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“Las elecciones dan derecho al gobierno pero no al poder”
Por Eliana Cea
Publicado en Revista Punto Final, Santiago, nº 138, 14 de septiembre de 1971.

“Esta película está más a la izquierda que la Unidad Popular” aventuró una quinceañera, al abandonar el cine España donde se proyecta Voto Más Fusil, film chileno dirigido por Helvio Soto.

“Ya se me empezó a atacar por el lado que menos esperaba”, declaró Helvio Soto. El director sabía que la derecha sería implacable con su film. Está demasiado clara la intensidad de algunos personajes de nuestra vida política que trataron de impedir que Allende asumiera y que tuvieron participación importante en los sucesos que culminaron en el asesinato del general Scheneider.

Pero lo que no esperaba Helvio Soto era que un sector de la Unidad Popular calificara la película de “anticomunista”. Al Respecto expresa: “Simpatizo con el PC; no soy anticomunista”.

¿Qué es lo que molesta al PC del enfoque del director?

Posiblemente el conflicto que se plantea en una conversación entre dos viejos frapistas y un joven extremista. También los conceptos de una prostituta, que se queja: “los comunistas van a terminar con las putas. ¡La media cosa!... Imagínate si me voy a hacer comunista…”. Una poetisa amargada y pesimista que aparece en un fuerte diálogo con “Lentejitas”, joven comunista del periodo de González Videla, que vive en un bar subterráneo.

Helvio Soto defiende a sus personajes: “Son auténticos. Hemos reconstruido acontecimientos y también momentos que me correspondió vivir”.

“Le causará sorpresa saber que “Lentejitas”, por ejemplo, es Augusto Olivares. El era así cuando lo conocí en los billares”.

“La prostituta es sacada de la realidad. La poetisa es Estela Díaz Varín”.

Para el director, estos personajes son seres que se definen por la fuerza de la necesidad y no por seguir una determinada doctrina.

Mario, que interpreta Leonardo Perucci, es el propio Soto. Su esposa Paula se identifica con Patricia Guzmán, quien protagoniza a este personaje y que en la vida real está casada con el director. Hasta Julio Young, que representa a un conocido político de derecha, fue elegido exprofeso por tener características del personaje.

“A ese senador lo conocí cuando ambos estudiábamos en el Internado Barros Arana”, dice Soto.

“LO COPIE DE PF”

¿Pero qué piensa Helvio Soto de las críticas que en general se han hecho a su película? Críticas que incluso han comentado con acidez el título del film: “Voto más fusil”.

“Copié el título de una portada de la revista Punto Final. Y es una copia intencionada, porque comparto los fundamentos que sostuvo PF para llegar, a su vez, a la redacción de ese título”.

En respuesta a tres preguntas, Helvio Soto aclaró a sus críticos y analizó el porqué de su película.

-P.F.: En un artículo aparecido en el diario “El Siglo”, el diputado Orlando Millas señalo que “Voto más fusil” revela “anticomunismo de izquierda”, reflejado en los planteamientos de algunos personajes. Por otro lado, se dice en círculos artísticos y políticos que usted es militante o simpatizante comunista. ¿Cómo se pueden conjugar ambas apreciaciones?

H.S.: “No soy anticomunista y simpatizo con el PC. Y eso no significa necesariamente, ser simpatizante de lo que piensa Orlando Millas o del dogmatismo. Del dogmatismo y del idealismo. Pienso que él no vio ni oyó lo que la película presenta y dice. Y cuando uno no ve ni oye, ni piensa y, a pesar de eso opina, actúa y vive con cierta tranquila seguridad, es porque una fe lo sostiene. Esa es una parte del idealismo. Y como el idealismo se apoya en ciertos dogmas, es perfectamente natural oponer el modelo que se tiene para resolver, sin más inquietud, la dirección y calidad de una situación. A partir de allí los malos van al infierno y los buenos al paraíso. Aunque sea un escándalo, de me ocurre que hay que atreverse a sostener que la moral no existe de una vez por todas y que ella debe probarse en cada acto”.

“NECESIDAD”

“Es decir, se hace exigible objetivar la conciencia de ser revolucionario en actos que revelen la situación de ser revolucionario y, por eso, la sola condición de comunista no prueba más que una conciencia abierta al izquierdismo, pero no es una esencia de revolucionario. Y eso no es anticomunismo, simplemente es un elemental rechazo al idealismo. Pero si se cae en él, un film es visto con el modelo puesto en el cerebro y en los ojos. Y el modelo se desajusta cuando una prostituta dice que “si los comunistas van a acabar con las putas, yo no seré comunista”. Entonces, es una meretriz anticomunista. Para mí no es más que una forma en que un personaje expresa su estructura de la necesidad, frente a la cual cada uno se define, incluso un comunista. Los otros aspectos que discuten los personajes tampoco fueron analizados, sino condenados. Los que es distinto. Según eso, es anticomunismo reflexionar sobre la significación que tienen las luchas revolucionarias de Indochina, de Argelia y de Cuba. Nunca esos personajes –ni yo mismo– han dudado de la validez del método marxista. Lo que se dice es que hubo un tiempo en que a él se le dio la fuerza de una profecía y que para ciertos miembros de una generación les fue imposible advertir que eso era idealismo. Lo que ellos revelan es la situación de generaciones distintas. Los que hoy tenemos cuarenta años, en un tiempo organizamos “malones” sabatinos y colectas para reunir fondos y permitir que tres o cuatro compañeros marxistas pagaran su viaje a los Festivales de la Paz, en Europa, y se compraran pañuelos rojos y palomas de Picasso y “souvenirs” revolucionarios; mientras que en otra parte, en Cuba, concretamente, otros, que como nosotros tenían algo más de 20 años, andaban persiguiendo dinero para comprar armas y otros, también de nuestra edad, concretamente en Indochina, morían combatiendo todo eso que los marxistas queremos combatir. Es decir, lo que se discute no es la ideología, sino la praxis. Y no puede ser anticomunismo el pensar que no se resuelve al llamamiento de una profecía, sino que se decide cada día, a cada paso, en distintos lugares, frente a una multitud de personas diferentes y que de cada acto depende, a cada instante, la reafirmación de ser o no ser conciencia de revolucionario”.

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CASUALIDAD

-P.F.: ¿Qué opinión le merece la apreciación del crítico José Rodríguez Elizondo, que expresa: “Y más de un espectador de cine, en el Festival de Cannes, ha podido comprobar cómo el proceso chileno se ajusta a los que debe ser una revolución según las normas de cierta intelectualidad francesa. La película “Voto más fusil” les ha mostrado un Chile revolucionario por la actitud valerosa de jóvenes ultraizquierdistas bellos y arrojados; masas que sólo se asoman a escuchar discursos; socialistas inexistentes; comunistas de utilería; una burguesía imbécil que se divide gratis y que complota junta… y un triunfo providencial que sirve para proyectar una imagen final, en close-up, del Presidente Allende”?

H.S.: “No creo que pueda tomarse realmente en serio lo que podría ser una exposición teórica de Rodríguez Elizondo. En cuanto al párrafo de su artículo dedicado a mi película, pienso que es el resultado –al igual que en Millas– de la no identidad absoluta del film con el modelo que él tiene para interpretar la política, el arte o cualquier cosa. Y eso está bien o es normal en un militante disciplinado. Pero no es tolerable en un teórico con imaginación. En ninguna parte se dice que el triunfo de 1970 sea providencial. Lo único que un personaje dice es que es casual que el enemigo se divida en dos. La casualidad no es necesariamente inexplicable como categoría y él, como marxista debe saberlo; de modo que su admisión en el cuadro de la realidad no tiene por qué convertirle y convertirme en pecador. Y además tiene que entender que la afirmación “la historia hace a los hombres”, se aclara con otra: “en la medida en que los hombres hacen la historia”. Tal vez eso le recuerde la dialéctica. De lo contrario, la historia termina convirtiéndose en un monstruo omnipotente, es decir, se cae otra vez en el idealismo. El dilema lo tiene que resolver él. Pero si se acepta que la historia es una tarea humana, se le puede conducir a pensar que los enemigos también hacen la historia, lo que es muy importante, pues la harán cometiendo aciertos y errores, salvo que haya hombres también omnipotentes. Pero si admite que tampoco es posible sostener eso, se puede dar otro paso y tratar de pensar que la historia se hace entre hombres, encima de una realidad que es tejida por hombres y en la cual se revelan de muy compleja manera y desde donde se van creando nuevas situaciones, que son superadas por otras, determinando nuevas realidades que modificarán a esos hombres que, a su vez, volverán a reaccionar para superarlas con sus aciertos o errores. Además, si es teórico, debe comprender que, técnicamente, no es sutil la diferencia entre casual y providencial. El concepto casualidad, en este caso, es empleado por el personaje –cuando dice que el enemigo se dividió en dos para enfrentar la elección– como una aceptación implícita de un acondicionamiento dialéctico provocado en el enemigo por la acción de las fuerzas progresistas. Y si no lo comprende, no le queda más remedio que admitir como válido el simplismo con que el personaje comunista del film responde a esa afirmación”.

“NO SOY DOGMÁTICO”

“Tampoco la película dice que Chile es revolucionario por la actitud valerosa de jóvenes izquierdistas. El personaje ultraizquierdista dice “es cierto que sin el PC no hay revolución”. Respecto de esos jóvenes, ya he dicho que creo que la historia la hacen los hombres, unos hombres concretos que deben probar una situación de revolucionarios en cada acto y de cara a su libertad. Y digo que pienso que la situación de revolucionario es una tremenda decisión moral. Para mí, entonces, una buena parte de la gente de ultraizquierda representa la más alta expresión moral de la política chilena en los últimos años. Y como no me agrada ni la monserga hueca ni la bravuconada oportunista, hay que agregar que en mi situación personal no vacilo en definirme como alguien de izquierda, pero no sé si puedo afirmar la condición de revolucionario, puesto que la creo difícil y dura. Y eso no es ni anticomunismo, ni tiene olor a violetas. Creo que el coraje es bello y es cierto que el arrojo me produce admiración. Dicho en mi descargo, creo que es una manera de reconocer que es cierto que el marxismo es la más ancha puerta para el humanismo”.

“Finalmente, los compañeros comunistas tienen que entender que todo el film está destinado a demostrar que la burguesía no es imbécil y que la falta en él de sentido épico no enseña, obligadamente, un desprecio por las masas. Trato de no ser ni dogmático ni demagogo. Tengo confianza en que las masas deben ir hacia el progreso hasta hacerse conciencia colectiva de decisión de lucha. Pero, creo que el reconocimiento de la acción de líderes y de las organizaciones de masas de vanguardia y el reconocimiento de la importancia de la actitud moral de ellos –en una praxis revolucionaria– no implica un menosprecio del valor de ellas. Solamente no quiero idealizar ese valor. Si Rodríguez Elizondo sigue la escuela histórica de Pléjanov, no es mi culpa. Sólo así se puede ser capaz de explicar la historia francesa saltándose a Napoleón. Yo no me atrevo. Alguien y algunos deben abrir la conciencia popular y ser vigilantes de ella para que, juntos, se mantenga una conducta creadora, resuelta y acorde con el precepto del Manifiesto Comunista: las elecciones dan derecho a tener el gobierno, pero no el poder. Y eso dice el film”.

“ES CONTRA LA DERECHA”

-P.F.: También se ha dicho que “Voto más fusil” es una película provocadora que le entrega armas a la derecha. ¿Qué juicio le merece esa apreciación?

H.S.: “Eso es una barbaridad, para emplear un término fraterno. No sé cómo puede llegarse a semejante conclusión y cómo puede escribirse un artículo sobre “Voto más fusil” sin poner una sola línea de los que significa como actitud resuelta contra la derecha y sus aliados democratacristianos. De nuevo hay que pensar que se trata de las consecuencias de reaccionar sólo en nombre de un dogma. En Chile están ocurriendo cosas y, como suele suceder, la realidad es compleja y ambigua. El método dialéctico es, ciertamente, nuestra herramienta interpretativa. Pero es bueno reflexionar que no se trata de un sistema esclerótico, sino que la dialéctica es, ella misma, dialéctica. Y además recordar que es un método y no una ciencia, lo que es distinto. Un film es un hecho nuevo que se convierte en espectáculo cuando un espectador lo presencia. Es esa una situación dialéctica que exige de un trabajo dialéctico. Si mis compañeros críticos no olvidaran eso, una discusión sería generosa. Pero es inútil si en vez de interpretar se reacciona como computadora. O quizás ello se deba a un poco explicable desconfianza de los críticos de cine de “El Siglo” y “Puro Chile”  que, en estas últimas semanas, han decretado que el cine chileno no existe”. 

Articulo publicado originalmente en
Revista Punto Final, Santiago, nº 138, 14 de septiembre de 1971.
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