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Cuando el cine tiene algo que decir
Por Ercilla
Publicado en Revista Ercilla, 1 de febrero de 1961, p. 28.

Mi único merito –dijo Leopoldo Castedo– fue, apenas producido el terremoto, darme cuenta de que algo grave iba a pasar en Valdivia. Los dos meses que Castedo y su equipo trabajaron en el sur se tradujeron ahora en “La Respuesta”, película de 70 minutos y un costo de 14 millones de pesos. El estreno tendrá lugar en mayo, al cumplirse el primer aniversario del terremoto.

La primicia de “La Respuesta” la tuvo Argentina, al exhibirse fuera de concurso en el Festival de Mar del Plata. Al terminar la proyección, un espectador se acercó a Castedo.

–Señor, soy un obrero argentino y sé que mi opinión no vale gran cosa. Pero quiero decirle que pocas veces me he emocionado tanto. Con la película me dí cuenta que los chilenos son muy hombres.

Además de estímulos verbales, hubo otros más concretos: en principio es probable que la película se adquiera para su exhibición en Inglaterra (por TV), Italia, Hungría y Checoslovaquia. Castedo preguntó a los representantes de estos últimos dos países si la película les interesaba por los desniveles sociales que aparecían en ella.

No –le dijeron–. Creemos que gustará a nuestro público por el trabajo de equipo en la zona devastada en que intervinieron todas las capas sociales.

La película también se exhibirá en Argentina y en abril viajará a Estocolmo, donde se realizará un Festival de documentales sobre “los trabajos del hombre”.

SIN LIBRETO

Mientras Castedo y su equipo filmaban en el Sur no sabían si su película iba a tener como desenlace una gran catástrofe o una victoria del hombre contra las fuerzas de la naturaleza. Todo dependía del resultado de la batalla del Riñihue. Sergio Bravo del Centro de Cine Experimental y Castedo compartieron el peso de la fotografía, pero hubo periodos en que se trabajó simultáneamente en cinco lugares con cinco cámaras. Al dar forma a la versión definitiva, Castedo contó con el asesoramiento constante de los ingenieros, para que las dificultades y naturaleza de los trabajos quedasen expuestos con toda claridad. La música la compuso Gustavo Becerra. Fue auspiciada por la Universidad de Chile y financiada por la CORFO y el Departamento de Turismo.

Un 80 por ciento de “La Respuesta”, se filmó bajo una persistente y, a veces, torrencial lluvia.

La primera parte de la película muestra el impacto de la naturaleza sobre la obra del hombre. Una desoladora imagen de la destrucción de Valdivia por el terremoto se refleja en imagen tras imagen de la pantalla.

Hábiles intercalaciones de fotografías de la tranquila y hermosa ciudad que existía ahí antes de los sismos, crean acentuado contraste.

El próximo paso muestra la lucha del hombre por sobrevivir. La olla común, las vacunaciones, las primeras poblaciones de emergencia. La esperanza ya se asoma tímidamente cuando aparece una nueva amenaza, que constituirá el dramático nudo central de la película: el Riñihue.

La lucha contra el lago que pone en peligro la misma existencia de la vapuleada Valdivia se desarrolla en un doble plano: es un documental técnico, sobre una compleja obra de ingeniería y también un vital testimonio del espíritu chileno de lucha. La historia del Riñihue fue contada muchas veces el año pasado. Lo que el documental de Castedo añade a esos relatos, es un testimonio sobrio y a la vez elocuente de lo que significó en esfuerzo y sacrificio personal de los que trabajaron en ese lugar. Probó una vez más que la imagen es más fuerte que la palabra.

En la película tampoco faltaron algunos toques de humor:

–Una bomba de bencina está sumergida bajo las aguas. Sólo se asoma el disco que decora su parte superior. Ahí puede leerse: “Aire y agua gratis”.

–Un muchacho navega por las calles de Valdivia en una exótica embarcación fluvial improvisada con barriles. El nombre del extraño vehículo “La Riñimoto”.

La frase final de la película es una glosa de Alonso de Ercilla:

“Es relación sin corromper sacada de la verdad, cortada a su medida”.

A lo que Castedo añadió:

–Para mí, “La Respuesta” es una prueba de que el problema del cine sigue siendo el tener algo qué decir. Cuando eso sucede, se superan los problemas materiales.

Articulo publicado originalmente en
Revista Ercilla, 1 de febrero de 1961, p. 28.
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