Con medios precarios hasta lo risible consigue un resultado propio de la opulencia en medios. Carece de grúa, pero domina las escenas desde lo alto con la mayor soltura. No tiene los equipos indicados para los “travelings”, pero los obtiene gracias a la maestría del director de fotografía. Es notable, para citar un solo ejemplo, la agilidad de imágenes que se logra, manejando una cámara en mano, cuando la juvenil pareja escapa de la fiesta, trepa por la escalera, y corre en busca de intimidad.

Silvio Caiozzi ha tenido la sagacidad de escoger a los mejores colaboradores posibles para que lo secunden. Música, actuación, ambientación, argumento, guión, vestuario,  además de la ya mencionada fotografía y otras especialidades largo de detallar, son del más alto y parejo nivel.

Imposible sería, desde luego señalar a cada uno de los actores. Basta citar a Ana González y José Manuel Salcedo para representar al notable grupo.

Encendidos por el fuego sagrado de su vocación cada uno de los que laboraron en la película entrega a Silvio Caiozzi lo mejor de sus condiciones para que el director logre el brillante resultado obtenido.

EN RESUMEN

Julio comienza en julio” es una excelente película, insistimos.

Eso entraña un motivo de orgullo y una responsabilidad.

Para que “Julio comienza en julio” no quede como una fulgurante pero desperdigada conquista, se necesita apoyo. El único estable y posible es aquel que pueda brindar una ley de protección al cine chileno.

La voz expresiva de las imágenes será la manera de mostrar al mundo cómo somos y cuán grande es nuestra riqueza interior.

Julio comienza en julio” dio el primer paso para incorporarse en la gran producción latinoamericana de la que estábamos excluidos.

Si seguimos avanzando, tendremos un sitial asegurado en el gran concierto cinematográfico mundial.

Quienes puedan ayudar, tienen la palabra…

JULIO COMIENZA EN JULIO. CHILENA. 1976-1978. Sepia. Dirección: Silvio Caiozzi. Productor ejecutivo: Alberto Celery. Dirección de fotografía y cámara: Nelson Fuentes. Música original y arreglos: Luis Advis. Guión: Gustavo Frías. Actuación, por orden alfabético: Elsa Alarcón (abuela), Jorge Álvarez (cura párroco), Luis Alarcón (tío Alberto), Magdalena Aguirre (monja principal), Rafael Benavente (prior franciscano), Schlomit Baytelman (María), José Cabello (Manolo).María Castiglione (Meche), Tenison Ferrada (tío Aurelio), Ana González (Teresa), Delfina Guzmán (viuda), Pedro Gaete (Memo), Alfonso Luco (Alfonso), Gloria Munchmayer (Josefina), Juan Cristóbal Mesa (Julito), María Elena Montero (esposa de Aurelio), Ana María Palma (esposa de Filiberto), Felipe Rabat (don Julio), Aquiles Sepúlveda (Segundo), Frits Stein (Filiberto), José Manuel salcedo (Maturana), Lucy salgado (Alicia), Marion Soto (señora), Víctor Sepúlveda (Raimundo), Vicente Santa María, Sergio Urrutia (borracho), Jaime Vadell (abogado Torres). PARA MAYORES DE 18 AÑOS.    

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Articulo publicado originalmente en
Wikén, El Mercurio, Santiago, 4 de mayo de 1979.
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